No es De Rossi (jugador de moda gracias a nuestro tercermundismo), sino De Rosa. No es Daniele sino Maurizio. Ya nos había sorprendido con su cerveza que se despacha en San Paolo. Ahora llegó el vino De Rosa.
Ya de regreso en Buenos Aires, acaba de incorporar a la carta el vino que lleva su nombre: De Rosa. "La intención´-cuenta Maurizio-, era hacer vinos orgánicos con una mínima manipulación e intervención durante el proceso de elaboración".
Consecuentemente, después una cuidada selección de viñedos de 20 años (son de los más antiguos que adoptaron los principios de viticultura orgánica en Mendoza), eligió una fermentación autóctona en acero. "Solo hicimos una cantidad mínima SO2 (básicamente la mitad consentida para cumplir con la legislación que regula la definición de vinos orgánicos) y directamente en botella con tapa a rosca (para preservar su aromas frescos y exuberantes)", afirma Maurizio.
El blanco es un Torrontés con presencia de aromas a damasco y una acidez moderada. "Ideal para nuestra pizza Margherita", asegura De Rosa.
El rosado, de Cabernet Sauvignon, exhibe aromas a frutos rojos, es bien seco y sin notas dulces. Elige para él la pizza con jamón crudo y fiambres artesanales.
Y finalmente un rosso de Bonarda, de color intenso y aromas a cereza. La cosecha muy tardía de estas uvas, le otorgan carácter aun manteniendo su acidez natural. De alcohol moderado (es la característica de todos estos vinos), son ideales para acompañar pizzas más estructuradas con quesos madurados. Se trata de una colaboración con Vinecol, bodega pionera en viticultura orgánica.
Maurizio De Rosa nos ofrece una primicia: "pronto tendremos un vino añejado en ánfora de terracota y un tinto espumoso".
San Paolo queda en Uriarte 1616, Palermo. Teléfono: 4831-9181. Abierto mediodía y noche.
El bar de estilo kissa ubicado en la terraza de Haiku, renueva su propuesta con una carta de cócteles inspirada en vinilos, que combina coctelería de autor, música y una experiencia sensorial pensada como un álbum para escuchar y beber.
Llegamos a Olé Bar en una de nuestras noches limeñas, con una idea clara del lugar y de lo que íbamos a encontrar. Fuimos de la mano de nuestro gran amigo Pepe Moquillaza, referente indiscutido del pisco en el Perú y profundo conocedor de la historia de la coctelería local, quien nos señaló este bar como una parada obligada.
Alvear Grill estrenó su barra de cócteles, un nuevo punto de encuentro para huéspedes y el público local. Llegar, elegir tu trago favorito y dejar que la noche comience de a poco, mejor aún si continuás con la cena en el restaurante.