Club31 Bar & Restó es el restaurante del Recoleta Grand Buenos Aires. El chef Luciano Grimaldi apunta en la carta de invierno a poner en valor a la culinaria litoraleña.
Club 31 Bar & Restó- Avenida Las Heras 1745- Tel.: 4129-9881. Abierto mediodía y noche. Principales tarjetas.
Cocina: De Autor
Barrio: Recoleta
Precio: $$$$
Los restaurantes de hoteles con "estrellas" tienen varias ventajas que no siempre el público común advierte. Lo tienen todo: seguridad, son cómodos, utilizan insumos garantizados en cuanto a calidad se refiere y no son tan costosos como la gente prejuzga erróneamente.
Recoleta Grand Buenos Aires, con dos establecimientos más en Iguazú (Panoramic e Iguazú Grand) y también en Ushuaia, El Calafate y Punta del Este, es un ejemplo más de lo que afirmamos.
Su restaurante se llama Club 31 Bar & Restó y tiene como chef a Luciano Grimaldi, quien además comanda las brigadas de ambos establecimientos de la cadena hotelera en Iguazú.
Grimaldi se formó en el Instituto The Bue Trainers. En 2005 se adjudicó el primer puesto en el Torneo Nacional de Chefs de Hotelga. Luego viajó a Alemania, donde salió tercero en el Torneo Gourmet de Münster. Fue souschef en el Hotel Madero y chef de partida en el Hilton Hotel Buenos Aires. En Alemania, trabajó en los restaurantes Pier House y América Latina en Münster. Y realizó un stage en Villa Medici, un 2 Estrellas Michelin siempre en el país germano.
Los continuos viajes del chef a Iguazú, se expresan ahora en la nueva carta invernal, donde los platos tienen en algunos casos una fuerte impronta de esa culinaria tan poco valorada a veces, pero que indudablemente es la más auténtica de todas las que se manifiestan regionalmente en nuestro país.
Ahí radica la diferencia, que siempre es bienvenida, porque hoy más que nunca y salvo excepciones, carecemos de creatividad y originalidad a la hora de armar una carta atractiva para los comensales.
Por ejemplo, las mollejas que son tan apreciadas por los argentinos (son nuestro caviar), aquí salen acompañadas por chipa guazú, hongos, huevo a cocido a baja temperatura y porotos a la provenzal.
Hay además otras entradas, como sopa de cebollas con churro de hongos de pino; gravlax con ensalada de remolachas orgánicas y tabule, yema curada; o atún rojo encausado con emulsión de manzanas e hinojo, ensalada de vegetales y velo de teriyaki.
Entre los principales, hay tres expresiones claras de lo que ofrece nuestra Mesopotamia. El pacú del Chaco sale con un cremoso de hinojo y lima, mandioca confitada y tapenade; en tanto que el surubí va con emulsión de palmitos, hummus de cabutia y vegetales. Y hasta ofrecen ñoquis de mandioca con pesto y tomates confitados.
Por el lado de las carnes, el chef propone ojo de bife sous vide en croûte de especias, vegetales asados y baba ganoush; o bife angosto de 650 gramos con hueso, mix de verdes, tomate, cebolla morada y vinagreta.
Y también ravioles de queso con fonduta de tomates, esponja de rúcula y provolone, o risotto de cebada y trigo (o de arroz Carnaroli) con selección de hongos, ricota de cabra y mollejas.
Quizá sea esta una de las mejores versiones de Luciano Grimaldi, un chef que a la originalidad de sus platos y el equilibrio de sabores, suma ese valor agregado que es la búsqueda de insumos de calidad y la revalorización de una cocina regional auténtica y con raíces profundas.
Casi dos años más tarde, volvimos a Somos Asado. No es una parrilla tradicional ni lo quiere ser: sí un restaurante de carnes con las propias interpretaciones de Gustavo Portela. Por otra parte, la estructura edilicia permitió armar distintos espacios dentro de lo que fuera en su momento una fábrica de camisas del abuelo de Verónica Krichmar, maître del restaurante y esposa del chef.
Cuando la sofisticación gastronómica decide ignorar los protocolos: así nace esta propuesta de "cocina de barrio" y descontracturada de club, destinada a despertar el costado más inquieto de Las Cañitas.
Si existe un personaje histórico identificado por ser un sibarita hecho y derecho, ese mismo es Sir Winston Churchill. Más allá de tratarse de un británico, algo que a los argentinos suele caernos mal, la figura de este personaje con enorme gravitación en la historia del Siglo XX, nos cae simpático por ser un amante casi obsesivo de la comida y la bebida. De ahí que ir a Winston Bar, ya se su pub de la planta baja, como al living ubicado escaleras arriba, resulta no solo un homenaje a esta figura emblemática durante la Segunda Guerra Mundial, sino también un regocijo a nuestros sentidos de la mano del chef Jonás Alba. En esta nota doble, uno se refiere a la experiencia que comenzó el año pasado y la otra a la visión más joven y descontracturada, menos flemática, de Carla.