Vino revuelto

Bodegas con cartel de "Se vende"

Miércoles, 18 de noviembre de 2015

El mundo del negocio vitivinícola está convulsionado. La falta de rentabilidad hace que varias bodegas tengan el cartel de venta. Molinos y Peñaflor salieron de compras.

La historia ya la conocimos en la década del ’90 cuando desaparecieron en la Argentina decenas de miles de productores agropecuarios. Y cientos de cooperativas pequeñas y medianas, fueron absorbidas por las vecinas que tenían más espalda.

En aquellos tiempos, la vitivinicultura era una especie de cenicienta, porque mientras las demás economías regionales estaban en plena crisis, el sector se tecnificaba y llegaban capitales extranjeros para hacer crecer a una actividad que supo sacar provecho de su momento de esplendor.

Pero como dice el dicho, “a cada chancho le llega su San Martín”. Y bodegueros que hace apenas algunos meses se despachaban con loas hacia el gobierno, hoy han cerrado el pico porque la crisis los golpea como a todos sus colegas. No hay créditos del Bicentenario que valgan.

Molinos compró Ruca Malén y el Grupo Peñaflor se quedó con Navarro Correas y San Telmo. Estas operaciones parecen ser solo la punta del iceberg.

En octubre pasado, en el ámbito del Coloquio de IDEA realizado en Mar del Plata, los mismos empresarios hicieron un “mea culpa”, por haber callado frente a la prepotencia de un gobierno que no los dejaba crecer. Tarde, porque este gobierno ya es pasado y no hay tiempo para lamentos. Les faltó coraje para enfrentar a quien tenía la sartén por el mango, salvo honrosas excepciones como la de Juan José Aranguren, el expresidente de Shell Argentina, a quien se lo acusó de cipayo y “vendepatria”.

Pero volvamos a los vinos. La sangría ya comenzó hace rato. Hay gente desesperada por vender sus bodegas, porque lo que ha hecho la política oficial fue favorecer la concentración, tal como pasó en su momento con la soja. Justo al revés de lo que pregona un gobierno que se dice “progresista”.

En los últimos días, se concretaron dos operaciones que llamaron la atención de todos. Una de ellas fue la compra por parte del Grupo Molinos, que ya tenía en su portafolio Nieto Senetiner, de la Bodega Ruca Malén. Las marcas involucradas son la que lleva el nombre del establecimiento, así como Kinien y Yauquén.

Molinos ha informado oficialmente que “ha iniciado un camino estratégico para la creación y desarrollo de una plataforma de bodegas que lo convierta en uno de los líderes del negocio de vinos y espumantes de valor, tanto local como internacionalmente…”.

La otra gran noticia de estas últimas semanas, es la venta que Diageo de sus “intereses de vino” en la Argentina al Grupo Peñaflor, al tiempo que este último también se ocupará del “desarrollo del negocio de licores y bebidas espirituosas en el país”. Queda fuera de esta operación la marca Legui, que seguirá en manos de Diageo. Es decir que las etiquetas de Navarro Correas y San Telmo, además de todos sus activos, pasan a Peñaflor.

La reconversión que se viene seguramente dejará en el camino a inversores que se adentraron en el mundo del vino sin conocer mucho de él, o a quienes por su pequeña escala se quedan afuera del negocio.

Pero a no alarmarse, porque vendrán tiempos mejores para la vitivinicultura. Claro que para muchos ya es demasiado tarde.

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