Patios de Cafayate no solo es uno de los alojamientos más elegidos por el turismo nacional y foráneo en los Valles Calchaquíes, sino que además ofrece una alternativa de cocina del Km 0 con el plus de la vecindad con la Bodega El Esteco que aporta los vinos. El círculo virtuoso cierra así a la perfección.
Ventajas que te ofrece el periodismo. Visita a la Bodega El Esteco junto al enólogo Claudio Maza; degustación de ocho vinos y luego un almuerzo con en el Restaurante de Patios de Cafayate, el resort ubicado dentro de las instalaciones de la bodega. Todo junto.
Cafayate, a menudo que uno va renovando sus visitas, nunca deja de ser una caja de sorpresas. Siempre hay cosas nuevas para ver, para disfrutar y también para degustar.
Quienes deseen probar su cocina regional simple y sin sofisticaciones, podrá hacerlo como siempre en sus numerosos restaurantes en los cuales suele haber siempre algún grupo folclórico haciéndose oír. También hay un lugar de coctelería, del que ya hablaremos en otra nota, la oferta hotelera va creciendo de manera asombrosa y la magia del "pueblo que lo tiene todo" sigue intacta.
Sin dudas que Patios de Cafayate es sinónimo de hotelería de lujo, que mantiene su esencia regional. Y el resort tiene el plus de estar ubicado dentro de la Bodega El Esteco, por lo cual se puede "matar dos pájaros de un tiro", como dice el conocido dicho, ya que vino salteño y esta cocina regional aggiornada van de la mano.
El restaurante de Patios tiene dos cartas diferenciadas según se trate de almuerzos o cenas. La propuesta es obra de la chef local Virginia Marín, quien supo encontrar la inspiración para darles, a los productos del Km 0 y sus alrededores, un toque de distinción en las preparaciones.
Imposible resistirse al trío de empanadas (carne, queso y quinua, respectivamente), por supuesto que al estilo salteño pero fritas. Quién se atrevería a no acompañarlas con un Torrontés de El Esteco. También se pidió la provoleta con hongos y tomates confitados.
Otras opciones son la tabla de charcutería artesanal, con los quesos semiduros de cabra a la cabeza, panes de colores y láminas de zucchini. Otra opción es el carpaccio de pepino con lomo curado en aromáticas y pesto de pistachos. Ambas entradas pedidas se complementaron con la ensalada de verdes, peras, nueves, queso fresco y calabaza asada.
Entre los principales, una buena alternativa es la trucha de la región, si vuelta y vuelta mejor, acompañada de la guarnición que se elige aparte, en este caso fue el aplastado de papines ahumados con queso azul.
En la carta nocturna, hay otras opciones muy interesantes como el carpaccio de llama con mermelada de tomates y pistachos; cordero crocante con hummus de quinua y gremolata; risotto blanco con tiradito de ternera y los distintos cortes de carne (también disponibles al mediodía): ojo de bife, matambrito de cerdo, entraña, mollejas y la ya mencionada trucha a la chapa.
Quien quiera darse el gran gusto, el restaurante ofrece 50 gramos de jamón de cerdo pata negra, alimentado a bellotas, elaborado por el productor salteño Kiko Fernández en Cerrillos. El precio, eso sí, es tan elevado como si fuera jamón español.
Para el postre, se eligieron el flan infusionado en cedrón, dulce de leche y crema batida, y un cheesecake muy especial.
Y vale destacar también que sirven una de las mejores aguas minerales del país, Palau, de origen Rosario de la Frontera, provincia de Salta.
La experiencia gana un plus porque el clima agradable en esta época (también es tiempo de lluvias, pero son de verano, duran poco), permite disfrutar de la comida en los patios, bajo techo, pero al aire libre y con la majestuosa vista de los cerros y de la piscina del hotel.
La relación calidad es muy buena, y la atención es cordial y para nada ansiosa, lo que nos viene de perillas a quienes vivimos en la gran ciudad. Cierra todo.
A mediados de junio abrió sus puertas en Colegiales, una nueva propuesta de cocina peruana fusión: Ono Nikkei. Se trata de la ampliación de un restaurante que nació originalmente en Ciudad Evita, de la mano de la dupla Alfredo Sansone y Daniela Franco. Buen ambiente y precios razonables.
En la esquina de Gurruchaga y Pasaje Cabrer se encuentra Carmen, un restaurante y pastificio que logra unir la tradición de la pasta, tan arraigada entre nosotros, con la creatividad de su chef, Nacho Feibelmann. Aquí el diferencial son las otras formas de cocción utilizadas: a las brasas, disco de arado, rescoldo, kamado.
Los restaurantes de clubes tienen un encanto particular. Y lo bueno es que están abiertos para socios y público en general. Salvo aquellos pertenecientes a instituciones de fútbol, donde suelen "mandar" los barras, ofrecen seguridad y una cocina simple y honesta, a precios realmente accesibles. Y, además, a veces nos deparan alguna sorpresa como la cava del Comedor GEVP (Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque).