Un restaurante con aires de campo

El Granero de Milberg

Viernes, 16 de diciembre de 2022

Durante la temporada primavera-verano, comer en Granero tiene un plus incomparable. Es el estilo rural de su construcción y el ámbito en el cual se ha instalado el restaurante. La propuesta gastronómica hace hincapié en la calidad de la materia prima y en elaboraciones sencillas (carnes seleccionadas, pastas artesanales, huerta propia, horno de barro).

Granero - Dirección: Olivares 190, Rincón de Milberg, Tigre. Teléfonos: 11 6138 7401. Horarios: martes a viernes de 12:30 a 17.00, y de 19:30 a 00.00; sábados y domingos de 12 a 1 AM. Instagram: @granero_milberg

Está precisamente en Tigre, en el Rincón de Milberg, donde abrió sus puertas hace casi un año. Frente al Shopping Remeros Plaza, y enfrente del Delta Rugby Club. Pese a su cercanía con Nordelta, se ubica en una zona menos transitada.

Se va por el Ramal a Tigre de la Panamericana hasta el final, allí se gira a la izquierda hasta ingresar al Camino de los Remeros y, al llegar a la rotonda de la Ruta 27, en lugar de cruzar el puente sobre el Canal Aliviador en dirección a Nordelta, se toma una calle secundaria y a pocos metros nos encontramos con este restaurante que es realmente una rara avis.

La construcción está creada en un 100% a partir de materiales reciclados. Otro atractivo es que el restaurante fue construido sobre un terreno virgen, a partir de elementos provenientes de desarmaderos de la zona, maderas rústicas traídas de Misiones y chapas de campo rescatadas del olvido.

En este escenario, la experiencia se puede vivir desde varios sectores: por un lado, se encuentra el gran salón repleto de plantas y murales, donde se ubican mesones comunitarios, mesas para dos o cuatro personas y un área reservada para reuniones.

Este sector posee también la barra de cócteles y un ahumador gigante a modo de decoración. La imagen de un yaguareté en una de las paredes es otro elemento destacable, porque a este animal se debe que el partido y la ciudad cabecera se llamen "Tigre".

Por otra parte, hay una terraza climatizada, otro espacio al aire libre con sillones, un jardín con mesitas ideales para parejas, y la huerta de la casa con una mesa comunitaria y bancos.

Cabe resaltar que Granero apuesta por la sustentabilidad y el cuidado al medio ambiente: en el techo hay paneles solares que alimentan parte de la energía que utiliza el restaurante y también a una estación de carga de autos y motos eléctricos, que está a disposición del público. Además, cuenta con un estacionamiento con capacidad para 110 autos.

Y otro factor de sorpresa, es la cava equipada con más de 120 etiquetas. En materia de coctelería, hay algunas sugerencias como el Bellini a la Birra (espumante de cordial de cerveza e hibiscus); Granero Amarillo (gin, limoncello, cordial de lima y tónica), y Gimlet de pomelo (vodka con almíbar de pomelo rosado y pomelo blanco).

Para definir el estilo de cocina, deberíamos orientarla en primer lugar a la calidad de la materia prima, para seguir con elaboraciones sencillas pero creativas, con protagonismo de las carnes seleccionadas especialmente para la casa y pastas de producción propia, cocciones al horno de barro y vegetales de la huerta propia.

De todo este cóctel positivo, salen platos exuberantes y ricos, que están a tono con el lugar en el que se degustan. Pocas veces en Fondo de Olla © nos detenemos tanto a hablar de la ambientación pero éste, en particular, es un caso distinto y lo merece. Por otra parte, la cocina está a la vista y el servicio resulta eficaz y atento.

La carta está agrupada en entradas, platos al horno de leña, pesca del día, grill, carnes y cocina. Para comenzar hay una buena selección de quesos y charcutería, con frutos secos y pickles; empanadas de carne fritas; carpaccio de lomo con alcaparras fritas, parmesano y brotes de rúcula.

Pero se optó un plato de estación, fresco, como los espárragos más huevo a 63°, papas paille y polvo de jamón serrano. Y también fainá de arvejas (novedoso) con crema de queso de cabra, tomates orgánicos fileteados y cebolla crocante.

La restante entrada fue la morcilla crocante al hierro, con hinojo, rúcula y manzanas verdes que forma parte de las opciones del Grill.

Del horno de barro salen las pizzas en cuatro versiones (atentos a la fugazzetta della nonna); mollejas braseadas con papas en triple cocción, salsa de hierbas y chile verde. Para quienes opten por la pesca del día, el camarero sabrá orientarlos.

Del grill, hay provoleta con chutney de tomates especiados y hojas de la huerta; chorizo de cerdo y vegetales ahumados; chinchulines de vaca y provenzal de menta; y riñoncitos vacunos dorados al laurel.

Para los principales se aceptó la sugerencia de la camarera, una ensalada con gran variedad de productos de la huerta, muy buen acompañamiento del ojo de bife, que salió en su punto pedido.

Otras opciones carnívoras, son el chuletón de ojo de bife para dos personas; bife de chorizo; asado del centro (cinco costillas); bondiola de cerdo ahumada marinada en especias y cítricos; lomo de novillo especiado a las hierbas, y pollo de granja al limón.

De la cocina, recomiendan el lomo de ciervo, con cremoso de papa, cebollas asadas y chucrut; pastas como fettuccine al huevo con pesto de frutos secos y albahaca; ñoquis de sémola a la romana gratinados con crema de espinaca; agnolotti aptos para veganos de zapallo y choclo; pero ya sabíamos que los canelones de cordero y espinaca, gratinados, eran un must de la carta. Excelente opción.

Los postres son muy creativos. Como el mousse de chocolate 70% cacao, con crumble de castañas de cajú y naranja; las peras al Malbec asadas al horno de barro, texturas y helado de chocolate belga; o el flan de dulce de leche con crema de coco y crocante de avena.

Más fresco, ideal para el mediodía caluroso que nos tocó en suerte, resultó la pavlova de frutas frescas, crema dementa y helado de lima limón.

Muy buena carta de vinos, en la que se ensamblan tanto etiquetas de bodegas tradicionales como de pequeñas producciones. Optamos por el Crux Gewürztraminer, un blanco acorde a la calurosa mañana-tarde que parecía de verano.

Por último, hay que resaltar que la relación precio calidad es muy buena. Granero es una opción diferente, en una zona en la que se está poblando de lugares no siempre de alto valor gastronómico. Tan cerca de Nordelta como de Tigre Centro, y fuera de los horarios pico no demanda un viaje de más de 30-40 minutos desde CABA. Vale la pena.

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Fuimos a Chila. Y seguramente será la última vez que lo hagamos, porque el restaurante cerrará sus puertas definitivamente el 28 de febrero próximo. Probar el menú degustación creado para la despedida, fue una experiencia que nos gratifica el alma. Gracias a Andrés Porcel, por su condición de mecenas de la alta cocina en nuestro país. Gracias al chef Pedro Bargero y su brigada, por la creatividad y el trabajo que hay detrás de cada plato.