La crisis de Winery

Bodegas al borde un ataque de nervios

Miércoles, 7 de febrero de 2018

Algunos días antes de conocerse la noticia de la crisis financiera que atraviesa la principal cadena de vinotecas del país, un grupo de distribuidores se reunió para intercambiar ideas sobre el futuro del negocio. La crisis estaba latente. Winery dejó cesantes a 45 empleados, que aún no cobraron su indemnización. Las bodegas con un ataque de nervios.

A muchos habrá llamado la atención el feroz crecimiento de la cadena de vinotecas Winery (22 en total incluyendo el interior). No menos sorpresiva fue la nota publicada hace algunos días por el sitio IProfesional, donde se daba cuenta de una millonaria deuda de la compañía, en la que asimismo se habría producido una alejamiento de parte de la familia propietaria, los Chmea (real apellido de los creadores de las camisas Chemea).

Lo cierto es que la empresa cesanteó en los últimos días a 45 empleados. Al tiempo que algunos de esos trabajadores impedían el ingreso a los depósitos ubicados en Tigre, otros reclamaban el pago de sueldos atrasados en la puerta de una de las sucursales céntricas de la cadena.

La compañía salió al cruce de lo publicado en algunos medios e inclusive, se habla de que ciertos periodistas de medios nacionales habrían recibido pedidos para que no publicaran lo que estaba pasando.

La comunicación oficial de Winery menciona que "se está diseñando una estrategia común con todos sus proveedores, las principales bodegas del país, habiendo recibido un gran respaldo para atravesar esta coyuntura". Y afirman que la deuda no supera los 300 millones de pesos y "es claramente manejable con la adecuación del negocio en curso".

Además, expresaron que están "fuertemente comprometidos con la continuidad de su giro comercial, aunque se han implementado medidas no deseadas pero imprescindibles". Esto significó la desvinculación (sic) de 45 personas, pero que se mantendrá la fuente de trabajo para 130 empleados permanentes.

Sin embargo, según ha podido averiguar FDO, la empresa estaría ofreciendo pagar la deuda a sus proveedores con una importante quita y el pago del resto a tres años (con la carga financiera que esto conlleva). Inclusive, solo para poner un ejemplo, se comenta que un grupo de los más poderosos que también comercializa no solo vinos, habría quedado colgado con alrededor de 40 millones de pesos.

Así es que los comentarios periodísticos y la información recabada de parte de algunos empleados de Winery, nos hacen pensar que la crisis sería mucho más severa de lo que dice la historia oficial.

Más allá de este lamentable suceso, que afecta a la toda la industria y en particular a los trabajadores de la cadena, la otra parte -es decir las bodegas proveedoras- no quieren hablar del tema por el momento. Off the record reconocen haber cometido errores, sobre todo haber negociado en condiciones leoninas solo por estar en las góndolas.

Alrededor de este tema hay muchos otros factores que afectan a la comercialización de vinos. Algunos problemas son la inflación galopante, los costos en alza y la caída en las ventas (de hecho se registra el consumo más bajo de la historia). Según datos de Coninagro, cuyo actual presidente -Carlos Iannizoto- representa a Fecovita, en una década pasamos de 29,2 a 18,6 litros (entre 2007 y 2017).

Está claro que existe una gran preocupación en el sector, sobre todo en aquellos que están involucrados en la comercialización. De hecho, hace un par de semanas un grupo de distribuidores se reunió "chicos" para mirar de cara al futuro lo que va a pasar con el consumo y las ventas locales de la "bebida nacional".

Lo cierto es que la caída de Winery puede ser solo el comienzo de una grave coyuntura. Para las cadenas de vinotecas o simplemente pequeños negocios del rubro, los súper chinos son una gran amenaza por cuanto venden a precios sensiblemente menores a los sugeridos por las bodegas. Y hasta sitios como Mercado Libre se han transformado en una competencia de cuidado, ya sea porque ahí llegan los vinos que se entregan a los medios en canje o porque se trata de un mercado informal donde muchas veces no se pagan impuestos ni hay empleados a los que se paga un sueldo y las respectivas cargas sociales.

Así las cosas, no debería descartarse un cambio de paradigma en la venta de vinos minorista de vinos. Tal vez las bodegas más grandes, que cuentan con espalda y son netamente exportadoras, queden excluidas al menos parcialmente de esta crisis. Las demás tendrán que seguir remando contra la corriente.

Por las dudas, todos los involucrados en el negocio vitivinícola deberían mirar con atención el desenlace del affair Winery, que parece recién haber comenzado. Algo es seguro: a nadie la hace bien esta cuestión. Y por otra parte, no se puede vivir toda la vida en una burbuja financiera que tarde o temprano va a terminar con los más débiles. ¿Se trata solo de la punta del iceberg? Pronto lo sabremos.

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