"El pasto es para las vacas", decía el gran Guillermo Vilas, a propósito de su poca predisposición para jugar en las canchas de Wimbledon. Trasladado esto a la gastronomía, se trata de una verdad a medias. En Casa Pasto, la nueva parrilla de Palermo Soho, las carnes -provenientes de animales alimentados con pasturas- combinan a la perfección con los vegetales orgánicos que le compran a un productor de Rawson, provincia de Buenos Aires. Una manera muy efectiva de presentar otro modelo de parrilla, creación del chef Nacho Bravo.
La segunda cuestión es que aquí les dan gran importancia a los acompañamientos, vegetales orgánicos de estación que le compran a Finca Tres Raíces, de producción orgánica en un campo de la localidad de Rawson, provincia de Buenos Aires.
La idea y desarrollo es de Nacho Bravo, profesional que acredita experiencia en parrillas y catering de asados. El local está emplazado en una casona antigua remodelada, donde antes funcionaba una cafetería.
El salón cuenta con capacidad para 25 comensales y está equipado con mesas y sillas de madera guayubira. Tiene cocina a la vista, una barra con espacio para tres comensales y entrepiso. Además, el lugar dispone de un deck techado sobre la vereda, con capacidad para otros 10 cubiertos.
Lo primera que llega a la mesa es el pan de masa madre, que le compran a @levando.pan, la empresa de Gaby Kogan.
Luego, a modo de entrada, la carta ofrece achuras y embutidos, como un chorizo 100 % de cerdo, morcilla y mollejas, estas últimas cortadas en finas lonjas y que llegan a la mesa con una crema de choclo, y limón para quien desee agregarles.
A continuación, se ofrecen cuatro cortes clásicos de carne: bife de chorizo, ojo de bife, entraña y asado banderita. Pedimos este último, que salió bien jugoso como se había solicitado. Un aplauso para la asadora, Gianna Spadaro porque, al margen de la conducción de Nacho, el servicio en el almuerzo dominguero estuvo a cargo de tres mujeres, tanto Florencia Beati, quien nos atendió muy eficazmente como el área de coctelería, otro fuerte del lugar responsabilidad de la bartender Ailen Alvarez.
Probamos, a modo de entrada, las remolachas, y también las zanahorias con pesto. La ensalada de kale y rúcula -habitualmente también lleva rabanitos-, además de un platazo de tomates con gusto a tomate, en sus variedades Reliquia y cherrys rojos y amarillos. Aunque a veces le esquives a las ensaladas, es tal la calidad del producto que no se puede menos que probar de todo. La carta se completa con papas fritas, que esta vez no estaban disponibles.
En el caso de los postres, en este caso el único del día, se encontraba el flan que, en su receta definitiva, lleva como agregado leche condensada. Puede salir con dulce de leche para los más golosos. Otras opciones que suelen estar en la carta, son el arroz con leche y una opción de quesos artesanales con dulces de elaboración propia.
Los vinos son exclusivos de la Bodega Catena Zapata, pero también resaltamos que bien vale la pena comenzar y/o terminar la comida con algunas de las creaciones de Ailen. Por ejemplo, "Banana Scotch" (J&B, cacao, nuez y óleo de banana); "Eva" (tequila, jugo de manzana, canela, miel, jengibre y soda), "El Viejo" (bourbon, ron dorado, canela, vainilla y perfume de nuez) y "Tintorela Sour" (vino tinto, ron blanco, ciruela, vainilla, limón y syrup simple).
Asimismo, hay mocktalils para los que tienen que manejar, como "Té para 3" (a base de té rojo, hibiscus, pimienta rosa, coco y soda).
Casa Pasto es una parrilla sui generis que no solo cumple sobradamente con las expectativas sino que, además, presenta una excelente relación precio calidad, tanto en platos como bebidas. Y, como abre solo sábados y domingos, esto explica el título de esta nota: "El asadito de los fines de semana".
En el mismo lugar, funciona otros días de la semana el omakase Nakuri Urinaki, que tiene la particularidad de incluir solo carne vacuna en las preparaciones. Pero ésta es otra historia que les contaremos oportunamente.
Si buscás calidad y muy buenos precios, Casa Pasto es una fija.
El mito que nació el 24 de marzo de 1935 en Medellín, con la absurda muerte del Zorzal Criollo, dice que "Gardel cada día canta mejor". A la cortada que lleva el nombre del cantante más popular de nuestro país, llegó un peruano que "cada día cocina mejor". Raúl Zorrilla Porta, de solo 35 años, se ha convertido no solo en referente de la culinaria peruana en Buenos Aires, sino también en una "máquina de crear". Llegó a estas tierras de muy joven para estudiar Comercio Exterior, pero una casualidad lo llevó a dedicarse a su gran pasión: la cocina. Aquí su historia. Y la vuelta de Kamay al barrio que lo vio nacer.
Conocemos a Fernanda Tabares desde hace muchos años. Con intermitencias, hemos asistido a la vieja casona del barrio de Saavedra, donde desarrolla una cocina que ahonda en la infancia, en la cocina casera, en la emoción del recuerdo de lo que nos hacían nuestras abuelas y madres, por qué no también abuelos y padres. Raíces no es un bodegón más, es "el bodegón", donde conviven los platos que ya no son tan habituales o que la chef ha reinterpretado. A continuación, van nuestro comentario y también el de Carla, que pertenece a otra generación como periodista acreditando, además, su identidad peruana. Dos versiones para un mismo lugar.
Casi dos años más tarde, volvimos a Somos Asado. No es una parrilla tradicional ni lo quiere ser: sí un restaurante de carnes con las propias interpretaciones de Gustavo Portela. Por otra parte, la estructura edilicia permitió armar distintos espacios dentro de lo que fuera en su momento una fábrica de camisas del abuelo de Verónica Krichmar, maître del restaurante y esposa del chef.