Editorial

Menos música y más luz

Martes, 30 de noviembre de 2021

Uno va a un restaurante a comer, a ver los platos porque la comida también entra por los ojos, a conversar con amigos, a disfrutar una noche romántica con tu pareja. Pero no, te ponen la música a todo volumen y te apagan las luces. Salvo algunos lugares puntuales como Bagatelle, donde el estilo es ése y la gente va a buscar algo más que muy buenos platos, abogamos por una restauración con menos música (y, de haberla, que sea solo para acompañar) y más luz, para ver lo que comemos.

Si quiero comer muy bien y escuchar música, en el marco de una luz que se va atenuando con el paso de las horas, ver a las chicas bailando, a los mozos subidos sobre los hombros de un compañero, o a los comensales arriba de las mesas, el lugar es Bagatelle. Pero allí nadie te vende gato por liebre, sabés a lo que vas y la pasás bien, pero de otro modo.

Si quiero un lugar bullicioso, con mucha o poca luz, voy a una cervecería-hamburguesería. Total, la cerveza no es vino, no pasa nada si no la ves (y de paso no importa tampoco porque la beben del pico de la botella. Y, además, salvo honrosas excepciones, la comida es mala, a veces deplorable.

Si quiero ir a un lugar a comer y no quiero que me vean ni tampoco ver yo lo que pasa alrededor, voy al Teatro Ciego o a otro lugar llamado A Ciegas Gourmet.

Teatro y cena, a ciegas. Pero ya sabés a qué vas.

Pero si vas a pagar una suma considerable por un cubierto, con ganas de charlar, de pasar un grato momento en familia o tener una noche romántica en pareja, por favor saquen la música (o déjenla de fondo, solo para acompañar) y eleven la visión porque esa moda escucha poco y ver casi nada, es una verdadera desgracia para la gastronomía.

Ocurre a menudo que uno, que muchas veces aparte de concurrir a un restaurante como cliente desea no perderse ningún detalle para una futura nota, tiene que pedir por favor que atenúen la música. Con la luz no hay nada que hacerle, sería como pedir que bajen el aire acondicionado y otros clientes tienen frío.

Directamente no te dan bola. Y también pasa que les pedís que la música de fondo no te deja escuchar, pero se hacen los tontos y hay que repetir el pedido varias veces.

Aramburu, un foco sobre la mesa para que ver lo que comés. 

La verdad es que resulta incomprensible que, en algunos restaurantes de alto nivel, desprecien el trabajo dela cocina no dejándote ver con claridad la parte visual de esas obras de arte efímeras que son los platos. Y encima si querés comentar con tus compañeros de mesa la experiencia que estás viviendo, solo escuches la mitad de lo que dicen.

Si algo bueno dejó la pandemia, entre tantas desgracias, es que las mesas salieron a la vereda. Y, por ende, allí en general la música llega atenuada. Pero, porque siempre hay un "pero", la luz no es de lo mejor (nos pasó hace poco en la terraza de un restaurante recién inaugurado). Adentro, por ahí ves con más claridad, pero el ruido es ensordecedor. Porque hay un tipo de música que directamente es ruido.

Hay, en todo caso, algunos lugares donde le han buscado la vuelta a la cosa. Por ejemplo, en Aramburu, donde la luz es tenue, pero hay un foco que pega en forma directa sobre la mesa, si hasta podés sacar fotos de los platos sin poner el flash.

Bagatelle, donde la música es parte del show.   

En otros, en cambio, es imposible escuchar y ver. Justo recordaba aquella frase de Miguel Brascó, cuando decía que muchos iban a comer a un restaurante determinado para "ver y ser visto". Hoy, con la moda del ruido y la semioscuridad, eso sería imposible.

Y, en materia de sonido ambiental, para colmo de males, ya bastante tenemos con el batifondo que producen las voces de los comensales porque no hay buena sonorización en los salones.

Por lo tanto, desde Fondo de Olla © les pedimos a los restaurateurs que se apiaden de nosotros. Seremos antiguos y pasados de moda, pero queremos silencio y luz. La comida es lo más importante y, si vamos a un restaurante, es para probar una gastronomía de alto nivel, pero también a pasar un momento grato, a charlar con nuestros ocasionales compañeros de mesa y a ver lo que comemos.

Nota de El Comidista, de El País sobre este tema: https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2012/01/31/articulo/1327989600_132798.html 



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