Hace justo tres años, el 11 de octubre de 2018, Michel Bras pasó por Buenos Aires y cocinó junto a sus discípulos argentinos en Don Julio. Con Leandro Caffarena participamos de esta cena memorable, que para mí fue la primera experiencia con el mejor chef de todos, el que nunca estuvo en los 50 Best y que, a través de su hijo Sébastian, renunció a las estrellas de la Guía Michelin.
Era un evento único e irrepetible. Difícil tarea entonces, conseguir reserva. Gracias a Guido Tassi, quien conoce nuestro fanatismo por Michel Bras y su cocina, logramos junto a Leandro Caffarena que nos concedieran un lugar en la mesa.
Como evaluación de esa noche mágica, Fondo de Olla (c) publicó una nota firmada por ambos, en la que cada uno dejó sentada su propia experiencia.
Una, la de alguien que tuvo la fortuna de comer en L' Aguiole, como es el caso de Leandro. La otra, de quien nunca había tenido la oportunidad de probar los platos del maestro francés, autodidacta genial, en lo que fue un hecho extraordinario, porque Michel ya no está al frente de su restaurante en el departamento Aveyron.
Para uno en particular, fue la mejor experiencia gastronómica de mi vida. La cena fue a beneficio y el cubierto, que por aquel entonces era bastante elevado, se pagó con el mayor placer y alegría de todo el extenso peregrinaje que hemos recorrido por restaurantes de distintos lugares del mundo.
Para recordarlo acá les dejamos el link de la nota en cuestión.
L'Atelier Bistro es un proyecto que surgió en 2004 gracias a la visión conjunta de los chefs Verónica Morello y Charly Forbes. Con formación culinaria tanto local como internacional, la pareja decidió dar vida a un entonces modesto bistró francés. Hoy, son referentes de la cocina francesa en la Zona Norte, tanto inicialmente en La Lucila, como hoy en Martínez. Aquí un adelanto de lo que nuevo del 2026.
A partir del 10 de abril reabre O-Satori, el omakase ubicado en el Nivel 23 del Marriott Buenos Aires Downtown. Se trata de un exclusivo espacio, donde la gastronomía japonesa se combina con una de las vistas más imponentes de la ciudad, junto a la piscina del hotel.
Mucho más que una competencia de sushimen, lo que pasó en La Rural fue el termómetro de una pasión que transformó el Salón Ocre en un microclima de precisión y cultura oriental. Crónica de una jornada de adrenalina y técnica, que proyecta su sombra hacia el Pacífico.