Editorial

Garroneros en la prensa gastronómica

Lunes, 11 de noviembre de 2019

Muchas veces hemos debido clarificar a los lectores sobre cómo se manejan los periodistas enogastronómicos en un restaurante y a la hora de ser invitados a eventos o recibir envíos de productos. A raíz de falsas acusaciones que nos han endilgado, nos vemos en la obligación de salir nuevamente al ruedo.

Hacer ya más de cinco años que, entre varias notas publicadas en Fondo de Olla ©, en una de ellas incorporamos un decálogo de lo que no debe hacer un periodista gastronómico.

Aquí se los recordamos:

1) Falta de puntualidad: por lo general son siempre los mismos los que llegan tarde y piensan que de esa manera llaman la atención, que son importantes por no ser puntuales e ir cuando se les canta. En realidad, son maleducados. Hay que esperarlos media hora, una hora, a veces más, porque los organizadores pretenden que estén todos cuando comienzan las explicaciones, el almuerzo o la cena. 2) Preguntar cuando se llega tarde: Si llegás tarde, colega, al menos no preguntes si el evento ya comenzó. Lo más probable es que pongas de mal humor al resto de los presentes, ya que eso mismo es casi seguro que fue preguntado antes por otro y se explicó en tiempo y forma. 3) Exceso de adjetivaciones: imperdible, maravilloso, fantástico, etcétera. El uso de adjetivaciones exageradas es apenas una máscara para encubrir que se está haciendo un "chivo". Si sos el destinatario de estos elogios desmedidos, desconfiá, te va a salir caro. 4) Creerse los dueños de la verdad: hay veces en que algunos de nuestros colegas nos dan vergüenza ajena. Hay que ser humildes y saber escuchar. No es necesario tampoco apelar a excentricidades para intentar demostrar que somos "figuras" del espectáculo gastronómico. Los periodistas hacemos crítica, no somos protagonistas de nada. Y si encima nos acreditamos conocimientos, estaremos en problemas serios. 5) Ser soberbios: nos gusta dar nuestra opinión, hacer una crítica si está fundamentada. No es lógico que un periodista diga: "Ese chef es pésimo" si nunca probamos sus platos. Hasta los inefables jurados de MasterChef prueban las porquerías que hacen los participantes. Aseverar algo sin tener una base sólida de fundamentos, es ser soberbio (e ignorante). 6) Hacerse invitar: estamos en contra de quienes llaman a un restaurante para ser invitados y luego escriben una crítica (favorable, por supuesto). Es cierto que a algunos les da resultado, pero el prestigio personal vale más que comer gratis. 7) Manguear viajes a las empresas y las embajadas: es verdad que a muchos les da resultado dicha estrategia. Encima, se enojan si el hotel no es de cinco estrellas, si no los llevan a los restaurantes más costosos y les convidan los mejores vinos. El prestigio vale más que cualquier viaje. 8) Reclamar por no haber sido invitado: jamás se nos ocurriría en Fondo de Olla ® (por eso tenemos nuestro propio Manual de Estilo), llamar a alguien que está organizando una comida, un viaje, una degustación (de que nos enteramos por boca de otros colegas), para que "no se olviden de mí". Tampoco llamar enojados si no nos invitaron. A lo sumo se podrá preguntar si se molestaron con nosotros por algo en especial y que por eso nos dejan afuera, pero nada más que eso. 9) Pedir vinos en cantidad: algunos colegas piden vinos (nosotros solo escribimos de lo que compramos o nos mandan sin mangueo previo), en cantidad como para darle de beber a un batallón. Si piden al menos que sea una botella, no tres o una caja. ¿Para qué quieren tanto? 10) Y finalmente, lo más importante, no cambiar de opinión por un aviso publicitario. Eso es corrupción, eso es escribir para el propio beneficio y el de las empresas, no para el lector.

Pues bien, siempre hemos tratado en FDO de no traicionar nuestros principios. Cueste lo que costare. Sin embargo, siempre hay algún irrelevante provocador que acusa sin razón ni fundamentos. Esto viene a cuento debido a comentarios falaces de un ignoto comentador de Buena Morfa Social Club, donde sin ningún tipo de filtro insulta y trata de corrupto y garronero a este periodista.

