Jacarandá

Una flor y otra flor celeste

Jueves, 3 de abril de 2014

Jacarandá tiene un combo imbatible: buena cocina, platos abundantes y precios generosos. Un verdadero hallazgo en Caballito.

Jacarandá – Del Barco Centenera 383 – Tel. 4432-4994. Martes a sábados noche, domingos mediodía y noche, principales tarjetas.

Cocina: Porteña  
Zona: Caballito 
Precio: $$$ 


Remedando al gran Abel González, colega fallecido en 2012, quien nos dejó un legado fantástico a los periodistas gastronómicos (leer su libro“Elogio de la berenjena”), vamos a contar una historia. En realidad una leyenda, la del jacarandá, que se sitúa en Corrientes, cuando los jesuitas (que hoy tienen su propio Papa) cumplían una misión evangelizadora con los guaraníes, antiguos habitantes de la región. Una española llamada Pilar y un aborigen de nombre Mbareté, se enamoraron perdidamente y se escaparon juntos. Cuando el padre de Pilar los encontró juntos en una choza, por error la mató a ella y luego hizo lo mismo con Mbareté. El hombre, abatido, se retiró del lugar dejando los cuerpos abandonados. Al no poder dormir en toda la noche, decidió volver al lugar del hecho, pero no encontró la choza ni los cuerpos. Allí, en cambio, había un hermoso árbol de “tronco fuerte, cubierto de flores azules que se mecían suavemente con la brisa”. El hombre tardó “en comprender que Dios había sentido misericordia de los enamorados y había convertido a Mbareté en árbol, y que los ojos de su hija miraban desde todas y cada una de las azules flores del jacarandá”.

Ese Jacarandá no está en Corrientes sino en el barrio porteño de Caballito. Revisitamos el lugar luego de un tiempo y comprobamos que lo básico, lo importante, no ha cambiado. Alejo Crispiani, el propietario, valora prioritariamente el trato cordial con el cliente, muchos de ellos vecinos del barrio, otros que llegan a Jacarandá por su buena comida, los precios amistosos, los baños impecables, las mesas enormes y las sillas cómodas.

La brigada de cocina sigue a cargo de Alejandro Vega, chef jujeño (no perderse el pastel norteño picante), formado en el IAG cuando allí dictaba clases, por ejemplo, el mismísimo Darío Gualtieri.


Hay tres entradas para compartir, que se recomiendan: Papas Jacarandá (vienen con crema, jamón, queso y puerros); aros de cebolla y batatas rústicas; provoleta asada con morroncitos a la provenzal. Luego láminas de bondiola de cerdo laqueadas en salsa barbacoa con papas fritas; ojo de bife al pesto de albahaca y hongos con batatas crocantes; raviolones de salmón rosado con crema de langostinos; panzotti de carne y hongos, verdeo y vino blanco; mollejitas al verdeo con papas rústicas; crocante de merluza con crema de mostaza suave, terrina de brócoli y zanahoria. Hay además seis pastas, con salsas a elección. Y para el final volcán de chocolate con frutos rojos y helado de crema americana, y peras al vino blanco.

Quedamos pipones y aunque ahora se cobre el servicio de mesa, los precios son más que amables. Nos fuimos silbando bajito la Canción del Jacarandá, de María Elena Walsh, “al este y al oeste, llueve y lloverá, una flor y otra flor celeste, del jacarandá”.

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