Días atrás me sorprendió una carta de lectores en una de las revistas en las que soy habitual colaborador. Se trataba de una nota sobre “Comer en la Ruta”, pero en el desarrollo de lo propuesto sólo se encontraban referencias a restaurantes del conurbano, “camino al country” como bien lo definió el lector en cuestión. Convengamos que para los porteños muchas veces se hace difícil llegar a “comederos” (dicho esto no en forma despectiva sino simpática) que sólo conocen los lugareños. La clave es preguntar, siempre. Mi profesión (periodista agropecuario) me ha ayudado en tal sentido. Uno de esos restaurantes de campo enclavados a la vera de la ruta (en este caso la Autopista a Mar del Plata) es Ama Gozua, nombre con reminiscencias vascas (significa “mamá dulce”) pero que ofrece únicamente platos campestres. El plan es salir de Buenos Aires a eso de las 9 de la mañana, para llegar poco después del mediodía al kilómetro 274 de la Ruta 2, tomarse una hora para el almuerzo y seguir camino a la costa.
El plato de la casa son los lomitos de cerdo con papas fritas y huevo frito a caballo (que pueden ser dos si el hígado aguanta). A veces, algunos clientes reemplazan los lomitos por chorizo o morcilla (embutidos que también pueden comprarse para llevar a casa). La otra especialidad son los ravioles caseros. Yo empezaría con media porción y seguiría luego con el resto. Hasta el pan tiene sabor distinto, como siempre se dice: “debe ser por el agua”. Y para el final, el flan también caserísimo es inevitable. La carta de vinos nos parece muy acotada, tal vez haría falta aumentar la propuesta con etiquetas de mayor calidad. Pero pregunte, porque por ahí se lleva una botellita en el baúl del auto y le permiten el descorche.
Una comida completa, pago taca taca sí o sí, no costará mucho por cabeza. Una bicoca. Si tomó mucho, se hace una siestita debajo de un árbol y listo. Vale la pena (la comida y también el descanso posterior).
A mediados de junio abrió sus puertas en Colegiales, una nueva propuesta de cocina peruana fusión: Ono Nikkei. Se trata de la ampliación de un restaurante que nació originalmente en Ciudad Evita, de la mano de la dupla Alfredo Sansone y Daniela Franco. Buen ambiente y precios razonables.
En la esquina de Gurruchaga y Pasaje Cabrer se encuentra Carmen, un restaurante y pastificio que logra unir la tradición de la pasta, tan arraigada entre nosotros, con la creatividad de su chef, Nacho Feibelmann. Aquí el diferencial son las otras formas de cocción utilizadas: a las brasas, disco de arado, rescoldo, kamado.
Los restaurantes de clubes tienen un encanto particular. Y lo bueno es que están abiertos para socios y público en general. Salvo aquellos pertenecientes a instituciones de fútbol, donde suelen "mandar" los barras, ofrecen seguridad y una cocina simple y honesta, a precios realmente accesibles. Y, además, a veces nos deparan alguna sorpresa como la cava del Comedor GEVP (Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque).