Lo que más nos molesta en los restaurantesMartes, 20 de enero de 2026Disfrutamos mucho, como periodistas, pero sobre todo como aficionados a la buena mesa, el hecho de comer afuera. Descubrir lugares, conocer las propuestas de nuevos chefs, asombrarnos con las nuevas ideas. Pero también hay cosas que molestan y mucho. Si bien todo es subjetivo, queremos pasar revista por 11 cosas que nos molestan (y nos sacan de las casillas) en un restaurante. Cuando publicamos esta nota en septiembre de 2023 eran 10 cosas, pero hoy debemos agregar otra, y es la que más desagrado nos causa: el agua filtrada Aqa, Local o como se llame, que encima te la cobran como si proviniera de un manantial de los Alpes suizos.
1 El agua filtrada, encima con costos elevados, ha pasado a ser nuestra peor pesadilla en los restaurantes. En Fondo de Olla ©, tratamos el tema en septiembre de 2023: https://www.fondodeolla.com/nota/18904-agua-si-aqa-no/. Pero hoy la cosa se puso mucho más insufrible, si hasta los restaurantes de alta cocina te la enchufan (puede que no te la cobren, y que tengan otras opciones). Nos pasó hace poco que en una parrilla tenían la opción de S. Pellegrino, pero a 21.000 la botella. Imposible pagar eso. Lo que en EE.UU. y Canadá, por ejemplo, te sirven gratis ni bien te sentás a la mesa, acá te lo cobran como 4.000 ó 5.000 pesos la botellita. Y si te gusta el agua con gas, olvídate. Los de Aqa y Local te dicen que es "finamente gasificada", aunque en realidad es con algunas pocas burbujas. Y ni hablar de la parte de sanidad, nunca tenés la seguridad de que esas botellas fueron limpiadas como corresponde. Si seguimos así, vamos a tener que llevar nuestra propia agua en botella de vidrio o de plástico, pero cerrada, y pagar el descorche.
2 Algo que ha pasado a ser recurrente. A cada rato, viene el mozo y te pregunta: "¿Cómo estuvo todo? ¿Les gustó?". Está claro que, si el plato quedó vacío, es una buena señal. Aparte, molesta que te pregunten como para quedar bien y no se dan cuenta de que son pesados e insufribles. Los dueños y/o chefs de restaurantes deberían dar instrucciones a los camareros de que no hagan más esto.
3 Música estridente que no te deja escuchar lo que dicen tus compañeros de mesa. Ni hablar si estás en una cita romántica. Para colmo de males, la música a veces está mal elegida. No se trata de lo que les gusta a los dueños, sino que hay que pensar antes que nada en los clientes y si estás en un restaurante italiano no poner jazz o un pasodoble. En tren de resultar muy rompe bolas, uno prefiere que no haya música, o que al menos acompañe muy suavemente. Les recomendamos releer esta nota publicada en Fondo de Olla © y que también se relaciona con el punto 4: https://www.fondodeolla.com/nota/17487-menos-musica-y-mas-luz/
4 Poca luz. Puede parecer romántico, hasta si podés toquetearte con tu pareja porque la luz es tan tenue que nadie te va a ver. Pero tampoco sabés qué estás comiendo. No se trata de restaurantes "a ciegas", que hay un par, donde comés totalmente a oscuras. Estamos hablando de lugares donde la estética del plato está muy cuidada y forma parte de un total, dentro de la calidad de lo que se ofrece a los comensales. Pero no ves nada y tenés que comer a tientas. Y uno siempre quiere ver lo que come. Porque para eso está el sentido de la vista, que es tan importante como el gusto.
5 ¿Qué van a tomar? Una pregunta recurrente de algunos mozos, que apenas te sentaste a la mesa ya te preguntan por la bebida, cuando aún ni siquiera leíste la carta. Al menos, que pregunten solamente si querés agua. Pero cómo vas a elegir un vino, si no sabés si vas a comer pescado, carne roja o un sánguche de mortadela.
6 Entrás al restaurante y mirás para todos lados esperando que te pregunten si tenés reserva, dónde preferís sentarte o cuántos comensales van a ser. Y lo que ves son empleados boludeando, algunos escribiendo mensajitos con el celular y vos ahí, juntando orina como en el consultorio del médico.
