Visitamos un restaurante en el que conviven especialidades mediterráneas españolas e italianas, exuberantes y ricas. Tampoco faltan algunos platos argentos como empanadas, milanesas y ojo de bife. Amano te da una mano, porque te fuiste pipón y no te dolió el bolsillo.
Amano - Peña 2287 Recoleta (2 horas de estacionamiento sin cargo en Peña 2366). Teléfono: 011 4570 8232. Horarios: todos los días de 12:00 a 00:30. Precio: $$$. Reservas: amanoristorante.meitre.com - Instagram: @somosamano -
Identificar a un restaurante como especializado en "Cocina Mediterránea", a veces suele traer confusión. Porque ese mar tiene 3.800 kilómetros de largo y abarca nada menos que a 21 países, de tres continentes distintos.
Va de suyo que en las márgenes del Mediterráneo la gastronomía es muy variada, según se trate de la parte occidental europea, la africana o la de Medio Oriente. Cuando se habla de "dieta mediterránea", en cambio, solemos pensar en España e Italia, principalmente, tal vez por una cuestión de afinidad con nuestro país, un poco menos con los productos de Grecia quizá o de otras naciones como Francia o Portugal.
En Amano, el restaurante ubicado en Recoleta, justo enfrente de Roux, definen a su propuesta como "Cocina Mediterránea hecha a mano". Al leer los platos de la carta, encontraremos que se trata de la parte occidental y europea del mar que canta Serrat.
Es así que hay protagonismo de entradas que abrevan en la península ibérica, lo mismo que principales con muchas pastas hechas "a mano" por el lado italiano, y algunas licencias porteñas como el ojo de bife, las empanadas y las milanesas. Una síntesis de la carta de Amano, sería entonces: "todo lo que nos gusta comer a la mayoría de los argentinos, en un solo lugar".
Para desarrollar un concepto como éste, adquiere un papel preponderante la calidad de la materia prima. Y es bueno saber de antemano, por tanto que utilizan tomate y ajo de Finca Isis, por lo que para allá fuimos en compañía de Oscar y Adriana, hacedores de estos productos de alta calidad.
Todo comienza por la panera artesanal, incluida en el valor del cubierto junto a un trago de bienvenida: Kumquat Tonic, más limoncello al final.
Como entradas se eligieron los chipirones a la plancha (tiernísimos), con cebolla, jalapeño, alioli de ajos negros y mix de verdes, y la burrata "de otoño" que se acompaña con remolachas asadas, crema ídem, rúcula, cebolla encurtida, pistachos tostados, polen, vinagreta de limón y miel multifloral.
En este rubro, hay también pan tumaca con jamón serrano Duroc Gran Reserva; buñuelos de kale y espinaca; tortilla de papas; huevos rotos; gambas al ajillo; morrones al fuego vivo, y la degustación de empanadas.
Las pastas están "hechas a mano con masa madre, puro semolín y yemas de huevo", según reza la carta. Se dividen en "corta", "rellena", "larga" y "sin TACC". Resultó difícil la elección, pero optamos por clásicos spaghetti carbonara, con guanciale dorado, salsa cremosa de huevo y queso pecorino estacionado y un toque de pimienta negra. Clásico y contundente.
También llegaron a la mesa gnocchi de papa con salsa de tomate y albahaca, stracciatella cremosa y chistorra asada con su crocante; y el salmón blanco sellado con mix de semillas y reducción cítrica con aceite de sésamo (en su adecuado punto de cocción).
Nos quedaron otras opciones para probar en una próxima visita, como los cavatelli con salsa de azafrán, pesto de pistachos y semillas de calabaza; mezzaluna de masa de remolacha; sorrentinos de mariscos; tortellini de tres quesos, etcétera.
Dentro de los principales, llamó la atención el pollo al vermouth (a la plancha con reducción de vermouth, uvas, tomates confitados y almendras tostadas); y el pulpo a la gallega con papas y pimentón español.
Si bien llegó a la mesa un flan con dulce de leche y crema para nuestros acompañantes, en lo personal nos quedó pendiente probar el sabayón doble, es decir helado de sabayón bañado en sabayón casero tibio. También hay crema catalana, y tríada mayor de chocolates.
Un párrafo aparte para la carta de vinos, que incluye no solo clásicos, sino que también sorprende con etiquetas poco y nada usuales. Por caso, optamos por un Barbera de la Bodega Stella Crinita, del Valle deUco. Agua Villavicencio, nada de filtrada que afortunadamente pareciera que está pasando de moda.
Una grata experiencia porque nos encanta la cocina italiana y también la española, que en Amano es sabrosa y exuberante, con el plus de una muy buena relación precio calidad.
ORNO Cantina incorporó recientemente a la chef Cons Cerezo, y ofrece una modernización de su menú con una propuesta que mantiene su espíritu ítalo-porteño. A ello, se suma una coctelería de primer nivel, tanto abajo como en CIMA en la planta alta.
En una esquina de Palermo, un obrador iluminado y las brasas encendidas cambiaron nuestra forma de entender la pasta. Carmen construye su identidad alrededor del kamado, y lleva ese fuego a toda la carta. No entra en ninguna categoría conocida y eso, lejos de ser un problema, es exactamente lo que la hace imposible de ignorar.
Lo que más nos gusta es descubrir restaurantes que te sorprendan por su propuesta sui generis, que no sean más de lo mismo, burdas copias, lugares comunes. La antítesis de todo esto es Porte Bar, una creación del chef Facundo Berti y el bartender Ezequiel Cunzolo, quienes encontrar en Porte Bar la manera de hacer lo que les gusta ejecutándolo con precisión y originalidad. Platos tan sencillos como ricos, una exuberante carta de quesos artesanales y la coctelería del Tano Cantinero, nos llevaron por el camino de lo diferente que sorprende.