Catamarca no deja de sorprender

Andreatta, vinos que no meten miedo

Viernes, 5 de marzo de 2021

El Cerro "El Manchao", de 4.561 metros de altura, vigila desde su cima el valle de Pomán, en el centro de Catamarca, una provincia cuya vitivinicultura siempre es una caja de sorpresas. En esta zona en particular, la localidad de Siján para ser más precisos, está la Bodega Michango. Donde el apellido Andreatta es referente desde hace más de un siglo. Hoy sus vinos se destacan por su excelente relación precio calidad, pero también por su manera de diferenciarse.

Alguna vez el colega Andrés Oppenheimer contó ante estudiantes recién egresados de la carrera de Comunicación Social, cómo fueron sus primeros pasos en el periodismo. Y dejó una idea que fue la que a él mismo le permitió tener éxito. 

La historia es así: cuando no tenés grandes recursos y encarás un proyecto sin la posibilidad de invertir mucho dinero para que la cosa sea más fácil, la alternativa es diferenciarse. En Fondo de Olla © nos sentimos identificados con ese concepto, porque la diferenciación (hacer un periodismo crítico, no conformista, audaz y nada complaciente), ha sido en nuestra primera década de vida el factor que nos permitió diferenciarnos. 

Esto, llevado al mundo del vino, también podría aplicarse a una bodega catamarqueña que ha encontrado en la diferenciación su leit motiv con sus vinos desafiantes, de una extraordinaria relación precio calidad. Por ejemplo, lanzando al mercado un Torrontés Rosé y una Mistela Blanca, nada menos.

La Bodega Michango, de ella hablamos, así como el apellido Andreatta, se asocian con el valle de Pomán, particularmente una pequeña población llamada Siján, vigilada por la imponencia del cerro "El Manchao" de 4.561 metros de altitud, cuyo nombre proviene de la lengua kakán y significa "lugar que mete miedo". Los vinos eso sí, por el contrario, no dan miedo sino ganas de beberlos por sus características particulares y un estilo diferente.

La historia comenzó a escribirse cuando en 1896 Augusto Cesare Andreatta arriba a la Argentina desde su Italia natal. Si bien su primer destino fue Tucumán, poco tiempo después decide instalarse en la provincia de Catamarca.

Don Augusto, por entonces era un joven de solo 25 años de edad. Fueron tiempos de arduo trabajo y sacrificios, también de ilusiones que se verían concretadas hacia 1920, instalado definitivamente en su terruño del valle de Pomán. Este lugar mágico que alimentaba su inspiración lo impulsó a construir su primera bodega en 1928. Según nos cuentan, de ella surgieron vinos Malveck (en ese entonces la bodega ya ponía el nombre varietal en sus etiquetas y el Malbec de hoy se escribía de aquella).

En 1968, la tercera generación de la familia, decide construir una nueva bodega en la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, donde hoy ya la quinta generación continúa llevando adelante la empresa siguiendo el legado del fundador. 

La centenaria Bodega Michango y su planta elaboradora en Villa Parque Chacabuco, así como el apellido Andreatta, conjugan una tradición centenaria en esta provincia para muchos no descubierta por el público masivo, desde Santa María en los valles Calchaquíes, hasta Fiambalá y las Ruta de los Seismiles, hasta el Valle de Pomán

Así como su tatarabuelo comenzó la gesta desde cero, hoy el ingeniero Andreatta comanda una bodega desarrollada tecnológicamente y que ofrece vinos en algunos casos únicos por su elaboración distintiva y cepas no tan difundidas en la actualidad. 

Andreatta Red Blend es un corte de Bonarda, Malbec y Syrah, de una producción de apenas 2.000 botellas, y cuyas uvas provienen de fincas de 80 años, a 1.000 metros de altitud con paso por madera que le aporta notas a vainilla, coco y café, notas especiadas y taninos nada agresivos. Los enólogos responsables, al igual que las restantes etiquetas, son Marcelo Moreno y Nicolás Rizza

El segundo tinto es un varietal de Malbec, 6.000 botellas y uvas siempre procedentes de Siján. Predominan los frutos rojos, notas de mermelada y vainilla. Ideal para acompañar el asado. 

El tercer vino es Andreatta Bonarda, ciento por ciento varietal, un caso especial por ser un vino catamarqueño que sorprende con esta cepa tradicional. Como nota destacable aparecen aromas intensos a frutos del bosque maduros (moras, cassis y cerezas) con toques especiados. Para los enólogos, un buen acompañamiento es la carne de cabrito. Lo que se dice un maridaje bien regional. Son 3.000 botellas. 

Lo mismo puede decirse del Andreatta Torrontés, para las empanadas y humitas. Presenta un color amarillo claro, con reflejos verdosos; notas florales y cítricas, acidez equilibrada y muy agradable en boca. Producción de 3.000 botellas. 

El portfolio de la bodega incluye también un Dulce Natural, blend en partes iguales de Torrontés y Moscatel. Exhibe un color amarillo con leves notas doradas, aromas a melón, duraznos blancos y damascos maduros. En boca se expresa frutal con notas de compota y mermelada, excelente equilibrio entre acidez y su dulzura natural. Desde ya que elegimos quesos azules para complementarse con el dulzor del vino. También se elaboraron 3.000 botellas.  

Los dos vinos que más nos sorprendieron son los que dejamos para el final. El Torrontés Rosé es sin dudas un hallazgo. El detalle distintivo que aporta el color es la maceración en frío con orujos de Malbec durante dos horas. En efecto, se observa un color rosa claro con leves tonos cereza. Los aromas son frescos y florales (típicos del Torrontés), que se entrelazan con aromas a frutos rojos. Muy sutil acidez. Un vino diferente, que va de maravillas con los pescados y platos de la cocina asiática. Son apenas 2.000 botellas.  

Y la otra joyita de la familia es Andreatta Mistela Blanca, elaborado en un ciento por ciento con uvas Moscatel. A la vista exige un atractivo color ámbar dorado. Posee aromas a frutas maduras, dulce de membrillo y pasas, sumado a los aromas a café, chocolate y vainilla aportados por su añejamiento en barricas de roble francés. En boca es dulce y complejo. Qué mejor que disfrutarlo con postres menos convencionales, por ejemplo, aquellos que son la continuación de la comida y no un paso abrupto de lo salado a lo dulce. Como los de Yamila Di Renzo en Alo's Bistró. Apenas un millar de botellas de puro placer.

Finalmente, también hay en el portfolio un espumoso: Andreatta Brut Nature, método champenoise y varietal de uvas Torrontés. De color amarillo con destellos verdosos, observamos asimismo finas burbujas persistentes. 

Se perciben aromas frutales y florales y, en boca, una equilibrada acidez que aporta frescura. Los espumosos son versátiles y nos gustan con cualquier comida. Son apenas 2.000 botellas.

La síntesis de Andreatta es que son vinos de gran relación costo beneficio, agradables al paladar, pero sobre todo que sorprenden por su estilo fuera de cualquier estereotipo conocido. 

Es verdad, Catamarca no deja de sorprendernos. Y tal como ocurre con otros polos gastronómicos alejados de la masividad, no se venden por marketing sino por la calidad del producto, sus precios razonables y la diferenciación sin caer en lugares comunes. Y eso es mayor mérito todavía.

El precio promedio de los vinos es de $ 600. Para compras en CABA, GBA y provincia de Buenos Aires, escribir a: danielgialleonardo@gmail.com

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