Dos clásicos de la coctelería, el Campari y la tónica, se combinan en un trago simple y refrescante, el Campari Tonic, servido en un copón balloon repleto de hielo con una rodaja de limón.
Los tonics son de los tragos más antiguos, pero han mantenido siempre su vigencia hasta transformarse en clásicos. En un mercado donde cerca del 75% de los spirits se consumen mezclados, el mixer preferido por los amantes de los tragos semiamargos es la gaseosa tónica.
Dos aspectos claves al momento de servir un Campari Tonic son la temperatura de la tónica, que debe estar entre los 4 a 8 grados y el cuidado al servirlo para que se pierda la menor cantidad de gas, ya que son las burbujas la que generan esa sensación de picor en la boca. La rodaja de limón incorporada vuelve al cóctel aún más amable, dentro y fuera de la copa ya que lo armoniza.
La corteza del árbol de la quina contiene diversos alcaloides, como la quinina, la quinidina, la cinconina (cinchonina) y la cinconidina (cinchonidina).
Además, posee principios astringentes y otros compuestos como ácidos orgánicos que intervienen en su sabor amargo. Estas propiedades hacen de la tónica, una bebida única en la cual se puede trabajar.
Las recetas con Campari que se mantienen inalterable desde su origen en 1860, son la base de algunos de los cocteles más famosos del mundo. Son muchos los cócteles elaborados con Campari como el Negroni que en 2019 cumplió su centenario (Campari, gin, vermú rojo, hielo y rodaja de naranja) o el Americano (Campari, vermú rojo, soda, hielo y rodaja de naranja).
El Campari Tonic, servido en un copón balloon repleto de hielo con una rodaja de limón, aspira a convertirse en otro clásico.
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