Mucho más que una competencia de sushimen, lo que pasó en La Rural fue el termómetro de una pasión que transformó el Salón Ocre en un microclima de precisión y cultura oriental. Crónica de una jornada de adrenalina y técnica, que proyecta su sombra hacia el Pacífico.
Acabamos de vivir la primera edición de la Sushi World Cup 2026, evento que convocó a sushimen y restaurantes locales, y tenemos mucho para contar. No fue solo una competencia; se trató de la consolidación definitiva de una cultura que en Buenos Aires ya no es un nicho de expertos, sino una identidad gastronómica madura.
Si bien la cocina japonesa convive con nosotros hace décadas gracias a pioneros e instituciones icónicas, lo que vimos en La Rural fue el salto a una escala sin precedentes. Pasamos de la apreciación silenciosa a una fiesta masiva que puso a la ciudad como el epicentro regional de la especialidad.
Llegamos súper temprano al Salón Ocre y el impacto fue inmediato: una algarabía que se sentía en el aire y ese aroma inconfundible a langostinos y arroz avinagrado, que te mete de lleno en el universo de los Edomae y las barras tradicionales.
Había emoción real. Caminar entre las 27 estaciones de trabajo, era ver una coreografía de precisión: sushimen y sushiwomen concentrados, trabajando a un ritmo impecable con una organización y practicidad que daba gusto ver.
Lo que más nos llamó la atención, fue cómo el evento logró que 10.000 personas se desconectaran de la ciudad para meterse en este microclima de competencia sana. No era solo mirar; era vivir el proceso.
Mientras el jurado -con figuras como Edgar Kuda, Alejandra Kano y Damian Shiizu- evaluaba técnica y sabor a ciegas, la gente circulaba con una curiosidad contagiosa por el milenario oficio del sushi.
Fue una satisfacción personal ver cómo proyectos que conocemos de cerca y que respetamos por su trayectoria, como el equipo de Namida, lograban plasmar esa maestría en el box de competencia, quedándose finalmente con el primer puesto en la categoría Hosomaki.
Entre charla y charla con amigos del sector, pudimos ver cómo el evento funcionó también como un gran punto de encuentro para el abastecimiento. El Salón Ocre no era solo competencia; había todo un ecosistema de stands con equipamiento gastronómico, puestos de snacks japoneses y esos insumos específicos que antes solo se conseguían en canales cerrados.
Uno de los puntos que más convocó, fue el espacio de Naccato Foods. Como referentes en la distribución de insumos, demostraron que el sushi ya no es un misterio inalcanzable: tenían todo lo necesario para que cualquiera pueda resolver ese antojo oriental, con calidad profesional.
Ver a los asistentes saliendo con sus bolsas, entusiasmados por intentar sus propios rolls en casa, confirma que estos encuentros derriban la barrera entre la barra especializada y el consumidor.
Después de 50.000 piezas producidas en vivo (una cifra que marea solo de pensarla), el jurado dio su veredicto. La gran ovación se la llevó Otoro (Belgrano), coronándose como el Gran Campeón de la Sushi World Cup 2026.
Pero el talento estuvo repartido por toda la ciudad y el Gran Buenos Aires:
Esta edición no solo posicionó a Buenos Aires como referencia, sino que dejó la vara altísima para lo que viene: la próxima edición en Lima. Como la capital peruana (mi ciudad natal) es la cuna absoluta de esta gastronomía y como viajamos constantemente para nuestras notas, ya estamos tachando los días; lógicamente, queremos estar ahí para ver cómo sigue esta historia.
Nos fuimos de La Rural con esa sensación linda de haber presenciado un hito. Más allá de los trofeos, lo que quedó fue una fiesta de competencia sana, mucho respeto por el producto y la confirmación de que el sushi en la Argentina ya tiene un vuelo propio que no para de crecer.
Organizado por la Consejería de Turismo de la Embajada de España en Buenos Aires, del 3 al 12 de abril se celebra la 5ta edición de Tapeando. Durante diez días, más de 50 restaurantes de seis ciudades argentinas -Ciudad de Buenos Aires y Zona Norte, Mar del Plata, Mendoza, Córdoba y Rosario- ofrecerán tapas especialmente creadas para el evento.
Emperador Meiji abrió sus puertas a fines de 2021, recién saliendo de la pandemia con una carta que recoge más de 100 años de historia vinculada a la cultura japonesa. Esa etapa es conocida como la "restauración", y fue gracias a su gestor que el país se convirtió en la potencia que es hoy en día. Este brasero le rinde homenaje precisamente a aquel progresista Emperador del Japón. Su carta expresa hoy platos innovadores, que refuerzan la propuesta inicial.
Tras los últimos nueve años con Julieta Caruso como chef ejecutiva, ahora se abre un nuevo capítulo en Casa Cavia con la llegada de Félix Babini y una carta que vuelve a poner el foco en lo esencial: producto, estacionalidad y una cocina que se mueve con y técnica y creatividad.