Un clásico bodegón de barrio, con una carta de platos que nos gustan a todos y precios razonables. Viejo Norton tiene una larga trayectoria en Vicente López, en su ubicación privilegiada, a pasos de la estación ferroviaria del Mitre (Ramal a Tigre). Nuestra visita estuvo potenciada por vinos y un espumantes de Vinyes Ocults.
Dirección: Miguel de Azcuénaga 900 esquina Melo. Teléfonos: 4797-9712/9581. Abierto todos los días mediodía y noche. Principales tarjetas.
Tipo de Cocina: Porteña
Barrio: Vicente López
Precio: $$$
La cita con el sommelier Marcelo Figueredo tenía que ver con la posibilidad de probar otros vinos de Vinyes Ocults (https://www.fondodeolla.com/nota/17556-el-hombre-que-queria-ser-vino/ y el lugar elegido fue Viejo Norton, un clásico añejo de la Zona Norte del Gran Buenos Aires.
Un restaurante de "gallegos" que hacían todo en el momento, al punto que los clientes no se quejaban, aunque tuvieran que esperar más de media hora por un plato. Pero ellos ya no están y el restaurante -que estuvo cerrado un tiempo- fue recuperado por sus nuevos propietarios.
Lo que no ha cambiado es el estilo de cocina: simple, abundante, rico y de precio "barrial", aunque éste en particular sea un punto que ya no se respeta tanto como antes, sí en este caso.
En Viejo Norton la carta es no demasiado extensa, lo que favorece la elección. Parecería impropio no comenzar con las empanadas de carne fritas, muy jugosas, potentes en cuanto a sabor, exuberantes en tamaño. Y, para romper eso de los maridajes estrictos y convencionales, las acompañamos con un producto novedoso de Vinyes, el Nat Charmat 100% Pinot Noir. Ideal para una noche calurosa, vivaz, fresco y con finas burbujas.
Como lo que seguía eran dos blancos, se pidieron las rabas y la tortilla, que salió babé como se la había pedido y que, por su tamaño, puede compartirse entre tres y cuatro personas. Este fue el momento de probar el Viognier tradicional sin madera y, a modo de primicia, otro blanco de la misma cepa, pero con añejamiento en roble.
Para los principales, una enorme milanesa napolitana y sendos matambritos de cerdo muy tiernos con papas españolas, se probaron dos tintos que, a esta altura, son íconos de la bodega.
Un Merlot al que Tomás Stahringer, enólogo y propietario, y el propio Figueredo le pusieron todas las fichas y que demuestra el gran potencial de esta cepa que, inexplicablemente, muchos no valoran en su justa dimensión.
Y también una verdadera bomba de tiempo, que es el Gran Malbec (el que tiene la chapita con la imagen de una calavera, como las que rinden homenaje a los muertos en México).
Volviendo a Viejo Norton, a título informativo hay que agregar que la carta abunda en variedad de tortillas y omelettes; pescados como merluza y salmón en varias preparaciones; también gambas al ajillo con papas españolas.
Por el lado de la parrilla, bife de chorizo con guarnición; lomo salseado (al champiñón, mostaza, a la pimienta, al verdeo, entre otros).
Hay varias opciones de pollo: grillado o salseado. Y milanesas para todo el mundo: de ternera o de lomo, napolitana, suiza, gratinada con queso gruyere; de pollo; a la Maryland, etcétera.
Hay también un nutrido capítulo de pastas: tallarines, sorrentinos, ñoquis y raviolones con nueve opciones de salsas a elegir. Asimismo, tallarines con langostinos y mejillones.
Los postres son clásicos porteños: flan, budín de pan (ambos con dulce de leche y crema, a pedido); torta tibia de manzana con helado; queso y dulce, y un olvidado de épocas anteriores, como el charlotte.
Para comer rico y sencillo, con toda la onda barrial, Viejo Norton no falla y sigue siendo un preferido de los vecinos de la Zona Norte.
Casi dos años más tarde, volvimos a Somos Asado. No es una parrilla tradicional ni lo quiere ser: sí un restaurante de carnes con las propias interpretaciones de Gustavo Portela. Por otra parte, la estructura edilicia permitió armar distintos espacios dentro de lo que fuera en su momento una fábrica de camisas del abuelo de Verónica Krichmar, maître del restaurante y esposa del chef.
Cuando la sofisticación gastronómica decide ignorar los protocolos: así nace esta propuesta de "cocina de barrio" y descontracturada de club, destinada a despertar el costado más inquieto de Las Cañitas.
Si existe un personaje histórico identificado por ser un sibarita hecho y derecho, ese mismo es Sir Winston Churchill. Más allá de tratarse de un británico, algo que a los argentinos suele caernos mal, la figura de este personaje con enorme gravitación en la historia del Siglo XX, nos cae simpático por ser un amante casi obsesivo de la comida y la bebida. De ahí que ir a Winston Bar, ya se su pub de la planta baja, como al living ubicado escaleras arriba, resulta no solo un homenaje a esta figura emblemática durante la Segunda Guerra Mundial, sino también un regocijo a nuestros sentidos de la mano del chef Jonás Alba. En esta nota doble, uno se refiere a la experiencia que comenzó el año pasado y la otra a la visión más joven y descontracturada, menos flemática, de Carla.