Justo enfrente de Mondongo y Coliflor, hay un edificio histórico en cuyo local de la planta baja vendían productos apícolas. Cuatro emprendedores gastronómicos tomaron el desafío de restaurar las instalaciones para abrir un restaurante de pizzas, pastas y miel (haciendo honor a los orígenes del lugar), más la tradición porteña del moscato. Casa Bellucci apuesta a los productos de calidad y el know how de sus socios, uno de ellos maestro pizzero, otro un cocinero reconocido de vasta trayectoria y dos amantes de la buena mesa devenidos en restaurateurs.
Casa Bellucci - Dirección: Del Barco Centenera 1698 esquina Saraza, Parque Chacabuco. Horarios: martes a viernes de 17:00 a 00:00; sábados de 17:00 al cierre y domingos de 10:30 a 16:00. Instagram: @casabellucci.ba
Hace unos meses, en ocasión de una visita a Mondongo y Coliflor, nos adelantaba "Cabito" Massa Alcántara que habían firmado un contrato en la ochava de enfrente, para abrir un restaurante de pizzas y pastas. Hablamos de la esquina de Del Barco Centenera y Saraza, en Parque Chacabuco, un barrio que por lo general está fuera del radar de los polos gastronómicos de la ciudad.
El proyecto surgió, precisamente, de parte del equipo detrás de Mondongo y Coliflor, como es el caso de Eduardo"Cabito" Massa Alcántara, a quien acompañan en este desafío Guillermo Busquiazo, JavierLabaké y José Villar.
Ellos detectaron el potencial de una propiedad "detenida en el tiempo" y decidieron recuperarla preservando su esencia: techo original, paredes con su traza intacta y detalles arquitectónicos que hoy conviven con una puesta actual.
El edificio que hoy alberga a Casa Bellucci cuenta con casi 90 años de historia y funcionó originalmente como fábrica y tienda vinculada al negocio apícola. Ese origen se observa tanto en la ambientación -que conserva pisos, estanterías y estructuras originales- como en la carta, donde la miel se convierte en un ingrediente muy utilizado y en símbolo de la memoria del espacio.
Casa Bellucci despliega una identidad visual en la que se destaca el frente vidriado, con puertas de madera y ventanales amplios, mientras que el salón se organiza sobre un piso de damero blanco y negro, que le da identidad porteña y recuerdos del tiempo ido.
La cocina es abierta y se integra al salón a través de una barra de mármol veteado y tiene como protagonista un horno a leña negro, que es la base de la propuesta ideada por Javier Labaké, quien acredita una larga y fructífera experiencia en el mundo de la pizza porteña.
Hubo que cruzar la ciudad y emprendimos el camino con los amigos de Finca Isis, Oscar y Adriana, cuyos productos (tomate, conservas y demás) nutren las estanterías a la vista. Justamente, hablando de la calidad de los insumos utilizados en Casa Bellucci, aquí están presentes los mejores productos del sur mendocino para engalanar las pizzas, las pastas y otras preparaciones.
"Cabito" fue el encargado de recomendarnos algunos de los platos más emblemáticos del lugar. Llegamos temprano, pero poco a poco, el local se fue completando más allá de la noche calurosa a mitad de semana.
La pizza a la sartén ($ 12.000) es una fija en el rubro de entradas, que la casa detalla así: "suave masa de 24 horas, que se cocina a la sartén, base cremosa, escamas de queso seleccionado, mix abundante de hojas verdes, tomates cherry, y un toque de cilantro, con huevo mollet. Tamaño individual". Hay que probarla.
También para fanáticos del fainá, hay dos opciones muy originales: el frito, crocante, con queso crema de albahaca, mortadela, rúcula y miel de naranja y ají; y la fainacotta, con base de ricota y corazón de burrata, tomates asados y hierbas frescas (ambas a $ 14.000).
Otras entradas son A éstas opciones, se suman preparaciones como la lasaña de berenjenas, el vitel toné, la sopita de tomate con jamón crudo y huevo, y "Crudo y Cositas", que combina jamón crudo, caponata y burratina.
Para los que prefieren algo fresco para el calor, ofrecen ensaladas como la de espinaca con jamón crudo, peras, rúcula, menta, queso azul y almendras; o la de rúcula con choclo a la leña, tomates cherry, pickles de cebolla, rabanito, polvo de aceitunas y dressing de cilantro.
No faltan tampoco las empanadas, incluidas las de jamón y queso; cebolla y queso; pollo; sin TACC ahumada y sin TACC guisada.
Se probó la pizza más simple y tradicional: de muzzarella ($ 25.000). Vienen en formato grande y masa "porteña". Imposible resistirse. Otras opciones son la de jamón y morrones asados; fugazza con queso; napolitana y "el capricho del pizzero" apelando al factor sorpresa.
No podés irte de Casa Bellucci sin probar las pastas: los ñoquis llevan queso gorgonzola, trufas, crocante de pan y aceite verde ($ 24.000); los agnolotti del plin ($ 25.000) difieren de la receta piamontesa (están rellenos de ternera, con crema de cebolla y cebolla crocante, más un jugado toque de guayaba), y los ravioles de espinaca y ricota con salsa de pomodoro fresco ($ 18.000).
Otras opciones que no se probaron son los cavatelli de sémola, con tomate, albahaca y pesto; la lasaña con estofado de carne, salsa blanca, pomodoro y parmesano, y los fettuccine con salsa scarparo.
Hay cuatro postres: tiramisú; arroz con leche; bizcocho húmedo de chocolate con naranja en compota, y ananás a la leña con merengue crocante, piña colada y coco escamado.
La carta de vinos es nutrida y con precios verdaderamente bajos, respecto de lo que solemos encontrar hoy en los restaurantes. Una rareza es el moscato italiano espumoso Baglietti ($ 60.000), aunque también se puede pedir una medida de moscato nacional blanco o tinto a $ 7.000.
Cada vez nos convencemos más de que, ante la crisis que vive el sector gastronómico, los clientes buscan relación precio calidad y. sobre todo, platos ricos y abundantes, de valores razonables. Esto explica que, al promediar la noche, tanto Casa Bellucci como el vecino de enfrente, Mondongo y Coliflor, trabajaban a salón completo.
En el corazón de Palermo, Emilia y Tatu desafían la era digital con El Imperfecto: un refugio de cocina fusión de raíces salteñas, donde el fuego marca el ritmo y la conexión humana es el ingrediente principal.
En la intersección entre el linaje sardo de Daniele Pinna y la visión estética de Carmela, emerge un espacio que redefine la cocina en Recoleta. Una propuesta donde la simplicidad del producto y el empoderamiento femenino, dictan las reglas de una nueva modernidad.
Hace rato que teníamos pendiente la visita a Evelia, el cuarto emprendimiento del multifacético chef Máximo Togni. En sociedad con su colega Martín Arrieta, este restaurante remite a los sabores de la infancia de Togni, lo cual lo lleva a asegurar que éste es de todos sus emprendimientos el que más lo representa. La cocina de Evelia se basa primariamente en la calidad del producto, que luego se traduce en platos fáciles de identificar para quienes llevamos la impronta de los inmigrantes, italianos especialmente. Quizás esa sea la razón del éxito de este lugar, que reúne lo emotivo con los sabores que nos son tan afines.