Mutsuhito es un speakeasy que lleva como nombre el apodo que tenía el Emperador Meiji, y que solo lo conocían sus más íntimos. Está ubicado, precisamente, en la planta alta del brasero japonés Emperador Meiji y consiste en un omakase de 17 pasos, que tiene como otro sello distintivo que nos tocó en suerte una itamae mujer, algo poco habitual en estos casos.
Mutsuhito - Direcciones: Honduras 5902 Palermo Hollywood; Corrientes 421 Olivos; Nordelta, Avenida Santa María de las Conchas 6019, Tigre. Horarios: 19:45 a 21:45, y desde las 22:00 a 00:00. Servicio de parking: Palermo no; Olivos y Nordelta, sí. IG: @mutsuhitoomakase - Reservas: mutsuhito.wokiapp.com
Mutsuhito, conocido por su nombre póstumo como Meiji Tenn, fue hijo de Kmei Tenn y la concubina Yoshiko Nakayama. Le correspondió ser el 122° Emperador del Japón. Reinó desde el 3 de febrero de 1867, hasta su fallecimiento en 1912.
La apertura de Emperador Meiji, post pandemia, dio lugar también a este speakeasy al que se accede por una puerta camuflada sobre la calle Honduras, que exige además subir por una empinada escalera. Allí nos topamos con una barra en forma de "U", tocándonos en suerte los dos asientos en la base, de frente a la itamae y su ayudante.
Es costumbre en estos lugares, que quien se desempeña como itamae, le dé lugar a su inmediato colaborador para que éste arme algunas de las piezas y los explique a los comensales.
El omakase es una palabra japonesa que significa "lo dejo en tus manos", donde prima el factor sorpresa, al estilo de lo que los franceses llaman "menú confiance". Requiere, por parte de los comensales, una mente abierta y un paladar flexible a vivir nuevas experiencias.
La mayor parte de los pasos se corresponde con productos de mar, aunque como ocurrió en la noche en que asistimos a Mutsuhito, nos tocó una preparación con bife de chorizo, la anteúltima de la noche, previo al postre.
La ubicación en una barra, permite dada la cercanía con el itamae, recibir información detallada de lo que vamos a probar, sino también en muchos casos conocer una historia detrás de cada plato.
Va de suyo que no hay un menú fijo; tampoco suelen repetirse siempre los mismos pasos, ya que todo varía según la disponibilidad de la pesca del día y la imaginación del itamae para brindar algo distinto en cada función.
Tal vez por eso carezca de relevancia, en una nota periodística, ofrecer una información demasiado detallada de lo que tocó probar en el momento de la visita. Sin embargo, a continuación, les dejamos a los lectores una breve descripción de cada paso solo a título informativo.
5 en 1: el primer paso, en realidad son cinco, y agrupó una ensalada sunomono (de pepinos) y un "quinteto de proteínas" según la itamae, consistente en sahimi de chernia, salmón rosado, corvina rubia y lisa, más callos de vieiras.
Acto seguido, llegó el primer nigiri de la noche, de langostinos ecuatorianos y furikake, el conocido condimento de origen japonés.
Para continuar con la experiencia, se probó el tiradito de lenguado rubio, con furikake y katsuobushi. Luego un caldo dashi, que incluía un boquerón con tofu y setas; un nigiri de lenguado rubio y dos rolls (los únicos de la noche).
Más adelante, un temaki de ebi furai (un handroll); usuzukuri de trucha ahumada; otro nigiri, esta vez de trucha; y la cuchara de callos de vieiras.
El paso más contundente dela degustación fue el cuenco de proteína (bife de chorizo con arroz, huevo de codorniz y huevas de pescado).
Acto final: un postre occidentalizado y que, por suerte, salió del habitual tamago (la tortilla japonesa dulce que ya aburre). Se trató de una mousse de chocolate y café, digno final de la cena.
El costo del omakase es fijo, y a ello hay que agregarles las bebidas, a elección entre una carta de vinos con valores muy razonables, algunas opciones de sake y de cerveza, que le van muy bien a este tipo de comidas. Los vinos por copa son Saint Felicien Chardonnay, o bien otras cepas de Álamos, como el rosado que elegimos. El servicio estuvo acorde al nivel de la comida y del lugar.
Cabe señalar que hay que respetar los horarios (19:45 y 22:00 según cada turno), respetando así el desarrollo de la cena. Por generalización, la relación precio calidad de los omakase es muy buena, y ésta no fue la excepción.
Justo enfrente de Mondongo y Coliflor, hay un edificio histórico en cuyo local de la planta baja vendían productos apícolas. Cuatro emprendedores gastronómicos tomaron el desafío de restaurar las instalaciones para abrir un restaurante de pizzas, pastas y miel (haciendo honor a los orígenes del lugar), más la tradición porteña del moscato. Casa Bellucci apuesta a los productos de calidad y el know how de sus socios, uno de ellos maestro pizzero, otro un cocinero reconocido de vasta trayectoria y dos amantes de la buena mesa devenidos en restaurateurs.
El chef Miguel Ángel Sosa, se ha hecho un experto en la restauración de clubes sociales y deportivos. Lo conocimos hace ya una década en La Casona del Retiro (un club de rugby y otras actividades), en Hurlingham. Y cómo experto asador que es, su segundo emprendimiento es 1980 Parrilla de Culto, también el oeste del Conurbano. Más tarde, abrió con un suceso notable La Casona de Belgrano, que funciona dentro del Club Belgrano. Hoy nos ocuparemos de ambos restaurantes de la Zona Oeste.
Con casi ocho años en Palermo, el bar de curries de Marcelo Moreno sigue firme con una cocina de raíz tailandesa, elaboración propia y ahora servicio en mesa. Una propuesta coherente, clara y con sabor propio.