Identidad sin fisuras

Onigiri y Sando Bar en Mitingu

Lunes, 4 de mayo de 2026

Ni moda pasajera, ni fusión forzada: Mitingu es street food bajo sus propios códigos. Con una cocina abierta que apuesta a la transparencia y una pastelería al mismo nivel que su cafetería de especialidad, la propuesta se consolida como un proyecto integral de tres miradas: estética, entorno y producto. Un equilibrio real, que ya definió su propia frecuencia en la escena gastronómica actual.

Mitingu - Dirección: Lidoro Quinteros 1490, Núñez (Barrio River). Teléfono: 54 11 6042 1755. Mail: administracion@mitinguba.com - Horarios: todos los días de 11:00 a 20:00; delivery y take away de 20:00 a 23:30. IG: @mitingu.ba

Un viernes de otoño, apenas pasadas las 12:30, nos asomamos a Mitingu con la idea de encontrar el salón vacío para capturar esas fotos que siempre buscamos. Pero el éxito del lugar nos ganó de mano: nos encontramos con una ola jovial de gente -muchos chicos, desde adolescentes hasta veinteañeros-, habitando el espacio de una forma tan casual y cotidiana que nos dejó sin palabras.

En la entrada del Barrio River, en esa franja gris entre Belgrano y Núñez, rodeado de colegios, universidades como la Di Tella y la cercanía con las nuevas oficinas de Avenida del Libertador, el local ya se siente como el punto de encuentro natural del barrio.

Llegar temprano nos permitió encontrarnos con Axel Meunier, parte del tridente creativo junto a la artista Martina Quesada y el chef Segundo Farrell. El proyecto, de raíz familiar, se gestó con un llamado desde Francia: Farrell (cuñado de Meunier) vio el formato en París y supo que era por ahí.

Tras validar la dinámica en viaje, la decisión de replicarlo en Buenos Aires fue inmediata. Pero antes de los permisos o el desarrollo gastronómico, la coordenada ya estaba resuelta. Familiarizado con ese circuito desde siempre, Meunier no buscó un local al azar; puso la bandera en su barrio, el único lugar donde imaginaba abrir algo propio. Entre los tres, bajaron esa tendencia global a la calle, logrando un ambiente minimalista que hoy es el pulso joven de la zona.

A puertas de cumplir su primer año, Mitingu ya consolidó su nombre como el primer onigiri y sando bar de Buenos Aires Lejos de ser una moda pasajera, lo que proponen es un street food honesto y accesible, donde el diseño del local invita a sentarse y pasar un buen rato, pero con una dinámica ágil.

Como el público que los rodea tiene horarios de descanso muy variados, apostaron por estar abiertos desde la mañana hasta la noche. Eso los obligó a que la propuesta de cafetería y pastelería no fuera un "relleno", sino que estuviera al mismo nivel de lo que sale de su cocina: un café de especialidad de lujo y una pastelería realmente bien hecha.

Todo lo que se sirve, tiene una ejecución que se explica al conocer el oficio de Farrell. Con un dominio del producto que viene de su formación en Patagonia Sur y la precisión que curtió en su trayectoria,el chef logra que estas piezas de mano sean, sencillamente, irresistibles.

Los onigiris, esas cápsulas de arroz envueltas en alga nori, son el corazón de la carta. Probamos el "Masu" (de trucha curada por 24 horas), liviano y con ese punto justo salado que pide el arroz, y el "Yaki Kimchi", un onigiri a la plancha relleno de kimchi y queso fundido.

Al morderlo, el sabor se expande; es jugoso, reconfortante y el queso logra equilibrar la intensidad de la fermentación del kimchi. Mención aparte para el alga: un verde vibrante, fresca y con un crujiente que se nota al primer contacto.

En cuanto a los sandos, el uso del shokupan (un pan de leche japonés hecho en casa) es un acierto total. Es una nube que permite comer un sándwich contundente sin que el pan se sienta pesado.

El de "Pastrami", es una lección de equilibrio: a pesar de la cantidad de ingredientes, cada uno cumple su función y se siente presente al morderlo. Por otro lado, el "Katsu Sando" (pollo frito empanizado) fue una revelación personal. Normalmente evitamos estos sándwiches con rebozados por la dureza de la corteza, pero aquí la técnica del panko y la extrema ternura del pollo, contenidas en ese pan suavecito, lo hacen amable al paladar.

Acompañamos con bebidas que funcionan como un contraste pensado: "Soda Matcha" (amargo, burbujeante y con el dulzor exacto) e "Iced Hibiscus" fueron el contrapunto refrescante necesario para la intensidad de los sandos.

El lugar funciona con una rotación alta, pero el servicio nunca pierde la sonrisa. La cocina es abierta, lo que transmite una transparencia absoluta: ves al equipo produciendo en el momento. Un detalle que apreciamos fue el minimalismo del salón; no hay comida exhibida ni mostradores cargados. Todo sale fresco de la cocina, dejando el espacio limpio para disfrutar del café y la música.

Para el final, nos inclinamos por el "Financier de Yuzu", una explosión cítrica muy potente, y "Banana Bread" donde el toffee potenciaba el sabor real de la fruta. Cerramos con un Espresso Tonic y un Lungo, disfrutando de ese rato de más que nos quedamos simplemente porque la vibra del lugar invita a estirar la sobremesa.

Nos fuimos con fotos muy lindas, pero sobre todo con esa satisfacción de haber conocido una propuesta que funciona de verdad. Más allá de nuestro trabajo de recorrer cocinas, nos moviliza encontrar lugares a los que les va muy bien; es una alegría genuina que se siente en el aire.

Poder conectar con las personas, entender el esfuerzo y la historia detrás de este proyecto, termina siendo una retroalimentación necesaria en nuestro propio camino. Agradecemos a Mitingu por el espacio y por la calidez de ese viernes. Fue, simplemente, un gran plan.

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