Puchero es un bodegón porteño más adecuado a la categoría de neobodegón, por su estilo moderno. La ubicación estratégica en la esquina de Avenida Rivadavia y Corvalán, frente a la Plaza Ejército de los Andes, lo hace atrayente también para disfrutar de las noches en la vereda. Su propuesta resulta exuberante, ya sea en opciones de la carta como en el tamaño de las porciones. Y los precios son muy razonables.
Puchero - Avenida Rivadavia 10.300 - Villa Luro. Teléfono: 011 3489 1609. Precio: $$$. Horarios: martes a domingos de 12:00 a 00:00. Web: www.puchero.com.ar - Reservas: @puchero.ba
El nombre va más allá de representar un plato típico: es la expresión de las raíces gastronómicas, de lo que siempre comimos en nuestras casas y en los clásicos bodegones porteños. Pero hoy ya el público exige cambios hacia la modernidad, si no tanto en el menú, por lo menos en las instalaciones y en el servicio.
Aún persisten algunos bodegones con cartas interminables (muchos platos varían sus salsas y guarniciones alrededor de una milanesa, un lomo o un pollo), que cuentan con mozos de los de antes, esos mismos que toman el pedido de una docena de comensales y no cometen errores, aunque no anoten nada ni usen el celular o una tablet para guardar la comanda.
Pero hoy es tiempo de neobodegones, en los cuales la carta es un poco menos extensa, pero los platos difieren totalmente en las preparaciones entre uno y otro; el servicio es joven (en este caso eficaz), mientras que el tamaño es normal tirando para exuberante, pero de ninguna manera innecesariamente gigante.
El caluroso mediodía porteño, nos llevó a elegir el salón de la planta baja, con aire acondicionado. En otro clima, seguramente tentaría el deck y alguna de las mesas ubicadas en el exterior. El local también cuenta con un primer piso, ideal para eventos, donde antes funcionara el speakeasy The Book.
La barra, sin cargo de cubierto, propone una vermutería donde se puede almorzar o cenar. Poseen, además, una cava con un mesón para degustaciones y eventos. En este espacio, se organizan eventos especiales como "Casino y Vino", de cata a ciegas.
No hay puchero en la carta, al momento. Pero el nombre del restaurante no deja de ser simbólico, a partir de una comida heredada de los españoles pero que tiene una fuerte impronta local. Las altas temperaturas veraniegas, tampoco hacen recomendable ingerir tantas calorías. Si lo que los comensales buscan son preparaciones porteñas y a precios razonables, éste es un lugar adecuado.
La propuesta surge del grupo gastronómico Guardia Nacional, liderado por Carlos Apollonio, Maximiliano Hilale y Axel Guerra, creadores también de Siete Vidas y Casa Tónica. La cocina está a cargo del chef Santiago Méndez.
Para el comienzo se optó por dos entradas para compartir, una de ellas un especial de la casa: chipa rellena, con mollejas crocantes y huevo pocheado. También se probaron las "Delicias del Mar" (chipirones, langostinos, y mejillones en su salsa).
Otras opciones, son las empanadas de carne braseada, de brócoli y queso azul, y las nuevas de jamón natural y mozzarella. También provoleta, tortilla de papas, buñuelos de espinaca y otra reciente incorporación a la carta: corazón de burrata y jamón crudo.
Ofrecen, asimismo, tres opciones de picadas: de quesos, de chacinados y la mixta con tres quesos y otros tantos chacinados.
En el rubro de principales, se destaca el capítulo llamado "Especiales de la Casa", donde encontramos la "Hamburguesa Porteña"; carne al horno en cocción prolongada con papas y batatas; pastel de boniato con y bondiola braseada con corazón de queso; trucha patagónica en crema de limón con puré de boniato; pollo al verdeo con papas fritas en triple cocción; y bondiola a la mostaza con batatas al horno (estos tres últimos platos también son de reciente agregado).
Sin embargo, de esta misma lista, elegimos los fusilli al fierrito, originales en su presentación porque están gratinados y se acompañan con bocconcini, pesto de pistachos y un huevo pocheado. Del rubro "Carnes, Pescados y Aves", en tanto, se eligió el lomo con crema de hongos, un plato clásico de bodegón, , acompañado por crocantes papas fritas.
En esa parte del menú, están la "Picaña Maestro" con papines andinos y vegetales grillados (plato para compartir); asado banderita de la casa; entraña ídem; bife de chorizo mariposa, y pechuga grillada.
Hay, asimismo, cinco variedades de milanesas, así como un capítulo de pastas (lasaña, raviolones de molleja, sorrentinos de trucha, de lomito o de boniato; y ñoquis de papa con albóndigas); y risotti (al azafrán o cremoso de hongos, ambos nuevos).
También guarniciones varias, ensaladas y un "Menú Purretes", a lo que hay que agregar menús de mediodía y de "noches porteñas", así como "La hora del vermut", con promociones de 16:30 a 20:30. Hay coctelería y una carta de vinos muy bien seleccionada y precios adecuados.
Para el final, postres como la "Copa Puchero" (una bomba); cheesecake de pistachos; tiramisú; affogato ídem; flan mixto; tarta de manzana, y helados.
Puchero es una buena opción para este barrio que no solemos frecuentar por lejanía, pero que puede depararte sorpresas agradables.
Si existe un personaje histórico identificado por ser un sibarita hecho y derecho, ese mismo es Sir Winston Churchill. Más allá de tratarse de un británico, algo que a los argentinos suele caernos mal, la figura de este personaje con enorme gravitación en la historia del Siglo XX, nos cae simpático por ser un amante casi obsesivo de la comida y la bebida. De ahí que ir a Winston Bar, ya se su pub de la planta baja, como al living ubicado escaleras arriba, resulta no solo un homenaje a esta figura emblemática durante la Segunda Guerra Mundial, sino también un regocijo a nuestros sentidos de la mano del chef Jonás Alba. En esta nota doble, uno se refiere a la experiencia que comenzó el año pasado y la otra a la visión más joven y descontracturada, menos flemática, de Carla.
Próximo a cumplir 12 años de trayectoria, Roux exhibe la nueva cara tras las reformas que se efectuaron en su local: sala, cava y deck climatizado. La cocina, en tanto, continúa desplegando el talento y la creatividad de su chef, Martín Rebaudino.
Un enclave de autor en el corazón de un Petit Hotel, que prescinde del artificio para concentrarse en la técnica. Bajo el rigor de la escuela francesa, esta propuesta de Facundo Berti y Ezequiel Cunzolo integra alta cocina, el mapa nacional de quesos y coctelería de vanguardia en una ejecución de lujo contemporáneo.