La llegada de GAO a Recoleta confirma que la hospitalidad de Karina Gao, respaldada por una cocina de herencia fidedigna, es el verdadero motor de sus proyectos. Una crónica sobre la apertura de un espacio donde la identidad cultural y la calidad gastronómica se unieron, en una noche de celebración y rituales de prosperidad.
Un lunes de lluvia a las 7 de la tarde, suele ser la antítesis de un evento exitoso. Sin embargo, sobre la calle Presidente Roberto M. Ortiz, la atmósfera dictaba lo contrario.
Resultó grato confirmar que el clima no fue adversidad, para que la apertura de la segunda sede de GAO generara una convocatoria tan genuina. Para nosotros, esto trasciende el éxito de un plan de negocios; habla de la capacidad su anfitriona. Cuando se posee la facultad de generar conexiones reales, la concurrencia fluye de forma orgánica, y esa fue la primera sensación que se percibió al llegar.
El lugar se presenta con una estética cuidada al extremo, diseñada de manera lúdica y sofisticada. Es un ambiente de cultura china contemporánea, que logra ser acogedor sin caer en clichés. Al estar ambientado específicamente para recibir invitados en una noche de inauguración -fuera del ritmo y la dinámica del servicio convencional-, tuvimos el privilegio de observar detalles del salón que suelen pasar inadvertidos en el día a día.
El diseño está ahí para ser visto, pero la pausa que impone un evento de este tipo nos permitió apreciar una puesta en escena que se percibe como una extensión de la identidad de su creadora; una sintonía total entre su visión y este nuevo hogar proyectado para albergar a más personas a través de su historia.
La anfitriona estuvo en la puerta recibiendo a cada uno de sus invitados, uno por uno, con esa entrega que la caracteriza. Se la vio saludar, tomarse fotos y compartir con todos, siempre atenta a que cada persona se sintiera bienvenida.
Esa hospitalidad y ese calor humano se trasladaron naturalmente al local; no se sentía como una presentación vacía o meramente visual, sino como una reunión cercana, algo muy entre amigos que representa la calidez de su cultura. Cabe mencionar que esta noche, significó para nosotros un descubrimiento personal de su cocina.
Avanzada la velada, entre risas y brindis, comenzó el desfile de bandejas. Probamos tantas preparaciones que sería difícil enumerarlas todas sin desmerecer la experiencia, ya que para quienes han crecido con los sabores del chifa, encontrar estos registros es una alegría inmediata.
La propuesta de GAO es amigable al paladar y reconforta tanto a chicos como a grandes; es de ese tipo de cocina que simplemente se sabe que va a gustar. Desde el cerdo con dulce y picante hasta los baos de panceta y las gyozas, todo lo que salió de ese sector fue excepcional.
Queda pendiente una nota dedicada exclusivamente a profundizar en su técnica, pero hoy la jornada ameritaba quedarse con esta celebración.
Uno de los momentos más memorables fue la Danza de los Leones. El sonido rítmico de los tambores, anunció la entrada de dos figuras coloridas que recorrieron el salón.
Este ritual (wushi), es un acto de purificación para ahuyentar malas energías y atraer la prosperidad (fú). Verlos danzar entre las mesas invita a pensar en cómo, más allá de las culturas, existe la coincidencia en el deseo de compartir ritos que llaman a los buenos augurios cuando emprendemos en algo nuevo y siempre en compañía de buenas energías y afectos. Fue un momento lleno de algarabía y festejo contagioso, muy lindo.
Hacia el final, la propuesta dulce también circuló en formato de pequeños bocados, manteniendo el nivel de todo lo anterior. La pavlova fue una revelación, resuelta en una versión miniatura con un cremoso de lychee y chocolate blanco que se sentía liviano y delicado.
También pasaron unos cremosos de chocolate amargo, densos y con el equilibrio justo de amargor. Para quienes profesan el fanatismo por el matcha, el favorito indiscutido fue el tiramisú verde: un bocado que cierra cualquier celebración de la mejor manera.
Antes de la partida, resultó imposible ignorar los encantadores gatitos decorativos que custodiaban las galletitas de la fortuna; un gesto lúdico que terminó siendo nuestro tema de conversación camino a casa.
La noche concluyó con la promesa de regresar para disfrutar de la carta con tiempo, y dejarnos llevar por la magia que sale de esa cocina. GAO Recoleta ya abrió sus puertas, y creemos que todos deberían permitirse la oportunidad de vivir esa hospitalidad en primera persona.
GAO Recoleta - Dirección: Roberto M. Ortiz 1815 CABA. Teléfono: 011 6265 3336. Horarios: lunes a viernes de 12:00 a 15:30 y de 19:00 a 23:30; sábados de 12:00 a 16:30 y de 19:00 a 00:00; domingos de 12:00 a 16:30 y de 19:00 a 23:30. IG: @gaoresto
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