Días atrás me sorprendió una carta de lectores en una de las revistas en las que soy habitual colaborador. Se trataba de una nota sobre “Comer en la Ruta”, pero en el desarrollo de lo propuesto sólo se encontraban referencias a restaurantes del conurbano, “camino al country” como bien lo definió el lector en cuestión. Convengamos que para los porteños muchas veces se hace difícil llegar a “comederos” (dicho esto no en forma despectiva sino simpática) que sólo conocen los lugareños. La clave es preguntar, siempre. Mi profesión (periodista agropecuario) me ha ayudado en tal sentido. Uno de esos restaurantes de campo enclavados a la vera de la ruta (en este caso la Autopista a Mar del Plata) es Ama Gozua, nombre con reminiscencias vascas (significa “mamá dulce”) pero que ofrece únicamente platos campestres. El plan es salir de Buenos Aires a eso de las 9 de la mañana, para llegar poco después del mediodía al kilómetro 274 de la Ruta 2, tomarse una hora para el almuerzo y seguir camino a la costa.
El plato de la casa son los lomitos de cerdo con papas fritas y huevo frito a caballo (que pueden ser dos si el hígado aguanta). A veces, algunos clientes reemplazan los lomitos por chorizo o morcilla (embutidos que también pueden comprarse para llevar a casa). La otra especialidad son los ravioles caseros. Yo empezaría con media porción y seguiría luego con el resto. Hasta el pan tiene sabor distinto, como siempre se dice: “debe ser por el agua”. Y para el final, el flan también caserísimo es inevitable. La carta de vinos nos parece muy acotada, tal vez haría falta aumentar la propuesta con etiquetas de mayor calidad. Pero pregunte, porque por ahí se lleva una botellita en el baúl del auto y le permiten el descorche.
Una comida completa, pago taca taca sí o sí, no costará mucho por cabeza. Una bicoca. Si tomó mucho, se hace una siestita debajo de un árbol y listo. Vale la pena (la comida y también el descanso posterior).
Visitamos un restaurante en el que conviven especialidades mediterráneas españolas e italianas, exuberantes y ricas. Tampoco faltan algunos platos argentos como empanadas, milanesas y ojo de bife. Amano te da una mano, porque te fuiste pipón y no te dolió el bolsillo.
ORNO Cantina incorporó recientemente a la chef Cons Cerezo, y ofrece una modernización de su menú con una propuesta que mantiene su espíritu ítalo-porteño. A ello, se suma una coctelería de primer nivel, tanto abajo como en CIMA en la planta alta.
En una esquina de Palermo, un obrador iluminado y las brasas encendidas cambiaron nuestra forma de entender la pasta. Carmen construye su identidad alrededor del kamado, y lleva ese fuego a toda la carta. No entra en ninguna categoría conocida y eso, lejos de ser un problema, es exactamente lo que la hace imposible de ignorar.