Blossom (traducido al castellano significa "florecer) cuenta con cuatro locales en la Zona Norte: Olivos, Martínez, San Isidro y San Fernando. El local ubicado frente a la Catedral de San Isidro es el más espectacular y podría ser comparable -como nos dijo un amigo-, con cualquier lugar privilegiado de París u otra ciudad europea. Posee dos niveles en altura y, en la planta baja, funciona la heladería Dolce. Con la incorporación del chef Jonathan Zapata, se amplió la propuesta gastronómica de la marca.
Blossom "florece" en la Zona Norte haciendo honor a la traducción de la palabra tanto en lengua inglesa como francesa. Y hablamos particularmente del local de San Isidro, ubicado estratégicamente frente a la Catedral y la plaza en barranca, a cuyos "pies" se encuentra la Estación del Tren de la Costa.
Una ubicación privilegiada sin dudas, que está a la altura de cualquier ciudad europea, particularmente París.
Junto a Blossom San Isidro, funciona además la heladería Dolce, algunos de cuyos productos pueden ser degustados también en los restaurantes de la cadena de la Zona Norte.
Abiertos durante todo el día, en sus diferentes horarios ofrecen pastelería y panadería artesanal, carnes braseadas, empanadas y pizzas al horno de barro y pastas caseras, entre otras opciones.
Pero algo está sucediendo (y aún por suceder), particularmente en este pintoresco local. Nos lo cuenta Jonathan Zapata, chef que se incorporó al grupo para darle "un toque de distinción" a la propuesta con la incorporación de platos que exigen mayor elaboración y que se irán agregando a la carta en forma periódica.
El chef es muy joven, pero trabaja en el rubro gastronómico desde los 16 años (fue en una panadería). Lo que se dice empezar bien de abajo, como suele pasar.
También fue ayudante de cocina en un bodegón e hizo una experiencia con el chef mexicano Israel Dugay.
Luego tuvo un paso por La Mar Buenos Aires, en los tiempos en que la brigada era comandada por Anthony Vásquez. También trabajó en Negroni Punta del Este y, más recientemente, en Botafogo, Río de Janeiro, en el Restaurante Lima Cozinha Peruana, junto al chef Marco Antonio Espinoza.
Jonathan fue repatriado por Blossom para dirigir la cocina de los cuatro locales. Y, en el caso de San Isidro, tuvimos el privilegio de degustar algunos de los platos que están siendo incorporados a la carta.
Algunas de esas opciones son el rosti andino, con langostinos al ajillo, hongos, mayonesa andina, cilantro y tomates cherries; la pasta de nero di seppia (tortiglioni en tinta de calamar, salmón, langostinos y calamares salteados con salsa de cangrejo).
Y Rib Eye de 500 gramos al quebracho y puré especiado, hierbas frescas, champiñones, tomate y verdeo.
Además de los helados y la pastelería que son un fuerte del lugar, se agregaron las peras maceradas al Malbec y especias, crumble cítrico y helado de crema americana con crema inglesa.
En lo particular, se probaron otros platos como una versión diferente de hummus; sopa de calabaza con nueces; vieiras gratinadas; canelones con salsa de tomate y bechamel, y una delicadeza total para el paladar como resultó el pato en su justo punto de cocción con puré de boniato.
No podían faltar tampoco para culminar la degustación los helados y tabletas de Dolce.
Está muy bueno que los cuatro Blossom apunten a una cocina más elaborada, que va a redondear sin dudas una propuesta a la que el público le ha dado su visto bueno desde el vamos.
Este primer paso dado en San Isidro nos dejó una sensación de beneplácito, en tanto y en cuanto expresa las ganas de crecer y no quedarse en la zona de confort. Un desafío grande, en medio de una inflación galopante y miles de problemas que afectan el normal desenvolvimiento de los restaurantes.
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