El mito que nació el 24 de marzo de 1935 en Medellín, con la absurda muerte del Zorzal Criollo, dice que "Gardel cada día canta mejor". A la cortada que lleva el nombre del cantante más popular de nuestro país, llegó un peruano que "cada día cocina mejor". Raúl Zorrilla Porta, de solo 35 años, se ha convertido no solo en referente de la culinaria peruana en Buenos Aires, sino también en una "máquina de crear". Llegó a estas tierras de muy joven para estudiar Comercio Exterior, pero una casualidad lo llevó a dedicarse a su gran pasión: la cocina. Aquí su historia. Y la vuelta de Kamay al barrio que lo vio nacer.
Kamay Lounge Casa Gardel - Dirección: Carlos Gardel 3131, Abasto. Teléfono: 011 3109 3131. Horarios: martes a domingos de 12:000 a 17:00 y de 19:00 a 00:00. Precio: $$$. Instagram: @kamaycasagardel
A Raúl Zorrilla lo conocimos hace varios años en Olaya, en una oportunidad en que compartimos la mesa con Eddie Castro y Rodrigo Ferrer, dos compatriotas suyos que hicieron historia en Osaka Buenos Aires.
La anécdota la contamos muchas veces; Raúl estaba trabajando en la obra de ese restaurante pegando azulejos, cuando se animó a pedirle a José Castro Mendivil, pionero de la cocina nikkei entre nosotros, que le permitiera incorporarse a la cocina. Allí nació un gran chef y se acabó la carrera de Comercio Exterior para el joven llegado que había llegado para estudiar desde su Huancayo natal a los 17 años.
Raúl fue sumando experiencia en Sipán, La Mar, Komyun, y La Catedral del Pisco. También participó de las aperturas internacionales de Sipán en Uruguay y Paraguay.
En 2018, lanzó su primer proyecto personal: Kariñito Nikkei. Se trataba de una experiencia a puertas cerradas, en una terraza del Abasto. Durante la pandemia, la propuesta migró al formato delivery y, en 2022, el emprendimiento tomó forma de restaurante bajo el nombre de Kamay Lounge.
Primera audacia del chef, que se animó a desafiar lo que parecía imposible. Porque el Microcentro porteño, aparecía casi desolado al concluir la pandemia. Allí estuvo con éxito hasta julio de 2025, cuando decidió regresar al barrio más peruano de la ciudad: el Abasto.
A finales de 2022 inauguró Tori Chipchi (Av. Corrientes 3158), la primera pollería peruana de la ciudad, que rápidamente causó sensación. Siempre inquieto y en búsqueda de nuevos formatos, en julio de 2024 Raúl presentó Kuro Neko (Paraguay 831), el primer bar de nori tacos en desembarcar en Buenos Aires (regresando al Microcentro).
El 2 de agosto de 2025, con la reapertura de su primera creación. regresó triunfante al Abasto con Kamay Casa Gardel(Carlos Gardel 3131): el mismo sabor de la cocina criolla peruana con fusión nikkei, ahora desde una óptica renovada.
El nuevo espacio se distingue por su amplitud y versatilidad, como puede advertirse desde la vereda -ambientada con sillones corridos, mesas bajas y vegetación-, hasta el salón principal, donde conviven una atmósfera tropical con murales de hojas gigantes, mobiliario moderno, cocina a la vista e iluminación que realza cada detalle.
Al fondo se suma un patio colorido y arbolado, con una mesa comunitaria y poltronas escultóricas, pintadas a mano por el artista Brian Mayhua López. Como antesala, la fachada de Kamay Casa Gardel sorprende con una pared vidriada que exhibe decenas de toritos de Pucará, piezas de cerámica de la tradición andina que simbolizan prosperidad y protección.
El restaurante cuenta con un aforo de 90 cubiertos, distribuidos en 58 plazas en el salón, 16 en el patio y otras 16 en la vereda.
La carta combina clásicos de la gastronomía del Perú como anticuchos, chicharrones, ceviches, causas y lomo saltado, y platos que reflejan el cruce de influencias y el espíritu creativo de Zorrilla: sushi fusión, chaufa Maido, risotto pachamanquero, pastas llamativas e, inclusive, una burger con sello nikkei.
No faltan clásicos como el cebiche carretillero, con pesca del día en pasta de rocoto, leche de tigre y chicharrón de rabas y chipirones; la causa anticuchera, rellena de tartar de pesca blanca y mayonesa de vieiras con un mix de mariscos a la plancha; el tacu tacu con lomo, con arroz al ajo y porotos canarios crujientes, acompañado de lomo saltado bien jugoso.
