La casa es histórica, restaurada adecuadamente para albergar a un restaurante sui generis, tanto en su concepción edilicia como en la propuesta de cocina. Los precios son sorprendentemente accesibles, lo que hace que la relación precio calidad sea muy destacada. Y, por ende, la respuesta del público se hace notar. Habíamos ido para la marcha blanca, pero ahora volvimos para probar otros platos y repetir los que más nos habían gustado.
Muyé - Dirección: Ayacucho 1563, Recoleta. Teléfono: 15 3688 7669. Precio: $$$. Horarios: todos los días desde 12:00 a 00:00. IG: @somosmuye
Es cocina y café, funciona de corrido desde el mediodía, y su propuesta de cocina llama la atención por lo simple, pero a la vez por resultar tentadora y diferente. Y esto último también va de la mano con la excelente relación precio calidad.
No siempre nos extendemos en la cuestión edilicia y la ambientación de los restaurantes. Pero en este caso, vale la pena hacerlo. Se trata de una casa histórica centenaria, que perteneció al sobrino del expresidente CarlosPellegrini.
La restauración, pensada especialmente para esta apertura, logró actualizar el sitio sin perder su esencia. El aforo es de unos 40 cubiertos en el salón y otros tantos en su jardín interno, un oasis urbano rodeado de plantas y flores, calefaccionado para los meses más fríos pero que será muy demandado seguramente a partir de la próxima primavera.
Uno ingresa al local y se encuentra con la cocina a la vista sobre la derecha, con mesas ubicadas en ese mismo sector y, hacia la izquierda, un espacio con otras dos mesas en lo que sería una abertura. Son los vericuetos de una propiedad con numerosos espacios, ya que también entre este salón y la puerta de acceso al jardín, se instalaron más posiciones.
Muyè es el nuevo proyecto gastronómico de Marcelo Böer, junto a FernandoBertuol y otros socios. Entre ellos, Sebastián Barchetta, que aporta su experiencia en la parte operativa.
Gírgolas a la plancha.
El origen del nombre del restaurante, que se le ocurrió al mismo Marcelo, pertenece al idioma bantú, hablado en algunas regiones de África, y que significa "mujer". Sus gestores dicen que la elección no es casual: "es un homenaje a la fuerza, la creación, la sensibilidad y el sostén que históricamente han encarnado las mujeres y que también están presentes en la cocina, en el cuidado por los detalles y en el espíritu del lugar".
Y la verdad es que, si luego de estas consideraciones la cocina no fuera responsabilidad de una mujer, sería medio contradictorio. La carta fue diseñada por la chef Ayelén Jaquenod.
Por otra parte, la propuesta abarca propuestas para cada momento del día, como los huevos turcos con yogur griego y aceite de chiles, el avocado toast con crema agria de limón y albahaca, o la french toast con higos negros, mascarpone y miel de romero, entre otras opciones.
Suprema de ave con crema de limón y cúrcuma.
Y también café de especialidad, como lo pide el mercado hoy, en este caso elaborado con granos arábigos brasileños de tueste medio, "reconocidos por su suavidad, baja acidez y perfil aromático equilibrado, con notas dulces que evocan chocolate y frutos secos".
Pero, esta vez el motivo de nuestra visita era probar nuevamente algunos platos que tuvimos el privilegio de conocer en la marcha blanca, y conocer otros que se incorporaron más tarde al menú.
Una buena recomendación es que, al llegar, uno pida alguno de los cócteles de autor, como el "Sour de Lemuria" (nota de la redacción: el continente perdido del Océano Pacífico), preparado con pisco de apio y lemongrass, agua de manzana, almíbar de jengibre y clara de huevo. Excelente.
Pesca blanca (salmón) con puré de arvejas.
La carta se complementa con jugos prensados en frío, limonadas naturales, licuados, infusiones seleccionadas y, por supuesto, una selección de vinos a precios razonables.
Una de las entradas fue, para nosotros, repetición de la marcha blanca: trucha patagónica curada, en generosa cantidad, que se acompaña (vaya sorpresa) por pan de queijo, similar al chipá, que delata de alguna manera el origen brasileño de alguno de los socios. Sale con crema agria de limón y albahaca. Muy recomendable, por cierto.
Otra entrada que cumplió con las expectativas, fueron las gírgolas a la plancha, con puré de coliflor, escabeche de hongos y huevo mollet. Hay también burrata con tomates asados y fainá, y zanahorias orgánicas especiadas y asadas.
Moqueca de camarao.
Mejor para el mediodía, dos originales sándwiches, que salen con papas al merken: de trucha asada con remoulade de alcaparras en pan brioche, o de espinacas salteadas, crema de queso azul y cebollas caramelizadas, en pan de masa madre. Hay otras opciones para la noche.
Al momento de los principales, optamos por la pesca del día (salmón blanco) que llegó al punto de cocción pedido, vuelta y vuelta. A la plancha, con puré de arvejas y manteca de alcaparras. Y, para nuestra acompañante, la suprema de ave asada con crema de mix de limón y cúrcuma, mix de granos y ensalada de hojas verdes.
Entre otras opciones, siguen en la carta los ñoquis trufados de sémola, con crema de stracciatella y pesto de espinacas (que ya habíamos probado con anterioridad, muy buenos). Al igual que un plato emblema de la carta, la moqueca de camarão, con camarones y pesca blanca, salsa de tomates, coco y chiles.
Cremoso de chocolate.
También proponen bife de chorizo a la plancha con vegetales salteados; tortiglioni con crema de hongos, y milanesa de bife de chorizo al horno, con cremoso de papas y maíz.
La elección del o dulce recayó en la torta estilo vasca, originalmente presentada, compota de frutas de estación y crema inglesa; y el cremoso de chocolate con aceite de oliva y sal marina.
El servicio estuvo eficaz y discreto, como corresponde, y un plus que ayuda a pasarla bien es que no hay estridencias innecesarias ni falta de luz para ver lo que uno come.
Torta al estilo vasco, con membrillos.
No debería llamar la atención el lleno completo observado un miércoles por la noche. Hoy la gente busca precio y calidad, por lo cual Muyé cumple sobradamente con esas expectativas.
En una esquina de Palermo, un obrador iluminado y las brasas encendidas cambiaron nuestra forma de entender la pasta. Carmen construye su identidad alrededor del kamado, y lleva ese fuego a toda la carta. No entra en ninguna categoría conocida y eso, lejos de ser un problema, es exactamente lo que la hace imposible de ignorar.
Lo que más nos gusta es descubrir restaurantes que te sorprendan por su propuesta sui generis, que no sean más de lo mismo, burdas copias, lugares comunes. La antítesis de todo esto es Porte Bar, una creación del chef Facundo Berti y el bartender Ezequiel Cunzolo, quienes encontrar en Porte Bar la manera de hacer lo que les gusta ejecutándolo con precisión y originalidad. Platos tan sencillos como ricos, una exuberante carta de quesos artesanales y la coctelería del Tano Cantinero, nos llevaron por el camino de lo diferente que sorprende.
Una parrilla de barrio que no se disculpa por ser bonita, pero que busca incomodar desde una propuesta disruptiva. Nos sentamos frente a Gianlucca Zago (así con dos "c" su nombre) con los sentidos abiertos, dispuestos a dejarnos sorprender por su arte de la casquería (Nota de la Redacción: lo que para los argentinos son "achuras") y una técnica que redefine, sin concesiones, el lenguaje del fuego en Buenos Aires.