Un bersagliere con su sombrero de ala ancha y la pluma de urogallo típica, nos enfrenta cuando encaminamos nuestro paso hacia la entrada del restaurante, sobre la Avenida Hipólito Yrigoyen (ex Pavón), en Piñeyro, entre Avellaneda y Lanús. Adentro un menú kilométrico para rendir pleitesía a la Cocina Italiana en todo su esplendor.
Il Bersagliere - Av. Hipólito Yrigoyen 2017 Piñeyro - Teléfonos: 4218-6600 / 4228-2359. Abierto de lunes a sábado, de 12 a 15.30 y de 20 al cierre; domingos de 12 a 15.45. Principales tarjetas.
Tipo de Cocina: Italiana
Barrio: Piñeyro, Avellaneda
Precio: $$$
"Avanti Bersagliere, che la vittoria è nostra", una frase que hemos escuchado repetidamente quienes somos descendientes de italianos. De inmediato uno lo asocia con Giuseppe Garibaldi, el piamontés que fue uno de los artífices de la unificación de Italia. La arenga luego fue tergiversada por "los camisas negras" de Mussolini. Pero los bersaglieri son una institución tradicional y muy respetada en el país.
Son un cuerpo de infantería que nació en la isla de Cerdeña, en 1836. El bautismo de fuego tuvo lugar el 8 de abril de 1848 en la batalla del Ponte Goito, durante la primera guerra italiana contra los austríacos. Las características de los bersaglieri eran la velocidad en los desplazamientos y su puntería ("bersaglio" significa "tiro certero").
Octavio Curto, un inmigrante italiano que se radicó en la zona sur del Conurbano, fue bersagliere en la Segunda Guerra Mundial, antes de emigrar a la Argentina donde formó su familia. Graciela, su hija, soñaba con abrir un restaurante que rindiera homenaje a las comidas de sus ancestros. El sueño se puso en marcha en 2005 y diez años después se produjo la apertura de Il Bersagliere en una ochava de Piñeyro sobre la. Avenida Hipólito Yrigoyen, ex Pavón.
Además de la figura del soldado que nos recibe en la entrada, hay otro detalle que caracteriza al restaurante: una parra que decora el ambiente y que en particular nos trae recuerdos de la uva francesa y el vino que hacía el nonno.
Otra tradición del lugar nos lleva a Verona, donde es sabido que 1935 un grupo de voluntarias recibe cada año más de 10 mil cartas escritas a Giulietta. Las integrantes del Club di Giulietta responden una a una con recomendaciones y palabras de aliento. Luego de realizar las gestiones correspondientes, en Il Bersagliere se instaló una sucursal, de manera que se puede escribir un deseo y colocarlo en el buzón.
Es muy bueno que los restaurantes tengan historia, ya sea propia por trayectoria como por los antecedentes sobre su nombre, la saga familiar y el origen de su creación.
La verdad es que la carta de Il Bersagliere es kilométrica y pasa por todas las regiones de la bota. Hay platos para todos los gustos y en porciones generosas.
Hay una sección de antipasti freddi, con una tabla de la casa o bien el carpaccio di vitello o la burrata pugliese. Pero se optó por dos entradas calientes: ostiones gratinados con langostinos, panceta, cebolla de verdeo y parmesano, y los pulpitos enanos saltados con ajo, perejil, ají molido, pimentón y papas noisette.
Las pastas se llevan las palmas y es muy difícil elegir entre tantas opciones atrayentes. Una recomendación del mozo orientó el pedido hacia los sorrentinos negros rellenos de salmón con salsa de camarones (y muchos camarones). Pero hay pasta seca y fresca, así como otras opciones rellenas. Y la segunda decisión fue optar por uno de los tres risotti de la carta. Hay uno al vino rosso, otro de mar y finalmente el de nero di seppia con pulpo y langostinos. No se escatiman los frutos de mar, que en otros lugares llegan en cuentagotas.
Luego hay una carta di "Pesce", de la que se eligió il "Baccalá di Paola", abadejo a la plancha que sale con brochettes de vegetales y salsa de ajo, puerro, champiñones y camarones.
En el capítulo de carnes, además de vaca y pollo, proponen conejo a la cazadora, chivito deshuesado a la calabresa y hasta ranas a la provenzal, entre otros platos.
Lo postres son bien clásicos italianos, como cannoli siciliani, tiramisú, semifreddo y el "Dolce Natalizio", pan dulce que llega a la mesa con una copa de sidra.
La carta de vinos es también extensa y los precios muy razonables. Para terminar con una grappa y un ristretto, como se debe. Los mozos son como los de antes y saben aconsejar adecuadamente en cuanto a gustos y tamaño de porciones.
Il Bersagliere tiene un encanto especial para los que venimos de ancestros italianos. Comida rica, sabrosa, en tamaños considerables y buenos precios.
Mutsuhito es un speakeasy que lleva como nombre el apodo que tenía el Emperador Meiji, y que solo lo conocían sus más íntimos. Está ubicado, precisamente, en la planta alta del brasero japonés Emperador Meiji y consiste en un omakase de 17 pasos, que tiene como otro sello distintivo que nos tocó en suerte una itamae mujer, algo poco habitual en estos casos.
Justo enfrente de Mondongo y Coliflor, hay un edificio histórico en cuyo local de la planta baja vendían productos apícolas. Cuatro emprendedores gastronómicos tomaron el desafío de restaurar las instalaciones para abrir un restaurante de pizzas, pastas y miel (haciendo honor a los orígenes del lugar), más la tradición porteña del moscato. Casa Bellucci apuesta a los productos de calidad y el know how de sus socios, uno de ellos maestro pizzero, otro un cocinero reconocido de vasta trayectoria y dos amantes de la buena mesa devenidos en restaurateurs.
El chef Miguel Ángel Sosa, se ha hecho un experto en la restauración de clubes sociales y deportivos. Lo conocimos hace ya una década en La Casona del Retiro (un club de rugby y otras actividades), en Hurlingham. Y cómo experto asador que es, su segundo emprendimiento es 1980 Parrilla de Culto, también el oeste del Conurbano. Más tarde, abrió con un suceso notable La Casona de Belgrano, que funciona dentro del Club Belgrano. Hoy nos ocuparemos de ambos restaurantes de la Zona Oeste.