Autenticidad en Ulúa

México se escribe con X

Viernes, 18 de octubre de 2019

Ulúa es un pequeño restó abierto en julio pasado por tres veracruzanos, donde es posible comer ricos y auténticos platos de estirpe mexicana. Sin lujos ni excesos, la relación precio calidad del lugar es un guiño al paladar y también al bolsillo.

Ulúa Cocina Mexicana - Jorge Newbery 3791 - Teléfono: 11 9478 8044. Abierto lunes a viernes de 19 a 23; sábados de 13 a 16 y de 19 a 23. Pago en efectivo y tarjetas de débito.

Tipo de Cocina: Mexicana

Barrio: Chacarita

Precio: $$$

Si hay una culinaria latinoamericana bastardeada en nuestro país es ciertamente la mexicana. La nefasta influencia del tex-mex la ha desvirtuado por completo. Es difícil encontrar lugares dignos en los cuales se pueda comer de manera auténtica platos que tienen siglos de historia.

A diferencia de la cocina peruana, que se ha instalado mayormente en cantidad y calidad, los restaurantes mexicanos hay que buscarlos con lupa y aun así es complicado hallarlos.

Mole.

Que lo digan sino referentes como Ana Cecilia Pujals, que desde México en Argentina Asociación Civil, hace enormes esfuerzos por difundir la verdadera cultura gastronómica de su país.

Es raro lo que ocurre porque la riqueza culinaria de los mexicanos es infinita, pero no han tenido quizá la estrategia que logró que los peruanos instalaran su gastronomía de una manera asombrosa. ¿Les habrá faltado un Gastón Acurio? Puede ser.

Por eso es que nos creó mucha expectativa el hecho de encontrarnos unos dos meses atrás con tres jóvenes veracruzanos en Strange Bar. Nos comentaron en esa ocasión que acababan de abrir un restaurante mexicano en Chacarita.

Tacos de carnitas.

Nos tomamos un tiempo pero finalmente lo visitamos. Y pese a que muchas veces las expectativas elevadas terminan en decepción, éste no fue el caso sino al revés. Ulúa vale muchísimo más que lo que a priori pueda suponerse por la austeridad del lugar.

Pareciera ser la tendencia en boga últimamente: pequeños restós atendidos por sus dueños, tanto en el salón como en la cocina, cartas y cantidad de cubiertos acotados. Poca inversión, pero suplida con cordialidad y sobre todo, una cocina sin excentricidades.

Dicen que Veracruz es "madre de historia y madre de dolor"; lo primero es indudable, lo segundo discutible. En su puerto, se encuentra la fortaleza de San Juan de Ulúa que se construyó para honorar al capitán Juan de Grijalva, enviado por los Reyes Católicos a explorar las Indias Occidentales.

Tetelas.

Los tres amigos decidieron homenajear a su tierra veracruzana designando al restaurante como "Ulúa Cocina Mexicana". Hay un pequeño salón con alrededor de 20 cubiertos y algunas mesas en la vereda. También un par de banquetas en la barra, ideal para observar cómo preparan las clásicas y no tan clásica margaritas.

Las opciones de comida -al igual que sucedió en la reciente visita que hicimos a Ronconcon- no diferencian entradas y principales. Lo ideal es pedir varios platos y compartirlos (algunos de ellos, como las empanadas, los tacos y las tetelas vienen por dos unidades).

De manera que en esta primera visita, optamos por cuatro opciones de la carta después del aperitivo, que fue la margarita de rigor. Fueron más que suficientes como para redondear una opípara cena. De la adición nos referiremos más adelante.

Torta tres leches.

Lo primero que llegó a la mesa fue el mole, esa preparación poblana sostenida por la potencia del chocolate. En Ulúa, la salsa domina al pollo, la crema ácida, la cebolla y el queso fresco. Todo un desafío haber comenzado la degustación con la contundencia de este plato. Pero ya está dicho, aquí no hay ni entradas ni principales.

Luego llegaron los tacos de carnitas, de maíz nixtamalizado y cerdo confitado y deshilachado. Para continuar con las tetelas, que son triángulos de maíz rellenos de poroto colorado en puré, y coronadas con barbacoa de rabo y queso crema. Ideal agregar la salsa de chile morita y cacahuete, que dicho sea de paso incorporamos a los otros platos para darles el picor que, al gusto argentino o sería mejor decir al disgusto local, sirven atenuado.

Hubo lugar todavía para un plato más potente: chilaquiles. Son totopos con salsa roja, crema ácida y un huevo frito que podrían ser dos.

Quedaron para otra vez las quesadillas, la sopa azteca y la gordita y las empanadas que, como bien nos aclararon, nada tienen que ver con las argentinas. Habrá que probarlas.

Único postre de la casa es la torta tres leches con vainilla de Papantla (norte de Veracruz) y mezcla de leches. Uno que no ama todo lo que contenga leche en demasía, salvo los quesos, desearía otra opción. Está hecho el pedido, pero la verdad es que visualmente sonaba apetitosa.

Para beber, además de las margaritas hay un trago del día, y también agua de Jamaica o de Horchata, limonada de pepino, y cervezas artesanales Funes y de Strange. Asimismo, la carta de vinos está orientada hacia pequeñas bodegas artesanales.

Dijimos que hablaríamos del costo al final. Y para que saquen cuentas: una margarita, una limonada de pepino, botella de Petit Bobó Sauvignon Blanc, más los cuatro platos que se probaron y la torta tres leches. Todo por la módica suma de $ 2.050 final.

Lo que se dice una verdadera bicoca. Una manera inteligente de encarar el negocio gastronómico porque así dan ganas de repetir la experiencia muy pronto.

Y a propósito del título, México se escribe con X. Lo que denota la autenticidad de la comida de este lugar. 

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