Diez platos, doce comensales máximo, dos mínimo, una sola mesa, casi una persona para atender a cada comensal, un precio que suena a exageración ($ 1.800) a octubre de 2015 y maridaje con excelente servicio, todas características del restó flotante privado Kiria. Una rareza donde se lo mire, digno de conocer si uno está en condiciones de afrontar el gasto.
La cantidad de personas la maneja el cliente, que puede ir acompañado por su pareja en tono romántico; con amigos, una celebración especial o simplemente para disfrutar de una comida distinta.
Contra lo que se pueda pensar, la propuesta del chef Alejandro Goñi, ex Godoy, no resulta ni excéntrica ni sofisticada al extremo. Los platos denotan creatividad y el uso de ingredientes de alta calidad. Luego se puede cuestionar, como hemos leído por ahí, el precio y los antecedentes del cocinero, que en este último caso carecen de significación si lo que llega a la mesa satisface plenamente.
El ambiente juega un papel preponderante en Kiria. Por su ubicación, a la que se accede a través de un puente que nos traslada al pontón en el que está el salón vidriado y que permite observar una fantástica vista de los diques y los edificios porteños. Por la privacidad del lugar. Y por el deck que también jugará un papel especial cuando por fin llegue la primavera con sus temperaturas agradables.
El menú varía según la estacionalidad de los productos, la mayor parte de ellos buscados entre productores artesanales de las diferentes regiones de nuestro país.
Con la llegada de los primeros fríos, La Casona de Belgrano presentó su nueva carta otoño-invierno 2026, con nuevos platos de cuchara, renovados cortes de carnes y sopas. Continúan sus imperdibles empanadas y su Majestad, el Osobuco del Rey.
Para tener éxito y llamar la atención, sobre todo dentro de un mercado tan competitivo como el gastronómico, hay que buscar diferenciarse. Y si de pizza se trata, la cosa se pone más que difícil porque hoy existen variantes y estilos de todo tipo. Pero el maestro pizzero Javier Labaké, exdirector de la Escuela de APYCE y socio del emprendimiento, ha conseguido hacer algo distinto y personal en Casa Bellucci.
Ni moda pasajera, ni fusión forzada: Mitingu es street food bajo sus propios códigos. Con una cocina abierta que apuesta a la transparencia y una pastelería al mismo nivel que su cafetería de especialidad, la propuesta se consolida como un proyecto integral de tres miradas: estética, entorno y producto. Un equilibrio real, que ya definió su propia frecuencia en la escena gastronómica actual.