Sencillamente milagroso. En esta época de crisis de la gastronomía (una más y van...), gratifica comprobar que un restaurante ubicado en una zona poco frecuentada como la "isla" de La Paternal, que solo abre al mediodía y cuya chef está alejada de toda ortodoxia, pueda estar a salón lleno todos los días. MN Santa Inés es una rara avis que fue ganando fama y propaganda de boca en boca, por su propuesta sui generis y una excelente relación precio calidad.
MN Santa Inés - Dirección: Ávalos 360 La Paternal. Teléfono: reservas solo fines de semana y feriados al 15 5848 6888. Precio: $$$. Horarios: martes a domingos desde las 12:30 (noche cerrado todos los días). IG: @mnsantaines
A priori, pareciera tenerlas todas en contra. Comenzando por el lugar, que está en una zona "marginal" desde el punto de vista gastronómico; porque solo abre al mediodía, y porque su cocina es tan atractiva como desafiante conceptualmente.
Sin embargo, el nombre de MN Santa Inés, que funciona en lo que fuera una vieja panadería barrial, se hizo conocido a tal punto que llena todos los días de la semana (solo no abren los lunes).
Si esto no es un milagro, ¿los milagros dónde están? Todo por obra y gracia de una tal Jazmín Marturet, o "Jazu" para sus amigos y conocidos, que ha creado una cocina muy difícil de encasillar, que cambia el menú cuando la chef tiene ganas, y que abreva en diferentes culturas culinarias, como lo es ahora la asiática. Eso sí, siempre alejada de las ortodoxias y las convenciones.
MN son las siglas de "Mercado Negro", un emprendimiento anterior de la chef. Y Santa Inés, porque así se llamaba la panadería abandonada que Jazmín transformó en un lugar de culto en base a esfuerzo y trabajo.
La chef no quiso cambiarle el nombre, como si fuera un barco, porque los marineros dicen que eso trae mala suerte. Y así quedó, nomás.
Al llegar, observamos algunas mesas en la vereda, un salón que imaginamos como el lugar de venta original de la panadería, otro sector más amplio donde al fondo se observa el horno de ladrillos en desuso, y más atrás aún el patio que linda con una habitación donde Pablo, el padre de Jazmín, artista plástico, desarrolla sus trabajos y que apuntala el funcionamiento del restaurante.
Y ahí al fondo, es donde los comensales más asiduos gustan terminar la comida, tomarse un café o simplemente pasar el rato. Con algo de suerte, si pasó la hora del estrés dentro de la cocina, hasta tendrás la suerte de sentarte un rato con Jazmín, como nos ocurrió el viernes pasado a Julián de Dios y a mí.
Elegimos inicialmente, para comenzar, dos opciones: una de ellas era el "plato del día": dos generosos rolls vietnamitas rellenos de langostinos para comer con las manos, envueltos en una hoja de lechuga capuchina. El otro, keppe crudo (de forma redonda, como un steak tartar), con pan de arvejas, tomate, verdeo, cebolla, aceite de uva y verdes. Una combinación efectiva de Asia lejana y Medio Oriente.
Imposible resistirse al "Khao Soi Gai", un curry amarillo del norte de Tailandia con pata muslo de pollo, fideos y pickles. Sabemos que en MN Santa Inés el picor nunca está ausente, lo vas a encontrar donde haga falta. Y le personalidad al plato.
Mientras que el "Pad Gra Pao", es cerdo salteado con chiles, ajos y albahaca, que sale con arroz blanco y huevo frito. Otra "bomba" que no regaló la chef y que sacó en dos medias porciones, cada una con su correspondiente huevo frito, con la yema de color amarillo furioso.
También está el "Wing Chun" con fideos de arroz y pickes; pollo salteado con chiles, brócoli, especias y maní, más repollo fermentado. En total, son diez opciones más un plato de quesos y dulces para anteceder al postre, a saber, la pavlova, el key lime pie, y el flan de maní con banana.
Están también la chapa de berenjenas; el falafel; la sopa indonesia de pescado y wonton de cerdo fritos, y el curry de garbanzos con arroz basmati; para completar un menú asiático de alta intensidad.
La franja etaria del público que asiste a MN Santa Inés es tan heterogénea, como variopinta. Eso sí, el que va a comer lo de "Jazu" Marturet se hace fanático. Quizás en ello esté la explicación de ese verdadero milagro gastronómico. Vayan y lo podrán comprobar sin términos medios.
El restaurante del Faena Hotel, comandado por el chef Emiliano Yulita, está verdaderamente "súper". El Mercado exhibe un menú que interpreta cabalmente la gastronomía argentina inspirada en el espíritu del bodegón porteño, pero llevándolo a una propuesta de altísimo nivel. Cocina, ambiente, servicio y producto van de la mano, para hacernos vivir una experiencia notable.
Una inmersión en la cantina que mejor traduce el espíritu del Chinatown neoyorquino, en Buenos Aires. Entre vajilla tradicional y recetas que son pilares de la cocina china-americana, recorremos una experiencia donde el diseño y el sabor conviven en un equilibrio poco común.
Y volvimos después de seis meses. Dicen que segundas partes no son buenas, pero evidentemente éste no es el caso. Que lo que sorprende la primera vez, rara vez se repite (tampoco ocurrió en esta nueva visita a Bravado). Lo que cambió es que fuimos de noche. Por otra parte, la cocina de Mariano Szatma Szotan volvió a sorprendernos, pese a que no hubo grandes cambios en el menú (nos dijo el chef que pronto habrá varias novedades). Ciertamente, Bravado nos parece una grata revelación el año pasado, que se proyecta en el tiempo con un gran crecimiento.