La irracional cuarentena de ocho meses decretada por el gobierno de científicos, dejó el tendal en el negocio gastronómico. Y fueron muchos los que cerraron sus puertas, algunos de ellos lugares históricos de la ciudad. Pasaron casi dos años y el mundo sigue sin entender a esta pandemia que parece propia de la Edad Media y no del Siglo XXI. Pero afortunadamente se anuncian algunas reaperturas de restaurantes y bares. Una buena señal, entre tanta malaria.
Los que miran de afuera se creen que todo lo que reluce es oro. Pero el negocio gastronómico es muy complejo y no siempre otorga dividendos que justifiquen la inversión.
Ciertamente, son más los que fracasan que los que tienen éxito. Nada extraño en un país que no puede salir de la inflación galopante, producto de sus vicios que vienen de muchas décadas oprobiosas.
De manera que, a nadie deba sorprender la cantidad de restaurantes que se quedaron en el camino, cuando primero la cuarentena de ocho meses les impidió abrir sus puertas y, luego, la continuidad de la pandemia con severas restricciones demolió las esperanzas de una nueva tanda de empresarios gastronómicos que tuvieron que bajar las persianas.
Entre los mencionados se encuentra precisamente El Obrero, histórico bodegón de La Boca que cerró sus puertas hace varios meses y que por entonces se anunció como definitivo.
Ahora, con un socio que se sumó a la empresa, reabre aun cuando las condiciones no sean las óptimas (no olvidar que la mayor parte de su clientela eran turistas extranjeros).
Otro lugar que lamentamos que, en su momento, dejara de atender a sus fieles clientes, fue Hong Kong Style. Nos cuentan que su creador, Lui Cheuk Hung, está pensando en reabrir en otro lugar, aunque siempre en el Barrio Chino.
Uno de los barrios más afectados por la pandemia, sin dudas que es el Microcentro. Hoy las calles están desoladas, ya que las empresas siguen teniendo a su personal trabajando "en remoto", sumado a que los turistas brillan por su ausencia.
Por ello sorprende que se anuncie el regreso de The Kilkenny, tradicional pub irlandés del Bajo, en la esquina de Reconquista y Marcelo T. de Alvear. "We are hiring" ("nosotros estamos contratando"), dicen. Piden mozos, bartenders, bacheros, pero hasta estos últimos deben saber algo de inglés y tener experiencia previa, según señala el aviso publicitario.
Por el lado de los bares notables de la ciudad, mientras continúan las complicadas obras de remodelación de La Confitería del Molino, reabrió La Giralda y La Ideal está en proceso de reapertura total.
Y ahora se agrega La Puerto Rico, cercana a Plaza de Mayo y fundada en el año 1887, que había cerrado sus puertas en marzo del año pasado.
No hay fecha aún para el regreso, pero se sabe que el estudio que lleva a cabo las refacciones es el mismo que el de La Ideal.
No son tantos los que vuelven, pero ojalá la onda sea expansiva para que la ciudad recupere una buena parte de su patrimonio histórico. Muchos se animan a abrir lugares nuevos y otros se están decidiendo a volver.
Está claro que nadie cree que se vaya a repetir la cuarentena del 2020. Destruyó la economía y no sirvió para nada. Pero con los "científicos" nunca se sabe, mejor no pensar en eso porque de lo contrario nadie se atrevería a continuar invirtiendo en este rubro. Precisamente, el sector que ofrece mayor cantidad de mano de obra directa. Por eso, nunca se va a entender la falta de empatía para con la gastronomía que se ha observado en estos dos últimos años.
Ya se viene el segundo capítulo del "Ciclo de Encuentros 2026". El martes 12 de mayo a las 20:30 habrá un menú especial en Mercado de Liniers, de la mano de su chef, Dante Liporace. Cada paso estará maridado con vinos y espumosos de Cavas Rosell Boher.
Será una noche muy especial la del próximo martes 28 de abril en Winston Club. Por única vez y solo para 18 comensales. habrá una cata guiada de cuatro vinos, incluyendo Viñas Feroces (elaborado en España por la Bodega Ribera del Cuarto), y un menú de pasos a cargo de chef de la casa, Jonás Alba.
La llegada de GAO a Recoleta confirma que la hospitalidad de Karina Gao, respaldada por una cocina de herencia fidedigna, es el verdadero motor de sus proyectos. Una crónica sobre la apertura de un espacio donde la identidad cultural y la calidad gastronómica se unieron, en una noche de celebración y rituales de prosperidad.