Si se puede decir que existe el “sushi de autor”, estamos ante un caso que lo certifica, porque Damián Shiizu, el creador de Kokoro, nos sorprende con creaciones a veces no tan ortodoxas pero sí muy originales y jugadas. Hace tres años abrió su primer local de delivery en el barrio de Belgrano, lugar desde el que siguen enviando los pedidos a distintos sitios de la ciudad. Pero ya era hora de ofrecer algo más directo, para lo que dispuso de un pequeño local sobre la calle Coronel Díaz, entre Charcas y Mansilla. Hay apenas 40 cubiertos, distribuidos en el salón y la vereda. En el primero, saltan a la vista los objetos japoneses: tres bonsái, un sable samurái, abanicos y jarrones. La barra de sushi está al fondo, donde Damián y sus colaboradores trabajan a la vista. Hay un par de banquetas con ubicación privilegiada desde la barra. También hay algunos platos calientes de cocina, pero eso es lo de menos; el sushi de Shiizu es capaz de convencer a algún incrédulo que aún no acepta este tipo de comida que hace tiempo eligieron los porteños para quedarse. La casa ofrece además los pedidos a retirar en el local (take away que le dicen).
En verdad que es difícil decidirse. Los cortes de sashimi y tiraditos salen en versión de media y porción entera. Platos calientes: gyozas, harumaki de carne y de vegetales, ebi furai (langostinos apanados en panko con crema spicy), yakimeshi y langostinos con salsa de maracuyá y maní. Hay rolls clásicos (5 unidades la media porción y 10 la entera) y de “autor” (como el de camote glaseado a la naranja, tomate disecado y queso philadelphia, con mango y miel de maracuyá por fuera); combinados de 26 y 30 piezas, ahora también de 34, 50 y 74.
Kokoro significa varias cosas, entre ellas “espíritu”, “cuerpo”, “mente” y “corazón”. Un lugar donde se comprueba el “alma” del sushi.
La novedad de Kokoro son las tulips, temakis y paper rolls. Estos últimos deben su nombre al papel de arroz que reemplaza a las algas nori, y salen con las versiones Philadelphia Paper, Gravlax Paper y Melantro Paper. Los temakis son conos de alga nori rellenos de arroz y una combinación de langostinos y pescados. La particularidad es que llevan una lámina de papel film entre el alga y el relleno, muy fácil de retirar, que aísla el alga de la humedad y la mantiene crocante. Las tulips son finas láminas de pescado y palta en forma de tulipán con base de arroz. Una curiosidad es la opción “Nueve lunas”, solo con piezas cocidas para embarazadas.
Para el final, lo mejor es un helado, aunque hay otras opciones más occidentalizadas, como el cheesecake de maracuyá y el brownie con helado.
La cata de vinos es exclusiva de La Rural, también se sirven copas. Lo mejor es un Sauvignon Blanc. Cobran servicio de mesa, que como todos los restaurantes de este tipo, equivale a un appetizer que suele llegar a la mesa en cucharita. Kokoro es verdaderamente “sushi de autor”.
Cuando la sofisticación gastronómica decide ignorar los protocolos: así nace esta propuesta de "cocina de barrio" y descontracturada de club, destinada a despertar el costado más inquieto de Las Cañitas.
Si existe un personaje histórico identificado por ser un sibarita hecho y derecho, ese mismo es Sir Winston Churchill. Más allá de tratarse de un británico, algo que a los argentinos suele caernos mal, la figura de este personaje con enorme gravitación en la historia del Siglo XX, nos cae simpático por ser un amante casi obsesivo de la comida y la bebida. De ahí que ir a Winston Bar, ya se su pub de la planta baja, como al living ubicado escaleras arriba, resulta no solo un homenaje a esta figura emblemática durante la Segunda Guerra Mundial, sino también un regocijo a nuestros sentidos de la mano del chef Jonás Alba. En esta nota doble, uno se refiere a la experiencia que comenzó el año pasado y la otra a la visión más joven y descontracturada, menos flemática, de Carla.
Próximo a cumplir 12 años de trayectoria, Roux exhibe la nueva cara tras las reformas que se efectuaron en su local: sala, cava y deck climatizado. La cocina, en tanto, continúa desplegando el talento y la creatividad de su chef, Martín Rebaudino.