Hay que subir al Nautilus. El Capitán Nemo te va a sorprender con los variados habitantes de los mares. Una panzada de pescados y mariscos que Nemo te ofrece para el goce pleno de tus sentidos.
A contrapelo de lo que come la mayoría de los argentinos (mucha carne vacuna), Nemo desmitifica aquello de que no puede funcionar un restó en el que los pescados y mariscos son protagonistas exclusivos. Más allá de que la ecuación carne roja vs pescados es de 65 kilos a 10 en favor de la vaca, la extensa trayectoria de Nemo demuestra que hay un público entusiasta que elige la propuesta “marítima”.
El restó que honra la figura del capitán del Nautilus, el mítico personaje de Julio Verne en “20.000 leguas de viaje submarino” y “La Isla Misteriosa”; ostenta ya una larga trayectoria. Susana Blanco Saccone, su propietaria desde hace cuatro años, señala que hay un público fanático aun en un país de carnes rojas como el nuestro.
Es sabido que el pescado contiene propiedades benéficas para el cuerpo humano, también se digiere rápido y por sobre todo, agasaja a los paladares más exigentes. También sabemos que hay detractores, como los veganos lo hacen contra cualquier tipo de carne, existe gente que ataca al pescado acusándolo de “peligroso”. Nada más alejado de la realidad, absurda manera de justificar fobias estúpidas.
La carta de Nemo es una explosión de mar, podría decirse que en este mundo submarino hay olor a sal. El mundo marino en toda su expresión. Lo ideal es compartir, de manera que la “Planchada Nemo” para tres o cuatro comensales puede ser una entrada suculenta: casi un kilo de diferentes pescados a la plancha y 450 gramos de variedades de mariscos, más tres guarniciones. También hay un Tableo de Pescado Fresco, para dos, con 650 gramos de pesca del día y dos guarniciones a elección. Otra opción notable es la pieza de salmón entera, con pinchos de langostinos y vieiras, para cuatro comensales. A la carta, platos individuales para comenzar, como gravlax, ensalada Nemo, ceviche, trío de mariscos y frutos de mar (vieiras, langostinos, calamaretti, rabas y mejillones).
No faltan la cazuela de mariscos ni la paella, ambas para dos personas. También risotto nero crocante, sorrentinos rellenos de salmón y fettucine nero di seppia con salteado de mar. Y luego la plancha, con todas las variedades que depara nuestro Atlántico y que pueden leerse en la pizarra, según la pesca del día. Chernias, brótolas, lenguados, atunes, anchoas, mero, entre otras, desfilan por los platos en porciones enormes.
Y luego las especialidades del chef: ensalada cevichada Nemo, ensalada fresca de corvina y el must de la casa, el Pulpo Español Nemo. Está cocido al vacío en su propio jugo y sin sal agregada; llega a la mesa con sus tentáculos enteros con alineo de oliva, pimentón, aceite de ajo y fumet de la misma cocción acompañado con papa natural. Y un detalle importante, el precio es razonable. También suelen encontrarse pescados de río. Y ahora la gran novedad para los mediodías, en la mesa o para llevar, panini de pescados, langostinos y/o vegetales. Por ejemplo: de salmón gravlax con queso blanco y ciboulette, jengibre caramelizado, rúcula y baguetín negro; de pacú o corvina con tapenade, hojas de albahaca en pan ciabatta; o de langostinos, morrón verde asado y salsa tártara en baguetín.
Entre los postres, para los que puedan, no hay que perderse la crème brûlee o directamente pedir el tapeo para cuatro personas. La carta de vinos está protagonizada por marcas muy conocidas, pero con abundante presencia de blancos, perfectos para acompañar pescados y mariscos.
Recomendamos dejarse llevar por el capitán del Nautilus, estamos seguros de que Nemo los va a regocijar con la magnífica cosecha del mundo marino.
De París a San Telmo, el retorno a su patria y otra vez de vuelta al barrio más antiguo de la capital argentina. Se llama Marc Eugene, y hace más de una década que ofrece auténtica cocina francesa en "Lo del Francés". Platos sabrosos y exuberantes, con una muy buena relación precio calidad. Un bistrot porteño, con espíritu parisino.
Lejos de las pretensiones y el lujo impostado, este rincón de Colegiales se consolida a través de una cocina honesta. Es un espacio donde la técnica se pone al servicio de la conexión humana, demostrando que cuando el plato tiene identidad y el ambiente respira bienestar, la gastronomía recupera su capacidad de emocionarnos sin necesidad de artificios.
El mito que nació el 24 de marzo de 1935 en Medellín, con la absurda muerte del Zorzal Criollo, dice que "Gardel cada día canta mejor". A la cortada que lleva el nombre del cantante más popular de nuestro país, llegó un peruano que "cada día cocina mejor". Raúl Zorrilla Porta, de solo 35 años, se ha convertido no solo en referente de la culinaria peruana en Buenos Aires, sino también en una "máquina de crear". Llegó a estas tierras de muy joven para estudiar Comercio Exterior, pero una casualidad lo llevó a dedicarse a su gran pasión: la cocina. Aquí su historia. Y la vuelta de Kamay al barrio que lo vio nacer.