Con casi ocho años en Palermo, el bar de curries de Marcelo Moreno sigue firme con una cocina de raíz tailandesa, elaboración propia y ahora servicio en mesa. Una propuesta coherente, clara y con sabor propio.
Punch Curry Bar - Dirección: Costa Rica 4818, Palermo Soho. IG: @punchcurrybar
En una ciudad donde muchas aperturas van y vienen, Punch sigue estando. Desde el inicio, la idea fue armar un bar de curries: no reproducir un restaurante tailandés de manera literal, sino trabajar esa base como centro de la propuesta.
En la cultura tailandesa, el curry no es una rareza ni un plato especial; es parte de lo cotidiano, del street food, de lo que se come todos los días. Cambia y se adapta según quién cocina y lo que haya disponible, pero siempre conserva identidad. Trasladar esa lógica a Buenos Aires, implicó correr al curry del lugar exótico y pensarlo como algo cercano y posible.
Desde que entramos, lo primero que se percibe es el clima del lugar. Hay colores vivos y los aromas aparecen de manera gradual: especias, pasta de curry, leche de coco. No irrumpen ni se imponen; todo se integra con el espacio y acompaña la experiencia sin distraer. Es un ambiente cálido, cómodo, que invita a sentarse y quedarse.
A partir de ahí, la atención se desplaza hacia lo que llega a la mesa. Cada plato es de elaboración propia, con ingredientes bien trabajados. La leche de coco y los condimentos principales, como la pasta de curry, también se elaboran de manera artesanal.
Toda la carta es libre de lactosa y el manejo desde la cocina, es claro y responsable. Que el chef sea también el dueño se nota en los detalles, en el control sobre lo que se sirve y en cómo la idea original se mantiene sin necesidad de subrayarla.
Y llegó el momento que todos estábamos esperando: la comida. Arrancamos con entradas que funcionan como introducción al espíritu del lugar. Los gung hom pha, langostinos envueltos y fritos, llegan crocantes, acompañados por una salsa agridulce de tamarindo, soja y ajo que equilibra dulzor y acidez sin opacar el producto.
La ensalada thai apareció después, y fue uno de los momentos más inesperados de la noche. Cuando nos dijeron que era una ensalada tailandesa, imaginábamos algo más distante, con ingredientes poco familiares. Pasó todo lo contrario. Todo lo que había en el plato lo conocíamos: pollo, zanahoria, pepino, pimientos, maní. Pero la combinación, el juego de colores y el balance entre frescura y sabor nos sorprendieron de verdad. Fue liviana, fresca, muy summer mood, y terminó siendo uno de los descubrimientos más placenteros de la cena.
Luego llegaron los platos principales. El paneng gung de langostinos muestra cómo se trabaja la base especiada en este lugar: es un guiso espeso y concentrado, pensado para envolver y realzar sabores sin diluirlos. En la tradición tailandesa, el paneng está ligado a preparaciones domésticas que se ajustan según quién esté al mando de la olla.
El pad thai aparece a continuación, y cumple un rol distinto. Por historia y estructura, funciona como una comida completa. Nació ligado al street food, pensado para resolverse en un solo wok: fideos de arroz salteados con pollo, cerdo, camarón, huevo y maní, todo integrado en un mismo gesto.
En Punch se sirve sin vueltas, y confirma por qué es uno de los platos más reconocibles de la casa. Es sabroso, cercano y fiel a esa idea de comida cotidiana trabajada con intención, sin reinterpretaciones ni excesos.
Acompañamos la cena con un Sauvignon Blanc, buscando no cubrir los sabores, sino complementarlos. La noche fue tranquila. Era lunes y el lugar tenía movimiento: mesas ocupadas, grupos jóvenes, gente que ya conoce el lugar y vuelve. Punch funciona como un punto elegido, no como una opción al paso, y eso se percibe en el clima general.
La charla con Marcelo Moreno, chef y dueño, fluyó de manera amical y cercana. Con ocho años de Punch, su trayectoria en gastronomía especializada en cocina tailandesa se refleja en la coherencia de la propuesta.
Conversamos, entre otros temas, sobre lo difícil que es sostener equipos comprometidos y la complejidad de delegar sin personas capacitadas o con la misma seriedad por el oficio; aun así, la pasión por la cocina sigue siendo el motor del lugar.
Como novedad, Punch incorporó servicio en mesa, dejando atrás el sistema de autoservicio. La experiencia se percibe más cercana y refuerza esa sensación de pertenencia, consolidando a Punch como uno de esos lugares de Palermo a los que siempre dan ganas de volver.
Hay platos que no solo se vuelven virales: se convierten en declaración. Y eso es exactamente lo que está pasando con el Osobuco del Rey, en la Casona de Belgrano.
Villegas Restó es un emprendimiento de raíces ganaderas, que redefine la experiencia de la carne en Puerto Madero desde 2009. ¿Por qué decimos esto?: simplemente porque estamos en presencia de una parrilla que ofrece precios accesibles, sin desmedro de la calidad. Hoy, en medio de las dificultades que tiene la gente para salir a comer afuera, se busca precio y el público local está cada vez menos dispuesto a pagar $ 100.000 por un bife. Lo de Villegas es más meritorio aún, porque está ubicado en el barrio más costoso de la ciudad.
Un restaurante que combina sabores de temporada, atención impecable y una propuesta elegante y natural, donde cada plato se siente pensado para disfrutarse sin artificios.