¿Los fiambres y la carne son cancerígenos? Vivir y dejar morir
Martes, 27 de octubre de 2015
De seguir así, vamos a tener que morir de inanición. Ocurre que éramos pocos y… no solo los psicóticos dicen que el salmón rosado es “veneno”, sino que también la OMS asegura que, embutidos y carnes procesadas, son cancerígenos.
Todo en su medida y armoniosamente. La frase, atribuida al general, dirigida a los “imberbes montoneros”, le cabe como anillo al dedo a lo que hoy se ha transformado en una especie de psicosis, producto de la desinformación con la que se habla de la alimentación humana.
Si siguen así, nos van a convencer de que no hay que comer nada, ya que todo es cancerígeno. Claro que morirse de hambre es mucho peor.
Alguien que se cree maestro Siruela (y periodista), señala sin ponerse colorado que él “nunca conoció a nadie que se muriera por comer carne”. Claro, parece no saber que en Europa hubo serios problemas con la Encefalopatía Espongiforme Bovina, virus más conocido como “mal de la vaca loca”. O que hay una enfermedad que puede ser mortal, denominada “síndrome urémico hemolítico”.
Pero atención, en todo caso, estas son excepciones que confirman la regla. Nadie que consuma pescados o carne en cantidades adecuadas, se va a morir intoxicado o envenenado.
El organismo también señaló que “la carne roja (vacuna, cerdo, caballo, cordero, etc.) es probablemente carcinógena”. Más absurdo todavía.
Desde el Instituto Norteamericano de la Carne, en tanto, afirmaron que este estudio “atenta contra el sentido común”.
Sin embargo, existe una contradicción evidente, ya que la misma Agencia destaca más adelante que “el riesgo de estos alimentos para una persona es limitado”. Más precisamente, afirman que “para un individuo el riesgo es pequeño, pero aumenta con la cantidad consumida”. ¿En qué quedamos? ¿Hay mucho riesgo, poco, o más o menos? Porque encima, la OMS va más allá, asegurando que también son cancerígenos los fiambres, los ahumados y los embutidos.
Lo que hace falta es coherencia, para que nadie escriba sobre lo que no sabe, para que estudios relativos como el de la OMS no sean tomados como certeros, que ningún cocinero desinformado cree psicosis en la población.
Tomo como propias las palabras de Iñaki López de Vinaspre, propietario de la cadena de restaurantes Sagardi, quien dijo: “cuando entra de forma salvaje en nuestra vida privada, en lo que comemos, en lo que bebemos, con lo que gozamos, en cómo amamos, en nuestro último rincón de intimidad estamos muy jodidos”.
Dice Iñaki: “adelante con el chuletón (N. de la R. símbolo de la cocina vasca en general y de Sagardi en particular); viva el placer; muera la dietética castradora, muera el veneno controlador social”.
Y al final se me ocurre recordar el título de una película de James Bond y al mismo tiempo de la canción que Paul McCartney hizo para la ocasión: “Live and let die”. O sea, “vivir y dejar morir”.
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