Editorial

La grieta del cerdo

Miércoles, 29 de julio de 2020

La República Popular China representa actualmente dos terceras partes de las exportaciones argentinas de carne vacuna. Y hoy quieren más: apuntan al cerdo para compensar las pérdidas de producción por la fiebre porcina africana. Sin embargo, algunas voces critican el proyecto, en tanto la periodista-escritora Soledad Barruti se ha puesto a la vanguardia de la oposción por la oposición misma.

País generoso la Argentina. Un golpe de suerte te puede transformar en una figura pública de la noche a la mañana, aun cuando sean escasos tus conocimientos del tema que ha producido el "milagro". Es lo que creemos que pasa con Soledad Barruti, que por sus libros "Malcomidos" y "Mala leche" goza de gran popularidad mediática. 

Ella también se ha transformado en una feroz opositora de los cultivos transgénicos, como si éstos fueran el propio diablo. Descreemos que esta periodista devenida en escritora, alguna vez se haya preocupado por visitar productos agropecuarios, ver cómo trabajan, averiguar sobre las buenas prácticas agrícolas, analizar los pros y las contras de cada cosa.

No todo es basura, no todo el procesamiento de alimentos es malo para la salud, no se puede alimentar a la población del mundo solamente con producciones orgánicas y para colmo, biodinámicas, con su alto contenido esotérico.

Pues bien, ahora Barruti y seudoecologistas de izquierda han arremetido contra este proyecto que el canciller Felipe Solá está analizando con sus pares chinos. El país asiático, que a esta altura ya compra algo más de las dos terceras partes de la carne vacuna que exporta nuestro país, puso el ojo en la producción de cerdos.

Su rodeo porcino está diezmado por una enfermedad exótica llamada "fiebre porcina africana". Y necesita exportar carne en forma urgente, por lo cual estarían dispuestos a invertir un dineral (alrededor de 27.000 millones de dólares en 8 años) en nuestro país, para llevar la producción de cerdos a 100 millones de cabezas. Esto significaría ingresos por unos 20.000 millones de dólares anuales para las diezmadas arcas nacionales.

¿Resulta esto un disparate? Potencialmente la Argentina tiene la capacidad de alcanzar ese objetivo, y darle valor agregado a la soja y el maíz, que en forma de commodities se venden en el exterior, en particular a China.

Comparemos. Un pequeño país europeo, reconocido por su cuidado del medio ambiente, es líder mundial en exportación de carne porcina fresca. En 1998, en un viaje de capacitación, fuimos invitados por el Consejo de Agricultura de esa nación, para conocer en profundidad su agro, en el que la ganadería porcina y la lechería, son baluartes de su economía.

Si algo nos sorprendió aquella vez, fue la tecnificación de avanzada en materia de cría de cerdos. Que se hace bajo techo, dada la rigurosidad del clima en Escandinavia. No se trata de los feed-lots al aire libre que suelen verse como grandes "ciudades ganaderas" en los campos de USA.

En 2019, Dinamarca tenía censados poco más de 5.800.000 habitantes. Lo curioso es que la cantidad de cerdos es de 231 cada 100 personas. Es decir que más que duplica su población en cantidad de porcinos. Pasando estos porcentajes a nuestro país, que tiene alrededor de 45 millones de habitantes, si pasáramos a 100 millones de cerdos, estaríamos casi copiando los registros daneses volcados a nuestra propia escala.

El país europeo cuenta con 42.933 kilómetros cuadrados, que si los dividimos por la cantidad de cerdos, nos da una densidad poblacional -en números redondos- de 258 cerdos por kilómetro cuadrado.

Si la Argentina llegara a contar con un plantel de 100 millones de porcinos, con un territorio de 2.780.00 kilómetros cuadrados, nos daría una densidad de casi 36 cerdos por kilómetro cuadrado. En términos comparativos, apenas el 14% aproximadamente respecto de Dinamarca. ¿Clarito no?

Desde los sectores de la producción consideran que el proyecto es viable. En la otra vereda (la grieta deja de ser política para transformarse en ideológica en términos de fanatismo ecológico), acusan a Felipe Solá de ser al artífice de esta construcción de granjas porcinas demoníacas. De hecho Barruti las califica como "infernales".

Dudamos que la susodicha haya visto de cerca un cerdo salvo que haya ido a la Rural de Palermo alguna vez. 

Solá no es santo de nuestra devoción, precisamente, sino todo lo contrario. Pero debemos reconocer que fue un adelantado al autorizar el uso de semillas transgénicas en el verano de 1996. Y conoce el tema agropecuario, por cierto, si hasta un pueblo rural bonaerense lleva el nombre de uno de sus antepasados.

Eso no solo hizo crecer en forma exponencial la producción de soja y maíz, sino que también sirvió para difundir en nuestros campos la siembra directa, una manera de proteger el suelo. También es cierto que con el glifosato, muchos lo consideran el primer demonio (el segundo serían los cerdos, si prospera el acuerdo con China).

En Fondo de Olla © no estamos a favor ni en contra del proyecto, en tanto no conozcamos en profundidad de lo que se trata. Sí creemos que es factible de llevar adelante en condiciones racionales. Sin negociados en el medio, que es lo que más temor nos genera conociendo a los gobernantes argentinos de turno y más aún los actuales.

Soledad Barruti y sus seguidores, que piden votos para que no se lleve adelante el acuerdo, seguramente creen que producir cerdos en gran escala se realiza en chiqueros inmundos. Y no se han dado cuenta de que hoy ya no podemos llamar chanchos a los cerdos, porque ya no se les dan de comer restos de comida y basura, además de criarlos en condiciones sanitarias óptimas.

Los chinos no son tan boludos como para aceptar cualquier cosa. Exigen estándares de calidad que deben cumplirse a rajatabla. De manera que quienes hablan sin saber nada del asunto, lo mejor que pueden hacer es cerrar el pico y ocuparse de otras cosas más importantes, como es asegurar la ingesta de alimentos para toda la humanidad. 

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