En la intersección entre el linaje sardo de Daniele Pinna y la visión estética de Carmela, emerge un espacio que redefine la cocina en Recoleta. Una propuesta donde la simplicidad del producto y el empoderamiento femenino, dictan las reglas de una nueva modernidad.
Cucina Carmela - Dirección: José León Pagano 2696, Recoleta. Teléfono: 15 2785 8154. Horarios: martes a sábados de 19:00 a 00:30 AM; domingos de 12:30 a 18:00. Precio: $$$. IG: @cucinacarmela_
Cucina Carmela no nació entre fuegos; nació de una mirada. Carmela -nombre con el que Nat Rosenfeld desembarca en la gastronomía-, traslada la sensibilidad del lujo internacional y su trayectoria en el mundo de la moda al pulso de Recoleta. Aquí, el detalle no es un ornamento, es el lenguaje que atraviesa toda la experiencia.
Volvimos para entender este ecosistema que ella lidera: un espacio donde la gastronomía y la alta cultura estética convergen en un concepto de exclusividad, que ya no se define por el exceso, sino por la curaduría.
Como bien dice Carmela, su talento reside en leer el deseo: sabe exactamente qué espera encontrar quien busca una vivencia genuina en una mesa hoy. Para ella, el restaurante es, ante todo, modernidad y conversación.
Quienes conocen este rincón recordarán que, durante años, estas paredes albergaron otra mística: una historia rústica, ruidosa y de herencia masculina, donde la hospitalidad se celebraba a voz en cuello.
Ahora, la decisión fue empezar de cero. Cucina Carmela no intenta dialogar con esa memoria; eligió construir una identidad propia, alineada con una generación que busca que la excelencia del servicio y la cocina fluyan bajo una estética mucho más sosegada, cosmopolita y de una naturalidad plena.
Es un cambio de paradigma, impulsado por una mujer a la cabeza de todas las decisiones. Donde antes habitaba la cocina italiana clásica, hoy Carmela proyecta un refugio para grupos de jóvenes y amigas que buscan disfrutar de un plato de pastas con total libertad.
Es el escenario ideal para la "girl dinner", el "after hour" o esos domingos de brunch donde el ruido, las risas y la estética son parte esencial del menú.
Sin embargo, hay hilos invisibles que conectan discretamente ambos mundos. Uno de ellos es Hernán, un histórico del salón, que sigue recibiendo a los clientes con esa calma imperturbable. Su presencia es un punto de continuidad elegante dentro de una casa que ha decidido mirar, definitivamente, hacia adelante.
En la cocina, la esencia conserva su raíz italiana, pero bajo una arquitectura diferente. El reconocido chef Daniele Pinna -compañero de vida de Carmela y figura central de la gastronomía sarda en Buenos Aires-, asume hoy el rol de asesor culinario.
La base conceptual de la carta nace de su interpretación personal de la tradición, pero es Carmela quien tiene la última palabra: ella no negocia la simplicidad ni la calidad del producto.
Un ejemplo de esta identidad, son los spaghetti al limone, un plato que ella defiende como el verdadero ADN de la casa; una declaración de principios de la cultura mediterránea que huye de la asociación automática del Italian Food con el tomate, para apostar por la frescura absoluta.
La ejecución diaria recae en el chef ejecutivo Martín Ávalos, quien traduce esa visión compartida al lenguaje contemporáneo del plato. Un equipo exitoso, sin duda.
Esa noche, el ritual comenzó en la barra con un Negroni y un Whisky Sour. Ya en la mesa, la nueva carta se presentó con claridad: iniciamos con una burrata escoltada por prosciutto y pesto de tomates secos, definiendo el tono de la cocina.
Luego, el desfile de pastas: orecchiette envueltos en crema de parmesano y la nota terrosa de la trufa; casarecce al pesto con pistachos, y un risotto de portobellos que fue el centro de la escena.
Son preparaciones directas, que respetan la lógica de una Italia reinterpretada. Una botella de Cabernet Franc y una marquise de chocolate con frutos rojos terminaron de dar orden a la experiencia.
El ambiente es el último trazo de esta identidad. Carmela proyectó el restaurante bajo una inspiración ciento por ciento neoyorquina: interiores sofisticados, luz tenue y esa atmósfera vibrante de los bistrós de New York donde el arte, el diseño y la conversación conviven sin esfuerzo.
Es un espacio que respira esa energía cosmopolita, pensado para que la gente no solo venga a comer, sino a habitar el lugar.
Al irnos, la sensación fue nítida. Cucina Carmela no es solo un restaurante; es el manifiesto de una mujer que sabe que la verdadera vanguardia no hace ruido.
Es la confirmación de que la alta estética y el sabor mediterráneo, han encontrado su versión más audaz: una donde la simplicidad absoluta es el único lujo innegociable.
De París a San Telmo, el retorno a su patria y otra vez de vuelta al barrio más antiguo de la capital argentina. Se llama Marc Eugene, y hace más de una década que ofrece auténtica cocina francesa en "Lo del Francés". Platos sabrosos y exuberantes, con una muy buena relación precio calidad. Un bistrot porteño, con espíritu parisino.
Lejos de las pretensiones y el lujo impostado, este rincón de Colegiales se consolida a través de una cocina honesta. Es un espacio donde la técnica se pone al servicio de la conexión humana, demostrando que cuando el plato tiene identidad y el ambiente respira bienestar, la gastronomía recupera su capacidad de emocionarnos sin necesidad de artificios.
El mito que nació el 24 de marzo de 1935 en Medellín, con la absurda muerte del Zorzal Criollo, dice que "Gardel cada día canta mejor". A la cortada que lleva el nombre del cantante más popular de nuestro país, llegó un peruano que "cada día cocina mejor". Raúl Zorrilla Porta, de solo 35 años, se ha convertido no solo en referente de la culinaria peruana en Buenos Aires, sino también en una "máquina de crear". Llegó a estas tierras de muy joven para estudiar Comercio Exterior, pero una casualidad lo llevó a dedicarse a su gran pasión: la cocina. Aquí su historia. Y la vuelta de Kamay al barrio que lo vio nacer.