El consumo de vino sigue en caída libre, pero nadie parece darse cuenta de que la sofisticación y la manera en le han complicado la vida al consumidor medio, es parte importante del problema. En los últimos días, no pudimos menos que coincidir con el colega mendocino Federico Lancia, quien publicó una nota en MDZ titulada "descorchar un vino sin miedo: la dictadura del experto que nadie pidió".
"Descorchar una botella no debería requerir un posgrado. Basta de etiquetas imposibles, tecnicismos varios y narices soberbias: el vino es para beberlo", dice Federico Lancia. Y cuánta razón tiene.
Mucho disfrutamos del chat de Marcelo Sola, donde también suelen expresarse figuras reconocidas por no tener pelos en la lengua, por ejemplo, el gran enólogo Don Ángel Mendoza, el colega Diego Bigongiari, el impredecible Juan Prota, y varios más.
Allí, en ese foro, se opina desde la ciencia y no desde el esoterismo; desde lo razonable y no desde el palabrerío vacuo. Basta de solemnidad, y de charlatanería. Como dice Fede Lancia, "el vino no es una ciencia exacta, es un momento".
Y agrega en la nota publicada en MDZ, que "ir a una bodega o entrar a una vinoteca hoy puede ser intimidante. Te bombardean con datos sobre la maloláctica, el paso por barrica de roble francés de segundo uso, o si el suelo tiene más caliche que el vecino".
"Y está bien, la parte técnica existe y es fascinante para quien la busca. Pero cuando esa información se vuelve una barrera de entrada para el tipo que solo quiere un tinto para acompañar el asado de domingo, estamos haciendo las cosas mal", afirma nuestro colega.
Que tiene la verdad en su boca, al decir que "si necesitás saber qué significa tanino para poder disfrutar de un Malbec, entonces el vinoperdió la batalla", afirma. Y la está perdiendo, decimos nosotros.
La irrupción masiva de sommeliers, hay que decirlo, ha servido en buena medida para llevar conocimientos a los consumidores. Lamentablemente, muchos se la creyeron considerándose tan expertos como para discutirle a un enólogo, o creerse que son más sabios que los que recorren todas las mañanas el viñedo y elaboran vinos de elevada calidad.
Ubicarse, señores. No debe haber experto donde no se los pide. Sabemos leer; así que no hace falta que nos reciten lo que dice la contraetiqueta. No recomienden si el cliente no lo solicita. Y no lo hagan difícil de entender, porque el consumidor pedirá una cerveza porque es más barata y no le resulta incomprensible.
Como decía el recordado Ricardo Santos, "el vino te gusta o no te gusta". Lo demás es pura cháchara.
El 23 y 24 de abril, el Marriott Buenos Aires Downtown será sede de una nueva edición del evento que reúne a los Malbec de "impacto positivo": vinos orgánicos y sustentables. Más de 15 bodegas y 60 vinos para degustar y descubrir el crecimiento del vino orgánico en la Argentina.
Desde la Patagonia, una de las regiones más australes del mundo, el Malbec encuentra una expresión propia: más fresco, equilibrado y elegante. Tres etiquetas de Bodega Del Fin Del Mundo, pionera en la región de San Patricio del Chañar, para descubrir su identidad.
La iniciativa alcanza 35 espacios gastronómicos y más de 40 vinotecas en todo el país, con beneficios exclusivos para consumidores durante el mes de abril.