Auténtica cocina italiana en la Zona Norte de la mano de Alberto Giordano, emprendedor que seduce en el polo gastronómico de Dardo Rocha, en San Isidro, con una propuesta que aúna la tradición con la innovación.
Milano hace referencia a la ciudad natal de Alberto Giordano, quien decidió “hacerse la América” con un negocio gastronómico en el que es fiel a las recetas tradicionales, aunque aportando un toque creativo que las realza. IKE es una especie de sigla en inglés que alude a la “universalidad de la cocina italiana” (Italian Kitchen Everywhere).
Alberto Giordano llegó al país en 2013. En Milán, su padre tenía un ristorante en el que se gestó su amor por la cocina. Giuseppe Maddalo, chef pugliese, lo acompaña en esta “patriada”.
La carta propone platos tradicionales y otros con algunas “licencias libres” del chef, como es el caso de los escalopes de lomo con crema de morrón y Martini.
Como antipasti, hay carpaccio de salmón ahumado; frittura mista di mare; clásica parmigiana de berenjenas; 250 gramos de burrata con rúcula y tomates secos; arancini siciliani, y vitello tonnato. Los embutidos se lucen con el jamón crudo, la mortadela y otros productos elegidos especialmente por Giordano, sobre todo formaggi (quesos).
IKE MILANO OFRECE EN SAN ISIDRO UNA COCINA ITALIANA AUTÉNTICA REVALORIZADA CON ALGUNAS AUDACIAS QUE LA POTENCIAN.
Las pastas son siempre protagonistas a la hora de los primi piatti. Ofrecen las más tradicionales, como spaghetti alio, olio e peperoncino; bucatini all’amatriciana; penne alla puttanesca; lasaña a la italiana. Y otras versiones más audaces o “Le nuove paste”: gnocchi alla Lucia con queso azul y pesto de rúcula; o alla Norma (tomate, albahaca y ricota). Los caserecce pueden pedirse alla Giuseppe, con esto, provolone y mejillones, o “de Campo” (tomate, provolone y vegetales salteados).
También hay penne rigate con puerro y salmón, y spaghetti alla Sofia. O risotto mare e monti, con funghi porcini o a la Vastoldana, con manzana y queso azul.
Los secondi, llegan a través del filetto de brótola alla Siciliana; millefoglie de salmón y verduras en juliana; langostinos a la plancha con salsa citronette; lomo in crosta con reducción de Malbec, entre otros. Hay además una nutrida carta de ensaladas (insalatone).
Para el final, tiramisú clásico, pero también pannacotta con frutas; crostata de peras y chocolate. torta de manzanas.
La carta de vinos se nutre de bodegas locales y quizá se den pronto las condiciones para ampliarlas a etiquetas italianas. Ofrecen aperitivos y bajativos (grappa, limoncello, etcétera).
Lo mejor que puede decirse de Ike Milano es que se come como en Italia, todo un mérito que sabrán reconocer aquellos que alguna vez pisaron la tierra de sus ancestros.
De París a San Telmo, el retorno a su patria y otra vez de vuelta al barrio más antiguo de la capital argentina. Se llama Marc Eugene, y hace más de una década que ofrece auténtica cocina francesa en "Lo del Francés". Platos sabrosos y exuberantes, con una muy buena relación precio calidad. Un bistrot porteño, con espíritu parisino.
Lejos de las pretensiones y el lujo impostado, este rincón de Colegiales se consolida a través de una cocina honesta. Es un espacio donde la técnica se pone al servicio de la conexión humana, demostrando que cuando el plato tiene identidad y el ambiente respira bienestar, la gastronomía recupera su capacidad de emocionarnos sin necesidad de artificios.
El mito que nació el 24 de marzo de 1935 en Medellín, con la absurda muerte del Zorzal Criollo, dice que "Gardel cada día canta mejor". A la cortada que lleva el nombre del cantante más popular de nuestro país, llegó un peruano que "cada día cocina mejor". Raúl Zorrilla Porta, de solo 35 años, se ha convertido no solo en referente de la culinaria peruana en Buenos Aires, sino también en una "máquina de crear". Llegó a estas tierras de muy joven para estudiar Comercio Exterior, pero una casualidad lo llevó a dedicarse a su gran pasión: la cocina. Aquí su historia. Y la vuelta de Kamay al barrio que lo vio nacer.