Este año Jesolo cumplió 10 años de vida, justo cuando nacía el hermano menor El Galleta García. El hijo del medio de los hermanos Zárate es Casa Enna. Un lujo para la capital de la provincia de Buenos Aires.
Al menos en este caso hay una década ganada. Jesolo, el pintoresco ristorante de los hermanos Zárate, cumplió este 13 de junio sus primeros diez años de vida. La apertura fue una especie de revolución en una ciudad que por entonces, tenía poco que ofrecer en materia de gastronomía. Hoy las cosas han cambiado, por suerte, y podemos decir que Diego Zárate, siempre acompañado por su hermano Patricio, fue un precursor. Después de Jesolo abrieron Casa Enna, con una propuesta de alta cocina hoy más desarrollada en la capital de la provincia.
Ambos son asiduos colaboradores de Fondo de Olla ®, nos traen sus apuntes de viajes dondequiera que vayan y en el caso de Patricio, también es referente de nuestro portal en materia de vinos.
Jesolo (léase Iesolo con acento en la I) hace referencia a una localidad de playa cercana a Venecia. Allí trabajó Diego y logró aprender todos los secretos de la pizza de estilo napoletano, aunque en su local se toma algunas licencias para adecuarse al gusto argentino. Y también hay pastas caseras, con ideas también traídas de la península. Diego es un viajero incansable y últimamente ha extendido su curiosidad con viajes a España, Perú y México.
En Jesolo hay también otro detalle para el asombro y son los precios, increíbles si se los compara con Buenos Aires. Sólo basta ir y comprobarlo. La Carta de Jesolo, además de las pizzas más tradicionales como la Margherita, la Napoletana y la Capricciosa, ofrece las variantes blancas (como la Luna Vecchia con mozzarella, espinaca, salsa blanca, brie y cebolla; o la Pato Pazzo con mozzarella, brie, salmón ahumado y camarones). Y también algunas más contundentes, tales los casos de la que lleva el nombre del local (lleva tomate, mozzarella, jamón crudo, rúcula y parmesano) y la Frutti di Mare.
Pastas caseras, pizza a la italiana, un ambiente de trattoria que encima tiene precios al alcance de todos. Más no se le puede pedir a Jesolo.
Entre las pastas, se destacan los pennette rigate alla Norma o al Salmone; spaghetti alla scarparo; varenikes de papa cebolla; tagliolini nero de seppia; ravioles negros rellenos de langostinos, y algunos platos con pollo o carne.
Para el final, nada mejor que un gelato affogato. Patricio, el menor de los Zárate, es el responsable de la carta de vinos, elegida con criterio aunque no hay que desdeñar la cerveza si de pizza se trata. Acaba de regresar de España, donde hizo un stage en el servicio de El Capricho, el restaurante de carnes más famoso de la Madre Patria.
El local ha sido remozado y hoy ofrece también un patio ideal para disfrutar el clima que se viene. El horno está a la vista y es una atracción extra ver cómo salen las pizzas frenéticamente. Y no olviden la relación precio calidad, es imbatible.
Casi dos años más tarde, volvimos a Somos Asado. No es una parrilla tradicional ni lo quiere ser: sí un restaurante de carnes con las propias interpretaciones de Gustavo Portela. Por otra parte, la estructura edilicia permitió armar distintos espacios dentro de lo que fuera en su momento una fábrica de camisas del abuelo de Verónica Krichmar, maître del restaurante y esposa del chef.
Cuando la sofisticación gastronómica decide ignorar los protocolos: así nace esta propuesta de "cocina de barrio" y descontracturada de club, destinada a despertar el costado más inquieto de Las Cañitas.
Si existe un personaje histórico identificado por ser un sibarita hecho y derecho, ese mismo es Sir Winston Churchill. Más allá de tratarse de un británico, algo que a los argentinos suele caernos mal, la figura de este personaje con enorme gravitación en la historia del Siglo XX, nos cae simpático por ser un amante casi obsesivo de la comida y la bebida. De ahí que ir a Winston Bar, ya se su pub de la planta baja, como al living ubicado escaleras arriba, resulta no solo un homenaje a esta figura emblemática durante la Segunda Guerra Mundial, sino también un regocijo a nuestros sentidos de la mano del chef Jonás Alba. En esta nota doble, uno se refiere a la experiencia que comenzó el año pasado y la otra a la visión más joven y descontracturada, menos flemática, de Carla.