7 Sommeliers que te recitan la contraetiqueta del vino que vos mismo pediste, que te hablan media hora del enólogo, de la finca, de la cepa y de los aromas incluido el de montura de caballo transpirada. Peor aún es cuando pretenden que tomes lo que a ellos les parece o les conviene.
8 Este punto que también nos molesta no tiene que ver con los dueños, chefs y empleados del restaurante, sino con tus ocasionales compañeros de mesa. Te toca un "asquerosito" al que nada le gusta, que quiere la carne más cocida, se queja porque la pasta está al dente o porque nada le atrae de una carta con 200 opciones. Y encima algunos no tienen mejor idea de que el chef les cambie algunos ingredientes, guarniciones, etcétera. Cuando en la carta dice que la carne va a salir en el punto que elige el chef, no hay nada que discutir (pedí otra cosa).
9 Entrás a las 21.00 / 21.30 a un restaurante, está vacío o semivacío, decís que no tenés reserva y te dicen que no hay lugar, que está todo reservado. Convengamos que no toda la gente va a comer tardísimo, algo que aquí sucede pero que, en Europa, por ejemplo, es impensado. Inentendible, porque así van al cierre inevitable.
10 Camareros confianzudos y maleducados, vaya si los hay. Todos sabemos que hoy es muy difícil conseguir personal idóneo. Y esto también sucede con el servicio en los restaurantes. No es cuestión de edad, por supuesto. Pero es más común encontrarnos con camareros jóvenes y sin experiencia, vestidos desprolijamente, cancheritos, con mala onda (algunos viejitos también la tienen, sin dudas), que te arruinan la mejor comida por su pésima atención. Te hace falta sal o agua, por caso, y te quedás haciendo señas como el "Penado 14" en el tango de Agustín Magaldi.
11 No hay reservas hasta el año 2030. Sabemos que son lugares muy concurridos. Pero la verdad es que hay que estar muy al pedo, para reservar para el 25 de noviembre abril de 2026, cuando no sabés dónde vas a estar la semana que viene en este país de locos. Lo curioso es que hay gente que va sin reserva a las 20:00 y son capaces de esperar hasta las 22.30 sentados a la barra o parados en la vereda, para ver si se ganan la lotería y consiguen una mesa.
Disfrutamos mucho, como periodistas, pero sobre todo como aficionados a la buena mesa, el hecho de comer afuera. Descubrir lugares, conocer las propuestas de nuevos chefs, asombrarnos con las nuevas ideas. Pero también hay cosas que molestan y mucho. Si bien todo es subjetivo, queremos pasar revista por 11 cosas que nos molestan (y nos sacan de las casillas) en un restaurante. Cuando publicamos esta nota en septiembre de 2023 eran 10 cosas, pero hoy debemos agregar otra, y es la que más desagrado nos causa: el agua filtrada Aqa, Local o como se llame, que encima te la cobran como si proviniera de un manantial de los Alpes suizos.
1 El agua filtrada, encima con costos elevados, ha pasado a ser nuestra peor pesadilla en los restaurantes. En Fondo de Olla ©, tratamos el tema en septiembre de 2023: https://www.fondodeolla.com/nota/18904-agua-si-aqa-no/. Pero hoy la cosa se puso mucho más insufrible, si hasta los restaurantes de alta cocina te la enchufan (puede que no te la cobren, y que tengan otras opciones). Nos pasó hace poco que en una parrilla tenían la opción de S. Pellegrino, pero a 21.000 la botella. Imposible pagar eso. Lo que en EE.UU. y Canadá, por ejemplo, te sirven gratis ni bien te sentás a la mesa, acá te lo cobran como 4.000 ó 5.000 pesos la botellita. Y si te gusta el agua con gas, olvídate. Los de Aqa y Local te dicen que es "finamente gasificada", aunque en realidad es con algunas pocas burbujas. Y ni hablar de la parte de sanidad, nunca tenés la seguridad de que esas botellas fueron limpiadas como corresponde. Si seguimos así, vamos a tener que llevar nuestra propia agua en botella de vidrio o de plástico, pero cerrada, y pagar el descorche.
2 Algo que ha pasado a ser recurrente. A cada rato, viene el mozo y te pregunta: "¿Cómo estuvo todo? ¿Les gustó?". Está claro que, si el plato quedó vacío, es una buena señal. Aparte, molesta que te pregunten como para quedar bien y no se dan cuenta de que son pesados e insufribles. Los dueños y/o chefs de restaurantes deberían dar instrucciones a los camareros de que no hagan más esto.
