Casi dos años más tarde, volvimos a Somos Asado. No es una parrilla tradicional ni lo quiere ser: sí un restaurante de carnes con las propias interpretaciones de Gustavo Portela. Por otra parte, la estructura edilicia permitió armar distintos espacios dentro de lo que fuera en su momento una fábrica de camisas del abuelo de Verónica Krichmar, maître del restaurante y esposa del chef.
Somos Asado - Dirección: Scalabrini Ortiz 651, Villa Crespo. Teléfono: 011 5834 9324. Horarios: miércoles a sábados desde las 20:00 al cierre. Precio: $$$$. Reservas: https://somosasado.meitre.com/ IG: @somosasado
Podría definirse a Somos Asado como un restaurante con especialidad en carnes maduradas y platos que contienen en varios casos cierta impronta con la culinaria de Medio Oriente.
El chef Gustavo Portela -egresado de la Escuela Gato Dumas-, tiene una larga experiencia en el negocio gastronómico. Su oficio queda de manifiesto cuando llegan los platos a la mesa, porque cualquiera que piense a priori -nombre del lugar mediante-, que se trata de una simple parrilla barrial, estará equivocado de cabo a rabo.
La cocina de Somos Asado, conforma un círculo virtuoso junto con el servicio y la ambientación, esta última también totalmente sui generis. En el manejo del salón (y sus distintos espacios), está Verónica Krichmar, esposa del chef y maître.
Precisamente, el negocio familiar se levantó con esfuerzo en lo que solía ser la fábrica de camisas del abuelo de Verónica. Somos Asado nació en el año 2018, con un reducido salón para 20 cubiertos. Del viejo galpón se mantuvieron los pisos de granito, los pasillos, las puertas de maderas altas y los ventanales.
En nuestra primera visita, comprobamos la versatilidad de las instalaciones. El espacio está dividido en cuatro áreas bien diferenciadas. Al ingresar, los comensales se encuentran con una cámara vidriada, donde descansan las carnes en proceso de maduración. Contigua se ubica la mesa del chef, para diez comensales, que se conecta directamente con la cocina semiabierta.
Hay otra entrada independiente, donde se encuentra el salón con su correspondiente cava dispuesto para más de 30 personas. Más atrás, se ubica un salón galería, dotado con una mesa comunitaria para 10 comensales, y que también sirve de epicentro para encuentros con expositores locales.
Y, por último, al fondo está el patio descubierto para disfrutarlo cuando el clima lo permite, que fue el caso de nuestra última visita.
Otro rasgo distintivo de la casa, es el horno de barro alimentado con leña de quebracho. No hay misterios tampoco, todo es obra del fuego, encenderlo, trasladar aromas y sabores, en síntesis, la esencia de Somos Asado.
Y para certificar todo lo antedicho, bastó llegar a la mesa un plato de chinchulines, para darse cuenta de que hay un trabajo destinado a hacer algo distinto a lo conocido en materia de parrilla.
Portela los sirve con adobo de miel que le da un agradable dulzor a la preparación, más ajo, gochagaru (chile en polvo) y vinagre de arroz negro. Los chinchulines más diferentes que hayamos comido alguna vez (y entre los más ricos).
También probamos el choclo a la parrilla con aioli ajo asado, hierbas frescas y queso casero, y la remolacha al rescoldo con hummus y zaatar. Otras opciones de entradas son el zapallo asado y crema de zapallo con crocante de nuez y dátiles; la provoleta de vaca "nuestra receta", y las empanadas de ossobuco (2 unidades) con salsa llajwa (tomate + chile) y limón.
En el capítulo de achuras, además de los chinchulines, aparecen la salchichita parrillera con salsa harissa, huevo y ajos confitados, y los dumplings de mollejas con adobo picante y ponzu.
En el rubro de las carnes, hay en total nueve variantes para degustar. Nos ofrecieron el tiernísimo y jugoso ojo de bife con maduración de 40 días (350 gramos), que puede pedirse también en su versión XL de 900 gramos, para compartir obviamente. Salió con dos guarniciones: papas fritas "nuestra receta" con mayo de sriracha, ensalada de lechuga capuchina.
A tomar nota de las restantes opciones de carnes: quijada de novillo con huevo soft y polenta blanca; kebbabs de Wagyu con tomate, cebollas, menta, yogur y pan pita: asado al horno de leña 100% orgánico de pastura (700 y 350 gramos); vacío en bifes (500 ó 250 gramos; bife de picaña (350 gramos); T-Bone madurado 40 días (900 gramos), y el ossobuco entero de cocción larga (para 3 o más personas) con papas e hinojos asados. A las guarniciones ya señaladas, se agrega además la batata al rescoldo con labneh y dukkah.
Para el final, se destacan postres como el flan de dulce de leche casero con dulce de leche natural y chantilly; tiramisú affogato con licor de café, crema moka y helado; torta de chocolate y crocante de cacao y avellanas; y el alfajor de "falopa" (que dicen que no podés parar de comerlo).
A veces ofrecen una degustación de asado y vino, en tanto que los domingos hay un menú de asado.
Cuentan con una cava con etiquetas muy bien seleccionadas, separadas según el tipo de elaboración: tintos livianos, de cuerpo intermedio o robustos; rosados; blancos; dulces y, finalmente, las sugerencias del sommelier.
Muy bien la atención recibida. Somos Asado pone en otro nivel el placer de comer la mejor carne del mundo, ya sea por sus métodos de preparación y cocción, como por la presencia de toques de la cocina de Medio Oriente.
Parrillas y lugares de carne hay mucho en la ciudad, por lo que resulta vital diferenciarse del resto. Y eso lo vas encontrar en Somos Asado, aunque la realidad indique que son mucho más que "asado".
Cuando la sofisticación gastronómica decide ignorar los protocolos: así nace esta propuesta de "cocina de barrio" y descontracturada de club, destinada a despertar el costado más inquieto de Las Cañitas.
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