Trade Sky Bar, Buenos Aires desde arriba

Alto en el Cielo

Viernes, 14 de junio de 2019

En el piso 19 del Edificio Comega ya funciona Trade Sky Bar, con toda la impronta de los creadores de Nicky Harrison y Uptown, y la inconfundible cocina del chef Dante Liporace. Y ya se viene Crudos Omakase.

Trade Sky Bar - Avenida Corrientes 222 Piso 19 - Abierto lunes mediodía; martes a viernes mediodía y noche; sábado noche. Principales tarjetas. Reservas para almuerzos y cenas, solo por la web: www.tradeskybar.com

Tipo de Cocina: Mediterránea

Barrio: Microcentro

Precio: $$$$

Puedo ver en el cielo una señal

Que me invita a no bajar

A la tierra

Nunca más

(Letra de "Allá en lo Alto) 

Andrés Rolando y Pablo Fernández crearon Nicky Harrison en 2013. Siguieron con Uptown & The Bronx y Bourbon, Brunch & Beer, estos dos últimos con el asesoramiento en la cocina de Dante Liporace. En esta ocasión, lo mismo que con Uptown, el tercer socio es Hernán Rosales.

También son partícipes de la sociedad que administra en Santiago de Chile ese magnífico restaurante llamado 040.

Y ahora llegan con otro fuerte impacto: Trade. Un complejo en tres niveles ubicados en los pisos 19, 20 y la terraza del Edificio Comega, en la Avenida Corrientes Nº 222.

Como en Uptown y BB&B. Dante Liporace está al frente de la gastronomía, no solo del restaurante del piso 19, sino también de Crudos Omakase, de inminente apertura y la terraza al aire libre.

A esta altura, si a uno le muestran la carta de Trade Sky Bar, no tendrá dudas de quién es el responsable de la ejecución de la propuesta. Con diferentes matices, en cada uno de los locales de este grupo exitoso, se desprende un estilo y una manera de ver la cocina que identifica al chef, que continúa también en la Casa Rosada y pronto tendrá su propio restaurante.

En Trade, lo acompaña Cristian Ojeda, quien ya trabajó en Tarquino con su jefe; además de Rubén Young, sushiman de Nicky Harrison; Calu Camuyrano como jefa de cocina; Bárbara Regazzoni en la pastelería, y Ramiro Hernández a cargo del servicio.

A diferencia de los otros restaurantes, anexos a la coctelería que es el leit motiv de este grupo empresario, Liporace optó por una impronta mediterránea en la que se evidencian sus señas particulares.

Hay que decir que no resultaría lógico hablar de la cocina de Trade, sin entender el concepto como un "todo". La ambientación nos traslada a las alturas de la ciudad con una vista increíble que se extiende hasta en los sanitarios.

Una barra en altura es objeto de admiración a los ojos de muchos clientes que buscan solo la coctelería de alto nivel del lugar. La música, como en todos estos locales es sonora, pero no impide la conversación. Y las luces tenues le dan un tono romántico durante las cenas, que se hace más juvenil a la hora del bar.

En esta primera visita el chef nos hizo un repaso por la mayoría de las entradas de la carta. E inclusive agregó las ostras que formarán parte de Crudos Omakase.

El ceviche clásico es quizá el único plato que en su perfección técnica, no lleva sino sutilmente el sello del chef. Sí encontramos su autoría en otras preparaciones, como la burrata (casi siempre presente en los menús de Liporace, inclusive como postre) que acompaña con jamón crudo, melón, salsa de apio y acedera.

Igualmente en la provoleta de Crottin y Parmesano, con cherries de campo, albahaca y miel; el pulpo confitado en oliva con papas Anna, pimentón y alioli (increíble terneza de los tentáculos), y las mollejas grilladas, con guacamole, esferas de mango (otra sutileza) y pan crocante.

Provoleta de Crottin y Parmesano.

Solo quedaron pendientes para probar el tartar de lomo y el salmón marinado con mejillones al natural. Será otra vez.

El principal que llegó a la mesa fue otra especialidad del chef: risotto con puré de limón (reminiscencias de Tarquino) y langostinos salteados. El arroz en su mejor punto, los sabores sutiles que se imponen.

Hay mucho por degustar pero no había demasiado espacio en esta ocasión. Por ejemplo, cintas caseras de hongos con salsa de tomates y stracciatella; entraña marinadas con puré de papas y ensalada de olivas, lentejas, zanahorias y perejil; milanesa de ojo de bife con ensalada de rúcula, cebolla encurtida y papines.

Ni hablar del cochinillo con pasta seca italiana cacio e pepe, y pesto de brócoli. Además, una ensalada vegetariana, pesca del día, y salmón grillado con puré de manzanas.

Hay cuatro postres de Regazzoni, autora también de la panificación. Probamos la reversión del lemon pie, donde la dulzura y la acidez se contraponen placenteramente.

Ofrecen tres opciones más: espuma de flan con helado de crema y salsa de dulce de leche y oporto; lingote de chocolate (sin TACC) con helado de pistacho y crema inglesa; o el volcán de dulce de leche con helado de postre Balcarce.

Si bien la coctelería, como se dijo, es un punto fuerte del lugar, la carta de vinos está bien armada y con opciones de precio razonable.

Para vivir una experiencia singular, disfrutar de la vista de una ciudad que casi nunca observamos desde arriba, regocijarnos con la cocina de Dante y paladear los cócteles y tragos de la casa, nada mejor que Trade Sky Bar, allá bien en lo alto.

Pulpo confitado.

Ceviche clásico.

Risotto con puré de limón y langostinos saltados.

Reversión del lemon pie.


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