A un mensaje privado que le enviamos, respondió con más descalificaciones. Total, mentir descaradamente, insultar, agredir, escudados en las redes sociales, no cuesta nada. "Miente, miente, que algo queda", una frase que se le atribuye al jefe de la propaganda nazi, Joseph Goebbels.

Para que no queden dudas, aclararemos algunas cosas que pasan con nuestra profesión. Es cierto que a veces no pagamos, porque nos invitan los restaurantes directamente, o a través de las agencias de prensa. Cierto que hay una contraprestación, es decir publicar una nota al respecto. Si el lugar lo vale, se publica. De lo contrario se envía una devolución en privado, para dar otra oportunidad. Lo que no se hace es pedir que a uno lo inviten.

La segunda opción es que vayas y no te cobren, por más insistencia que uno pueda tener. A esta altura nos resulta complicado pasar inadvertidos, luego de tantos años de profesión. Y en algunos casos no te mandan la cuenta a la mesa.

Tercera hipótesis: te cobran pero te hacen descuento o te mandan a la mesa platos que no habías pedido. Esto ocurre con frecuencia, al menos a nosotros. Sin ir más lejos, esto nos sucedió en Central, el restaurante limeño de Virgilio Martínez, en su anterior locación de Miraflores. Nos pareció fantástico y lo ponemos de ejemplo porque ocurrió fuera del país.

Cuarta situación: que no te reconozcas y pagues la cuenta como cualquier hijo de vecino.

¿Por casualidad, a los lectores de notas gastronómicas no les llama la atención las escasas críticas publicadas sobre el Restaurante Anchoíta" . Sin embargo, no es casualidad sino causalidad. Porque a su propietario, Enrique Piñeyro, no le gusta invitar a los periodistas y está en todo su derecho de  hacerlo.

En nuestro caso, ha sido uno de los lugares más visitados este año, no menos de seis o siete oportunidades, de hecho mañana se repetirá la experiencia una vez más. Siempre hemos pagado. Nos tratan deferentemente en cuanto se refiere a llevar alguna botella de vino, o quizá te invitan con un postre o una copa al final de la cena. Es decir que vamos asiduamente porque nos encanta la comida y el lugar, y no porque no nos cobren.

También puede suceder que en determinados restaurantes propiedad de amigos de muchos años, no te quieran cobrar. Pero eso no implica que seas un garronero.

Recopilando tickets viejos que se salvaron del cesto de basura, encontramos varios casos diferentes.

El 19/09 fuimos a Anchoíta con un colega y nuestras esposas. Pagamos $ 4.585 y nos invitaron el postre. Llevamos dos vinos de guarda, no nos cobraron el descorche.

El 29/09 concurrimos al Restaurante Fujisan en el Barrio Chino. Va de suyo que los dueños, Ricardo y Javier Takayama, nos conocen de hace tiempo pero no ocurre así con sus empleados. Se pagaron $ $ 2.620 por un almuerzo de tres personas. La totalidad de la adición.

El 16/10 fuimos a cenar a Aldo's Palermo. Obviamente que nos conocen. Nos invitaron con el vino y hubo un descuento 15%. Se abonaron $ 2.439,50.

El 24/10 la agencia de prensa nos invitó a Sifón, donde había algunos platos y dos tragos de invitación. El resto se pagó: $ 1.070 para dos personas.

El 6 de noviembre llegaron a Boca de Toro, el restaurante del Hotel Pulitzer, los chefs radicados en Mar del Plata, Patricio Negro y Hernán Viva, junto al anfitrión llegado de Madrid, Ismael Alonso. El costo de la cena para cuatro personas, sin descuento, costó $ 9.945. Valió la pena.

Sin dudas que hemos pagado en muchos otros lugares, aunque no tuvimos la precaución de guardar el ticket, como Julia, donde Julio Báez siempre tiene la deferencia de invitarnos con algunos platos (dos principales en este caso y el postre).

Como muestra basta un botón, dice el conocido refrán. Aquí mencionamos varios más. Que seas invitado porque al dueño del restaurante le interesa que uno haga una nota de su restaurante, no implica garroneo. Hay allí un claro ida y vuelta que uno no generó precisamente.

De manera que cualquier comentario despectivo nos tiene sin cuidado, menos aún si proviene de ignorantes que escriben en grupos cerrados o en las redes sociales porque es gratis y no tienen que responder ante la justicia por sus mentiras.

Que hay garroneros no hay dudas, pero no los busquen por este lado.

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