Ya hemos tenido la oportunidad de visitar hoteles de la cadena Tremum, tanto en Ushuaia como más recientemente en El Calafate, y el denominador común es el cuidado que tienen por contar con una gastronomía de alto nivel. Va de suyo que, además, los menús se basan en el uso de insumos locales, esto es lo que se llama "Cocina del Km 0", aunque también de la región. Patagonia DOC es el restaurante del Calafate Parque, donde ofrecen platos creativos, abundantes y sabrosos.
La estadía en El Calafate nos permitió conocer la gastronomía local, incluyendo la experiencia de comer en hoteles, algo que nos reconforta porque sabemos que en estos restaurantes hay un especial cuidado por la calidad de los insumos, la preparación y el servicio.
Todo estar a tono con la categorización de los establecimientos, en este caso "4 Estrellas". Calafate Parque Hotel está ubicado a pocos metros de la Avenida San Martín, la principal de la localidad, en la que se extiende por varias cuadras el centro comercial.
Su restaurante se llama "Patagonia DOC" y, al frente de la brigada, se encuentra el chef Guillermo Musumeci, un bonaerense de larga experiencia en la ciudad sureña. Ahora, hace apenas un par de meses, se incorporó al hotel de la cadena Tremun donde se avecinan prontas novedades en la carta.
En nuestro caso, aprovechamos para probar algunos de los platos más emblemáticos de la carta, como el cordero patagónico braseado, reducción de su cocción, cacao y calafate, setas y arándanos, que se acompaña de cremoso de papas al merken. Un plato robusto y contundente, casi una comida en sí misma, que mucho disfrutamos.
Antes ya habíamos probado un dúo de empanadas que bien podría decirse que es "norte - sur", ya que una de ellas está rellena de carne vacuna cortada a cuchillo y su salsa llajua picantita al estilo jujeño, en tanto que la otra era de trucha patagónica.
Otra opción parecida que parece rendir tributo a los dos extremos de nuestro país, es la humita gratinada, con cordero y cebolla caramelizada. Buena alternativa para el frío local que nos tocó.
También hay zucchini con ricota mediterránea; focaccia de olivas con berenjena asada, tomates cherry confitados y rúcula; más tres opciones de ensaladas.
Por el lado de las carnes, se puede pedir el vacío marinado con hierbas; el matambrito de cerdo con mollejas grilladas, tomates horneados y gremolata, con batatas confitadas, otro plato exuberante.
Ya mencionamos el cordero braseado que nos tocó en suerte, en tanto que nuestra acompañante optó por la trucha grillada con alcaparras y miel especiada. Otro plato de mar es la pesca marinada con rouille de pimentón ahumado con vegetales asados.
La carta también incluye variadas pastas y un risotto patagónico de mariscos, o bien el orzotto (cebada, por eso no se llama risotto al no tener arroz), que sirven con zapallo, hongos y rúcula.
De las pastas, nos tentaba los casoncelli de ricota, espinacas y almendras, que acompañan con un salteado de coles. Más "patagónicos" son las tagliatelle con ragú de cordero, pesto de rucula y cajú.
En los postres, también observamos ese juego de combinaciones "extremas", como la crème brûlée de mango y calafate; o el "Triffle DOC" con crema de avellanas, chocolate, frutas en almíbar y curd de maracuyá. Bien sureña es la mousse de frutillas con helado de chocolate blanco y paramela. Lo que se probó fue el sabayón con helado de avellanas naranjas confitadas y crema de caramelo.
El salón está marcado por la presencia de madera al estilo patagónico, de construcción elegante y comodidad como para dejar transcurrir el tiempo mientras uno disfruta de la comida. El servicio fue atento y eficaz.
La carta de vinos se caracteriza por los vinos de procedencia patagónica, entre los cuales optamos por una etiqueta de excelente relación precio calidad: Miras Joven Pinot Noir del valle del Río Negro.
Otra experiencia valiosa, con precios acordes y lejos del prejuicioso concepto de que por estos lares todo es muy costoso. Al menos, en el caso de la gastronomía, esto no es así. Y asimismo en Patagonia DOC, claro está.
Mansión Mihura alberga cuatro espacios que estructuran la propuesta, todos abiertos a huéspedes y público en general: The Atrium, el restaurante "verde" y soleado para disfrutar todo el día; The Dining Room, de inminente apertura y enfocado en una experiencia gastronómica de autor; The Parlor, concebido como un espacio íntimo, y The Serpent Club, vinculado a la coctelería y la música.
Sencillamente milagroso. En esta época de crisis de la gastronomía (una más y van...), gratifica comprobar que un restaurante ubicado en una zona poco frecuentada como la "isla" de La Paternal, que solo abre al mediodía y cuya chef está alejada de toda ortodoxia, pueda estar a salón lleno todos los días. MN Santa Inés es una rara avis que fue ganando fama y propaganda de boca en boca, por su propuesta sui generis y una excelente relación precio calidad.
El restaurante del Faena Hotel, comandado por el chef Emiliano Yulita, está verdaderamente "súper". El Mercado exhibe un menú que interpreta cabalmente la gastronomía argentina inspirada en el espíritu del bodegón porteño, pero llevándolo a una propuesta de altísimo nivel. Cocina, ambiente, servicio y producto van de la mano, para hacernos vivir una experiencia notable.