No hay duda de que los omakase (el menú confiance de los japoneses) se han puesto de moda, pero al final uno se confunde porque muchos parecieran ser más de lo mismo. Por eso siempre es bienvenida la originalidad. En la variación está el gusto. Así lo entendieron Nacho Bravo y Uriel Hendler, osados gestores de este omakase de carne vacuna. Una feliz combinación de las técnicas nikkei con los cortes provenientes de animales criados a pasto. Y encima lo completan con coctelería de autor a cargo de Ailén Álvarez.
Nakuri Urinaki - Dirección: Nicaragua 455, Palermo Soho. Horarios: miércoles, jueves y viernes desde las 20:00. Precio: $$$. Instagram: @nakuri_urinaki
Nacho Bravo, un entusiasta emprendedor gastronómico (conocido por su catering de asados), decidió apelar a la innovación sin reparar en osadía ni originalidad. Fue así que hace escasas semanas abrió en Palermo unlocal triple propósito.
Uno se pregunta por qué solo abre los sábados y domingos. Ocurre que los lunes y martes ofrecen cenas privadas para turistas extranjeros, en tanto que miércoles, jueves y viernes la propuesta es el omakase del que nos ocupamos en esta nota. Un hat trick, de acuerdo a los términos futboleros.
Este proyecto aúna el expertise de Nacho Bravo con las carnes y el de su colega Uriel Hendler (propietario de Kanu Sushi y Let it V) en la culinaria japonesa y nikkei. Ambos no escatimaron esfuerzos por darle forma a este nuevo emprendimiento, incluido un viaje a Japón para para interiorizarse en sabores y técnicas.
El menú propone siete pasos y tiene un costo de $ 27.000 incluyendo además una bebida sin alcohol y un cóctel (valor de fines de febrero), lo cual lo convierte a este omakase en un best-buy.
La degustación del viernes último (los pasos cambiarán en breve), comenzó con una empanada frita de braseado de roast beef con calamar y una salsa de huacatay para acompañar. Una fusión bastante jugada que salió airosa según nuestro paladar.
A continuación, fue el turno de la morcilla crocante sobre arroz de sushi, con maní, muy bien sazonado.
El tercer paso, tal vez el que más disfrutamos: tataki de bife de chorizo con alioli, merkén y furikake, una perfecta asociación entre la mejor carne de pasturas con las técnicas japonesas.
Tras ello, llegaron los rolls de langostino furai y palta, coronado con tartar de molleja, vieira y queso parmesano flambeado (dos unidades por persona).
El trío de nigiris nos dejó inevitablemente con ganas de más. Llegaron a la mesa de manera individual: de entraña, molleja y ceja de ojo de bife, respectivamente. Este último resultó nuestro preferido. Los tres estuvieron al nivel de los mejores nikkei de la ciudad, sin dudas.
El último paso salado también sorprendió por su sabor y presentación: un gunkan de molleja con huevo de codorniz.
Y en el final, ofrecieron en este caso una torta tres leches elaborada in situ, muy recomendable para los más golosos.
Para hacer aún más osada la propuesta de este omakase que se sale del molde. se sugiere acompañar los diferentes pasos con la coctelería de la bartender de la casa, Ailén Álvarez.
Probamos el denominado "Tintorela Sour" (vino tinto, ron blanco, ciruela, vainilla, limón y syrup simple) y "Eva" (tequila, jugo de manzana, canela, miel, jengibre y soda).
No faltan tampoco clásicos como Negroni, Old Fashioned, Manhattan, Pisco Sour, Penicillin, Americano y Tom Collins.
Hay una carta de vinos con etiquetas de la Bodega Catena Zapata. Y el servicio, que ya conocíamos de una anterior visita a Casa Pasto, está a la altura de la calidad general del restaurante.
Lo dicho: este omakase es un best-buy. Impecable relación costo beneficio que está al alcance de una mayor cantidad de público por su valor muy razonable.
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