3 Música estridente que no te deja escuchar lo que dicen tus compañeros de mesa. Ni hablar si estás en una cita romántica. Para colmo de males, la música a veces está mal elegida. No se trata de lo que les gusta a los dueños, sino que hay que pensar antes que nada en los clientes y si estás en un restaurante italiano no poner jazz o un pasodoble. En tren de resultar muy rompe bolas, uno prefiere que no haya música, o que al menos acompañe muy suavemente. Les recomendamos releer esta nota publicada en Fondo de Olla © y que también se relaciona con el punto 4: https://www.fondodeolla.com/nota/17487-menos-musica-y-mas-luz/
4 Poca luz. Puede parecer romántico, hasta si podés toquetearte con tu pareja porque la luz es tan tenue que nadie te va a ver. Pero tampoco sabés qué estás comiendo. No se trata de restaurantes "a ciegas", que hay un par, donde comés totalmente a oscuras. Estamos hablando de lugares donde la estética del plato está muy cuidada y forma parte de un total, dentro de la calidad de lo que se ofrece a los comensales. Pero no ves nada y tenés que comer a tientas. Y uno siempre quiere ver lo que come. Porque para eso está el sentido de la vista, que es tan importante como el gusto.
5 ¿Qué van a tomar? Una pregunta recurrente de algunos mozos, que apenas te sentaste a la mesa ya te preguntan por la bebida, cuando aún ni siquiera leíste la carta. Al menos, que pregunten solamente si querés agua. Pero cómo vas a elegir un vino, si no sabés si vas a comer pescado, carne roja o un sánguche de mortadela.
6 Entrás al restaurante y mirás para todos lados esperando que te pregunten si tenés reserva, dónde preferís sentarte o cuántos comensales van a ser. Y lo que ves son empleados boludeando, algunos escribiendo mensajitos con el celular y vos ahí, juntando orina como en el consultorio del médico.
7 Sommeliers que te recitan la contraetiqueta del vino que vos mismo pediste, que te hablan media hora del enólogo, de la finca, de la cepa y de los aromas incluido el de montura de caballo transpirada. Peor aún es cuando pretenden que tomes lo que a ellos les parece o les conviene.
8 Este punto que también nos molesta no tiene que ver con los dueños, chefs y empleados del restaurante, sino con tus ocasionales compañeros de mesa. Te toca un "asquerosito" al que nada le gusta, que quiere la carne más cocida, se queja porque la pasta está al dente o porque nada le atrae de una carta con 200 opciones. Y encima algunos no tienen mejor idea de que el chef les cambie algunos ingredientes, guarniciones, etcétera. Cuando en la carta dice que la carne va a salir en el punto que elige el chef, no hay nada que discutir (pedí otra cosa).
9 Entrás a las 21.00 / 21.30 a un restaurante, está vacío o semivacío, decís que no tenés reserva y te dicen que no hay lugar, que está todo reservado. Convengamos que no toda la gente va a comer tardísimo, algo que aquí sucede pero que, en Europa, por ejemplo, es impensado. Inentendible, porque así van al cierre inevitable.
10 Camareros confianzudos y maleducados, vaya si los hay. Todos sabemos que hoy es muy difícil conseguir personal idóneo. Y esto también sucede con el servicio en los restaurantes. No es cuestión de edad, por supuesto. Pero es más común encontrarnos con camareros jóvenes y sin experiencia, vestidos desprolijamente, cancheritos, con mala onda (algunos viejitos también la tienen, sin dudas), que te arruinan la mejor comida por su pésima atención. Te hace falta sal o agua, por caso, y te quedás haciendo señas como el "Penado 14" en el tango de Agustín Magaldi.
11 No hay reservas hasta el año 2030. Sabemos que son lugares muy concurridos. Pero la verdad es que hay que estar muy al pedo, para reservar para el 25 de noviembre abril de 2026, cuando no sabés dónde vas a estar la semana que viene en este país de locos. Lo curioso es que hay gente que va sin reserva a las 20:00 y son capaces de esperar hasta las 22.30 sentados a la barra o parados en la vereda, para ver si se ganan la lotería y consiguen una mesa.