La exuberante carta ofrece asimismo anticuchos de corazón; bife o alitas a la parrilla con papas doradas; el Aeropuerto Charapita, con chorizo huachano, cecina y plátano frito, y la pollada (pollo marinado y ahumado en el kamado con papas doradas).
Dentro de las creaciones más originales resaltan el "Chaufa Maido", un arroz salteado al wok con bife, pollo o langostinos, cubierto por una tortilla babé rellena de chorizo huachano; el risotto con salmón pachamanquero al ají amarillo y vino blanco, coronado con salmón en salsa pachamanquera.
Hay también canelones de ají de gallina gratinados con crema y quesos, y coronado con chimichurri andino, y la hamburguesa pachamanquera, con blend de carnes, aderezo pachamanquero (a base de mix de cilantro, perejil y huacatay), queso andino fresco grillado, tomate, lechuga, cebolla caramelizada y papas fritas.
Cuando llegás a los postres, tenés que ser muy goloso para entrarle a la "falsa torta" de chocolate preparada con lúcuma y espuma de suspiro limeño. Kamay Lounge Casa Gardel abre también al mediodía con un menú ejecutivo increíblemente accesible, a $ 15.900, que incluye entrada, principal y bebida, para aprovechar de martes a viernes, de 12:00 a 17:00.
Pero hay un plus único, que es la coctelería. Un carro se acerca a la mesa con variedad de piscos, para que uno elija con cuál de ellos el bartender preparará el Chilcano o el Pisco Sour, además de creativos cócteles de autor.
Algunos de ellos son "Los Recuerdos de mi Abuela", con vodka de mango, ají amarillo y espuma de maracuyá; "Legado Morado", que reinterpreta un postre clásico en clave líquida con lúcuma, pisco y aire de chicha morada, y "La Humita", un sorprendente mix de pisco, anís estrellado, brandy de damasco y cordial de choclo con mantequilla.
Como si esto fuera poco, Kamay produce su propia gaseosa artesanal Pucará, elaborada con ananás, lemongrass, hierba luisa y jengibre.
Kamay Casa Gardel es el regreso a los orígenes de Raúl Zorrilla, en clave renovada. Una casa que celebra la tradición peruana, la fusión nikkei y la pasión por compartir esta cocina que ha encontrado espacio entre nosotros en corto tiempo, ya que dos décadas atrás era prácticamente desconocida.
Nuestra experiencia, elegida por el mismo chef, incluyó el tiradito de langostinos en plancha caliente, bañados en leche de tigre al ají amarillo; la causa acebichada, que incluye además cebiche clásico, chicharrón de chipirones sobre una base de mayonesa de vieiras.
Como principales, el "Pescado cantón", filet de pesca blanca rebozado y frito, bañado en salsa agridulce de tamarindo, con trozos de naranja, ananás y morrón, acompañado de chaufa de vegetales; y el guiso "Capchi", de setas y champiñones con papas andinas, queso fresco, crema de leche y huacatay, finalizados con trozos de salmón y horneado con una masa de hojaldre.
Comenzamos y concluimos con los piscos del carro, mientras el servicio joven y amable, nos terminaba de regalar una experiencia notable.
Dada la calidad del producto, la exuberancia de los platos y la relación precio calidad imbatible, Kamay Lounge Casa Gardel, es altamente recomendable y representa con entera fidelidad el alma de la cocina peruana.
Habrá que ver cuál es el siguiente paso de Raúl Zorrilla, incansable creador y embajador de la gastronomía de su patria a la que tanto debemos (y queremos) los argentinos de bien.
Conocemos a Fernanda Tabares desde hace muchos años. Con intermitencias, hemos asistido a la vieja casona del barrio de Saavedra, donde desarrolla una cocina que ahonda en la infancia, en la cocina casera, en la emoción del recuerdo de lo que nos hacían nuestras abuelas y madres, por qué no también abuelos y padres. Raíces no es un bodegón más, es "el bodegón", donde conviven los platos que ya no son tan habituales o que la chef ha reinterpretado. A continuación, van nuestro comentario y también el de Carla, que pertenece a otra generación como periodista acreditando, además, su identidad peruana. Dos versiones para un mismo lugar.
Casi dos años más tarde, volvimos a Somos Asado. No es una parrilla tradicional ni lo quiere ser: sí un restaurante de carnes con las propias interpretaciones de Gustavo Portela. Por otra parte, la estructura edilicia permitió armar distintos espacios dentro de lo que fuera en su momento una fábrica de camisas del abuelo de Verónica Krichmar, maître del restaurante y esposa del chef.
Cuando la sofisticación gastronómica decide ignorar los protocolos: así nace esta propuesta de "cocina de barrio" y descontracturada de club, destinada a despertar el costado más inquieto de Las Cañitas.