Broccolino, un pedazo de Italia en el Microcentro porteño
Viernes, 24 de junio de 2022
Hace 37 años, los hermanos Antonio y Luciana Trio abrieron en el Microcentro porteño el Ristorante Broccolino. El nombre alude, a cómo llaman los italianos residentes de Nueva York al puente de Brooklin. Su cocina de profundas raíces italianas también abreva en platos ítalo-porteños y de los inmigrantes llegados a la Gran Manzana, como la gigantesca cebolla en flor que lleva el nombre de la casa.
Broccolino - Esmeralda 776, Buenos Aires. Teléfono: 3910-9747. Horarios: todos los días de 12.00 a 23.00 corrido. Precio: $$$. Menú completo en: www.broccolino.com.ar Instagram: @broccolino_ristorante
Por razones personales de vecindad, fuimos habitués de este local ubicado en el barrio de Colegiales, casi en el límite con Belgrano. Muchos de los platos clásicos eran idénticos al de su hermano mayor, entre ellos los Calamaretti Luciana, o Broccolino, como se quiera, flambeados con vino blanco. Imposible resistirse a esta preparación, algo que nos pasó en la reciente visita al restaurante, compartiendo la mesa con la propia Luciana, lúcida como siempre y a punto de embarcar para Trieste, donde se casa su nieta.
Hoy las riendas de Broccolino las tiene el hijo mayor Alejandro ("Sandro") Ballabeni. La tradición se mantiene y la fidelidad de sus clientes lo mismo, a la par que están volviendo por suerte los turistas que no dejan de pasar por este lugar donde se abreva la culinaria italiana, con algunos toques porteños (como la milanesa que adorna la carta), y neoyorquinos (la flor de cebolla, de tamaño XXL cuyo molde los hermanos Trio trajeron desde la Gran Manzana.
Muchos famosos han pasado por este local a lo largo de sus 37 años de vida. Como un maduro Anthony Quinn, cuyo cuadro de dimensiones muy grandes cubre una de las paredes junto a una sonriente Luciana.
Con Luciana, en Broccolino.
El espacio es largo y no demasiado ancho no obstante lo cual, dando la vuelta en "u" y pasando por la misma cocina, podemos ingresar a un segundo salón de dimensiones similares. Única diferencia, el horno que está a la vista ni bien uno ingresa al restaurante. De allí salen las pizzas, en versión a la Napolitana, Fugazzetta, Jamón y Morrones, y la clásica de Mozzarella.
Todos los días hay una especialidad fija: los lunes, risotto de pollo; martes, mondongo a la Fiorentina; miércoles, arroz con calamares; el jueves viene con sorpresa, y los viernes es el momento de las "famosas lentejas".
Ya comentamos que la elección de ambas entradas recayó en clásicos de la casa, que por otra parte no hacía falta abrir el menú para indicar su comanda: los calamaretti y la cebolla en flor.
Hay otras opciones muy tentadoras, como las berenjenas a la parmigiana; los langostinos fritos, y la ensalada caprese fior di latte.
Está claro que lo más pedido (en porcentajes que asombran) son las pastas, dentro de numerosas opciones secas, frescas y rellenas. Las salsas por lo general se piden a elección del cliente a su gusto, entre ellas alla bolognesa, pomodoro, "Tony" (mozzarella, tomate y albahaca); Calígula (hongos y pesto); Profumo di Mare (calamaretti, camarones, berberechos, etcétera.
Calamaretti Broccolino, receta de Luciana Trio.
Y también: scarparo; Broccolino (pesto, pomodoro y parmesano); carbonaria; puttanesca; amatriciana; Maradó (funghi, pomodoro, tomates secos, aceitunas y un toque de oliva); Dr. Zhivago (caviar, crema, lonjas de salmón ahumado).
Algunas pastas especiales son la súper lasagna, los canneloni de ricota o de verdura; "Súper locuras de Neptuno, y selección de 4 pastas.
En carnes, lomo al champiñón o a la pimienta; saltimbocca alla romana; escalopes al Marsala.
Fettuccine quatro formaggi piú pesto.
Y pescados: merluza con salsa de limón y alcaparras; salmón grillé, y lenguado con salsa de camarones. En materia de "plumíferos", otro clásico de la casa (pechuguitas al funghetto o al ajillo; y Lollobrigida (al limón y oliva).
Para el final, los más golosos pueden pedir el Peccato di Cardinale (combinación de varios postres); tiramisú (cuenta Luciana que Broccolino fue el primero en servirlo en Buenos Aires); Copa Tiziana con Mascarpone, entre otros.
Más allá de todo, en lo personal fue un gusto encontrarnos con Luciana y Sandro, después de varios años y pandemia mediante. En Broccolino se respiran aires puramente italianos. Eso que, para muchos de nosotros, descendientes de quienes llegaron en los barcos de bandera italiana, tiene el plus de la emotividad y la nostalgia.
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