Las tapas, que nacieron en Andalucía de una manera curiosa (hay muchas versiones distintas, pero lo concreto es que se acostumbraba a tapar el vaso o la copa con un pedazo de pan y una rebanada de jamón para evitar que cayera un insecto sobre el líquido), forman parte indisoluble de la cultura gastronómica de los españoles. En Paquito, los chefs Germán Sitz y Pedro Peña tomaron ese concepto y ofrecen su versión de pequeñas raciones para compartir en buena compañía.
Paquito - Thames 1999 esquina Soler, Palermo Soho. Teléfono: 11 2563 1226. Abierto de martes a viernes de 18.30 a 00.00; sábados de 13.00 a 17.00, y de 20.00 a 00.00; domingos de 13.00 a 22.00. Precio: $$$. Instagram: @xpaquitobarx.com
Paquito es una más entre las exitosas creaciones de la dupla Germán Sitz- Pedro Peña, algo así como los "dueños" gastronómicos de la calle Thames, donde poseen La Carnicería, Niño Gordo, Chori, Juan Pedro Caballero y pronto otra novedad sobre la misma arteria.
"Lo bueno, si breve, dos veces bueno", decía Baltasar Gracián, lo que le va de perillas al concepto de tapas españolas, que tienen como característica común el tamaño de los platos, en modo de pequeñas raciones.
Vale aclarar para los más despistados que, por ejemplo, los pintxos vascos y los montaditos catalanes son un tipo de tapas, servidas sobre una rebanada de pan. Pero, sin embargo, las tapas más comunes son las que se sirven al plato en un tamaño de tipo degustación.
Sobre esa base, en Paquito han desarrollado la idea desde la calidad de la materia prima y el respeto por las tradiciones culinarias españolas.
El menú se agrupa en embutidos y quesos; platitos, dulces y bebidas, entre las cuales ofrecen sidra tirada, cerveza ídem, vermut y una carta de vinos bien nutrida de bodegas clásicas y otras del tipo garaje.
En el primer capítulo se destaca el jamón de tipo ibérico, de origen mendocino, impecablemente cortado. Recomendamos disfrutar de los aromas antes de probarlo.
También hay longaniza española y salame ibérico (porciones de 100 gramos), y queso (consultar).
De los platitos se probaron varias opciones, como las gambas al ajillo, de etérea fritura; la morcilla con queso azul y peras; las croquetas de jamón, y los boquerones ahumados (afortunadamente sin esa agresiva vinagreta que suele acompañar a este producto).
Quedaba aún espacio para el plato más contundente del menú: arroz a banda (que sale cuando sale, como dice la carta). Se prepara sobre la base de caldo de pescado y, en este caso, contenía langostinos, mejillones y arvejas, servido en una sartén.
Otras opciones del rubro "platitos" que no se probaron, son la tortilla de Paquito (siempre babé); patatas bravas; gazpacho; huevos rotos con chistorra, morcilla, jamón, hongos o nduja; empanada gallega y ensalada rusa.
Hay además mejillones y/o almejas a la marinera con papas fritas; chistorra a la sidra + coliflor; bocata de Leo (pan brioche, jamón serrano y queso), y pesca del día (consultar).
Los postres son dos: tarta de quesos (no confundir con un simple cheesecake; en este caso lleva queso azul), y crema catalana en tamaño como para compartir.
Vale la pena tapear con Paquito, mejor aún en compañía numerosa para pedir y probar más opciones de la carta. Es otra creación exitosa de la dupla que inventó el polo gastronómico de la calle Thames.
De París a San Telmo, el retorno a su patria y otra vez de vuelta al barrio más antiguo de la capital argentina. Se llama Marc Eugene, y hace más de una década que ofrece auténtica cocina francesa en "Lo del Francés". Platos sabrosos y exuberantes, con una muy buena relación precio calidad. Un bistrot porteño, con espíritu parisino.
Lejos de las pretensiones y el lujo impostado, este rincón de Colegiales se consolida a través de una cocina honesta. Es un espacio donde la técnica se pone al servicio de la conexión humana, demostrando que cuando el plato tiene identidad y el ambiente respira bienestar, la gastronomía recupera su capacidad de emocionarnos sin necesidad de artificios.
El mito que nació el 24 de marzo de 1935 en Medellín, con la absurda muerte del Zorzal Criollo, dice que "Gardel cada día canta mejor". A la cortada que lleva el nombre del cantante más popular de nuestro país, llegó un peruano que "cada día cocina mejor". Raúl Zorrilla Porta, de solo 35 años, se ha convertido no solo en referente de la culinaria peruana en Buenos Aires, sino también en una "máquina de crear". Llegó a estas tierras de muy joven para estudiar Comercio Exterior, pero una casualidad lo llevó a dedicarse a su gran pasión: la cocina. Aquí su historia. Y la vuelta de Kamay al barrio que lo vio nacer.