VINOS, PLATITOS E HISTORIAS

Son Cava

Viernes, 12 de septiembre de 2025

Somos Cava es el más reciente emprendimiento de la dupla Gaby Vinocur y Pablo Colina, un bar de vinos ubicado en Chacarita que entra en la categoría de sui generis por la particular concepción de su propuesta. Hay, además, ricos platitos para acompañar y la relación precio calidad resulta óptima.

Somos Cava - Dirección: Charlone 100 esquina Concepción Arenal, Chacarita. Teléfono para reservas: 011 7197 5299. Precios: $$$. Horarios: martes a sábados de 18:30 a 01.00 AM. IG: @somoscava

Si tenés ganas de ir a un lugar donde el vino está servido adecuadamente, donde no te atosiguen con información innecesario y la comida esté a la altura, pues entonces Somos Cava es una fija.

Ya resulta cansador que te traigan una botella que pareciera haber estado depositada a la luz y al calor, sin ningún tipo de cuidado, que la temperatura del vino esté muy alejada de las condiciones ideales, y donde encima la comida no pasa de las papas con cheddar.

Para colmo de males, a veces alguien -que dudosamente es un sommelier capacitado- te recita lo que uno mismo puede leer la contraetiqueta con todos los datos que puedan interesarnos, con lo cual su presencia se vuelve totalmente irrelevante.

Conocemos a Pablo Colina desde hace casi dos décadas. Allá lejos y hace tiempo, era uno de los primeros lugares "a puertas cerradas" y estaba ubicado en el barrio de Belgrano.

Seguimos luego su recorrido en diversos ámbitos, que últimamente lo encontró junto a Gaby Vinocur en otros emprendimientos conocidos por todos. Ahora, desde hace varios meses, ambos le dieron forma a este nuevo desafío: Somos Cava.

Debíamos la visita a ese local pintoresco que hace esquina de las calles Charlone y Concepción Arenal, en el barrio de Chacarita. Siempre uno cuenta que quien nos metió en este rubro del periodismo enogastronómico fue Gustavo Choren, quien ya escribía libros y notas periodísticas cuando aún no había aparecido en nuestro país la sommellerie.

Juntos, como en los viejos tiempos, rumbeamos para Somos Cava. Y ahí dejamos todo en manos de Pablo Colina, quien además nos presentó al jefe de cocina, el venezolano Miguel Cuberos, con paso anterior por La Mar, entre otros restaurantes.

La decisión fue optar por el servicio en copas, acompañando cada platito que nos llegaba desde la cocina. Entre ellas, algunas perlitas como 45 Rugientes y Bressia Profundo. Pablo va acercando cada vez nuevas sorpresas, alguna Criolla, un blend de El Esteco, todos vinos que cuentan una historia, más allá de lo obvio.

La carta de vinos está dividida en Blancos (variedades a descubrir, Sauvignon Blanc, Chardonnay, Torrontés, Blend de blancas); Naranjos; Rosados; Tintos (variedades a descubrir, Pinot Noir, Merlot, Malbec, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon); Espumosos.  

Al llegar, a uno le sirven sin costo agua filtrada, como en USA o Canadá. También podés pedir, con cargo, el agua Salvador, en lata. Otra buena decisión, que nos evita tener que soportar esas aguas que hoy se propagan por todos lados y te las cobran como si fueran de manantial.

El ambiente es relajado y tranquilo, sin estridencias ni excesos de ningún tipo. Afuera hay también algunas mesas, que seguramente serán muy requeridas en esta temporada que se avecina, alejada de las temperaturas extremas.

Para comer, de la carta probamos las aceitunas verdes y negras de origen catamarqueño; los boquerones y anchoas marplatenses, que sirven con aceite de oliva sobre pan de masa madre; el pintxo de hongos con queso sardo y miel, un hallazgo por su originalidad.

Luego, la tortilla de papas en su punto babé, como fue pedido. Y, para concluir, ñoquis soufflé en manteca de salvia, y sándwich de milanesa con repollo blanco y mayonesa de cilantro, en brioche.

Hay otras opciones, como la provoleta con cebolla caramelizada y panceta; empanaditas de carne; bife chorizo con papines; hummus con zanahorias de primavera y raz el hanout (especias de Medio Oriente).

Y los postres: moussse de chocolate semiamargo con praliné de frutos secos y frutas de estación, y la tarta vasca de queso.

En Somos Cava, el espacio es pequeño pero el corazón, grande. Se trabaja con profesionalismo, tanto en el servicio como en la cocina, y la propuesta resulta muy atractiva. Encima, la relación precio calidad invita a visitar este bar de vinos que, como dijimos al comienzo, es totalmente sui generis. Vayan.

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