Muchos cambios acontecieron en el panorama de los vinos argentinos durante la última década. Sin embargo, algunas etiquetas acreditan una prolongada estadía en las góndolas patrias, más allá de las modas y los vaivenes del mercado.
Siempre ha habido bodegas, enólogos y empresarios pioneros, pero pocas veces se hace referencia a las marcas de vinos argentinos que cuentan con la característica histórica de haber señalado rumbos en el mercado. En efecto, ya sea por imagen, por estilo o por simple continuidad cronológica, es posible encontrar un puñado de ejemplares que llevan consigo el positivo estigma de ser no solamente clásicos, sino también pioneros. Se trata de un grupo que supera las similitudes varietales, regionales o de segmentos de precios, ya que una lista de ellos permite observar que allí conviven blancos y tintos, genéricos y varietales, caros y baratos, del NOA, Cuyo y la Patagonia. El común denominador que los une es, entonces, el hecho de haber marcado caminos a través del tiempo en las preferencias del público nacional.
Con el paso de los años, muchos de los viejos rótulos fueron despareciendo, aunque aún hoy es posible encontrar un cierto número que representa bien al pelotón de las marcas tradicionales de vinos argentinos. La degustación de siete botellas valiosas permite inferir que sus respectivas vigencias comerciales no han disminuido en absoluto, y que continúan siendo buenas alternativas de consumo.