Obrador Mishiguene es el último proyecto local del chef Tomás Kalika, después de Mishiguene Fine Dining, el Café y la Rotisería. En este caso, el local de Palermo ofrece platos de la cocina israelí clásicos y reversionados como en los demás espacios, pero suman la parrilla al carbón. En este Obrador, también se elabora la panadería artesanal que abastece a todos los locales.
Obrador Mishiguene - Dirección: Cerviño 4417, Palermo. Teléfono: +54 9 11 7216-1226. Horarios: martes a jueves de 7:30 a 23:00; viernes de 7:30 a 00:00; sábados de 10:00 a 00:00, y domingos de 10:00 a 18:00. Precio: $$$. Reservas: https://obrador-mishiguene.meitre.com/ - IG: @obradormishiguene
Mishiguene no para de crecer, siempre con variantes que hacen más atractiva la propuesta de todos sus locales. Por un lado, el original, con su alta cocina que revolucionó todo lo conocido hasta ese momento en materia de culinaria israelí. Luego surgió Mishiguene Café, con una tónica un poco más simple; más tarde Mishiguene Rotisería y, desde hace algunos pocos meses, Obrador Mishiguene.
La locación es la misma donde había un local conocido para el chef Tomás Kalika, que resultaba ideal para retomar la idea de incorporar el fuego (parrilla al carbón), que es la principal diferencia con los demás Mishiguene.
Así es que en la carta ofrecen diversos cortes seleccionados de carnes de pastura como ojo de bife y entraña (la que probamos, salió jugosa y muy tierna). Además, cuentan con pesca del día entera, merguez de cordero, langostinos, kebab de pollo y la infaltable hamburguesa Mishiguene con pan brioche, mayonesa casera, pepinos encurtidos, tomate, lechuga, cebolla y queso gruyère. Una bomba atómica. Cada plato se acompaña con salsas caseras, como tahina, zhoug y tomatillo.
El otro factor diferencial de Obrador Mishiguene es su panadería artesanal, elaborada con harina orgánica y fermentación natural. Cada día, producen piezas como jalá (clásica o con ajo y romero), pan de campo (con y sin semillas), focaccia de verduras, bagel (tradicional, con cebolla, con amapola y con kummel) y de Jerusalén, laffa, croissants (clásico y relleno con almendras, chocolate y dulce de leche), medialunas y rolls (de canela y sumac y de chocolate).
Esta producción abastece además a Café Mishiguene, Rotisería Mishiguene y Mishiguene Fine Dining, funcionando como el centro de elaboración de todo el grupo.
La ambientación es similar a la de otros locales de la marca, con el celeste y blanco de rigor, y tonos naranja, con mesas comunitarias, barras con vista a la calle y la gran mesa central. Afuera, el espacio también cuenta con lugares en la vereda para quienes prefieran disfrutar al aire libre si el clima acompaña.
La cocina a la vista, ubicada detrás de una barra, permite apreciar la elaboración en tiempo real de los platos y los panificados, exhibidos en vitrinas y repisas. Uno de los elementos distintivos del espacio, es una escultura -común a los otros locales-, que cuelga del techo y representa a una figura híbrida entre Poseidón y un rabino, con una menorá en mano y cola de pez, que simboliza la conexión espiritual, la diáspora y la buena fortuna en la tradición judía.
La propuesta gastronómica de Obrador Mishiguene también incluye una sección "Schmear, Nosh, Mezze", con pequeñas raciones de arenques a la crema, latkes, falafel, niños envueltos, labneh, tabule, varenikes, guefilte fish y shakshuka.
Probamos el infaltable hummus clásico, cremoso, sin dudas uno de los mejores de la ciudad (hay también otras versiones con remolacha, con huevos, hongos, brócoli y carne). Y también babaganoush de berenjenas ahumadas, y tzatziki de manzanas y pepinos, con eneldo.
Hay bagels con lox de trucha ahumada, queso crema y alcaparras, y mesivá con cebolla de verdeo, palta, tomate y huevos revueltos. El pastrón es otro plato que no puede faltar, que probamos con pan pletzalej, apto inclusive para compartir.
Para cerrar la experiencia, la selección de postres consta de preparaciones típicas como baklava, strudel y babka, así como también mousse de chocolate o de maracuyá, tarta de queso y frangipane del día. Durante todo el día ofrecen cafés, jugos, batidos, mocktails y, para almuerzos y cenas, una carta de vinos muy variada y como etiqueta propia de la casa, una creación de la Bodega Catena Zapata.
Lo que más vale resaltar es la relación precio calidad, ya que, tanto en el Obrador, como el Café y la Rotisería, los valores son parecidos y muy accesibles.
En una esquina de Palermo, un obrador iluminado y las brasas encendidas cambiaron nuestra forma de entender la pasta. Carmen construye su identidad alrededor del kamado, y lleva ese fuego a toda la carta. No entra en ninguna categoría conocida y eso, lejos de ser un problema, es exactamente lo que la hace imposible de ignorar.
Lo que más nos gusta es descubrir restaurantes que te sorprendan por su propuesta sui generis, que no sean más de lo mismo, burdas copias, lugares comunes. La antítesis de todo esto es Porte Bar, una creación del chef Facundo Berti y el bartender Ezequiel Cunzolo, quienes encontrar en Porte Bar la manera de hacer lo que les gusta ejecutándolo con precisión y originalidad. Platos tan sencillos como ricos, una exuberante carta de quesos artesanales y la coctelería del Tano Cantinero, nos llevaron por el camino de lo diferente que sorprende.
Una parrilla de barrio que no se disculpa por ser bonita, pero que busca incomodar desde una propuesta disruptiva. Nos sentamos frente a Gianlucca Zago (así con dos "c" su nombre) con los sentidos abiertos, dispuestos a dejarnos sorprender por su arte de la casquería (Nota de la Redacción: lo que para los argentinos son "achuras") y una técnica que redefine, sin concesiones, el lenguaje del fuego en Buenos Aires.